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![]() D5000Características ![]() Punt. usuarios: Tam. sensor: 23,60 x 15,80 mm Máx. res.: 4288 x 2848 p. Factor: 1,50x Pantalla: TFT de 2,70 pulgadas En dos palabras Con vídeo, Live View, pantalla abatible y un CMOS de probada calidad, es a día de hoy la SLR de gama baja más completa Precios No hay precios disponibles Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Nikon D5000 con nuestras 35 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
lunes, 29 de junio de 2009 Nuevos airesLa joven Nikon D5000 es la prueba más clara de que algo ha cambiado definitivamente en la firma nipona, o al menos de que el proceso de renovación que comenzó hace ya tiempo con la D3 ha llegado incluso a los modelos más sencillos. Con nueva denominación y unas prestaciones mucho más completas que sus predecesoras, la D40 y la D60, la nueva D5000 asume el papel de hermana pequeña de la D90 y se presenta como una de las contendientes mejor preparadas en este disputado rango de precios. Aunque la grabación de vídeo -tan limitada como en la D90- o la pantalla abatible serán para muchos un mero gancho comercial, otros verán en el excelente CMOS de 12 megapíxeles una razón suficiente para justificar el nuevo modelo. Adiós al CCD y a las prestaciones capadas que hasta ahora Nikon había empleado para configurar sus SLR más sencillas y asequibles. La recién llegada D5000 marca un punto de inflexión no tanto en el diseño como en una hoja de especificaciones más cercana a la gama media y a su hermana mayor (la D90) que a sus predecesoras.Sin renunciar a la facilidad de uso -una de las claves de la D5000-, las mejoras en el enfoque, la velocidad de disparo o la grabación de vídeo suponen un nuevo aire para esta gama. Una renovación que, eso sí, por ahora hay que pagarla: esta Nikon cuesta casi lo mismo que la D90 y casi el doble que la D60. Prestaciones al día Una de las primeras cosas que sorprende de la D5000 es su extensa lista de novedades, sobre todo si se compara con lo que hasta ahora había ocurrido con las réflex de esta gama, cuyas renovaciones casi siempre merecían el calificativo de menores. Esta SLR, por el contrario, no se limita a cambios externos tan notables como la pantalla LCD abatible, sino que internamente sufre una profunda transformación que va más allá del sensor de imagen. A modo de resumen, frente a la D60, la D5000 apuesta por un CMOS de 12 megapíxeles –con el preceptivo sistema automático de limpieza- en lugar del CCD de 10 millones de puntos empleado hasta ahora. Igualmente, el sistema de enfoque pasa de 3 a 11 puntos –sin motor en el cuerpo, eso sí- y la cadencia de disparo se eleva de 3 a 4 fotogramas por segundo. También el ajuste de sensibilidades va un paso más allá, y Nikon se atreve ahora con valores de 100 a 6400 ISO (forzados incluidos). Y no hay que olvidarse de una de las prestaciones estrella de este modelo: la grabación de vídeo en alta definición a 720p. Manejo asequible Pese a este despliegue de novedades, la D5000 no renuncia a la facilidad de uso. De hecho, aunque externamente la citada pantalla es la encargada de marcar distancias, a la hora de la verdad son los menús y el sistema de control los que nos recuerdan que no estamos ante una D60. El diseño continuista permite que la D5000 herede la práctica totalidad de las buenas ideas plasmadas en los modelos anteriores y que -del mismo modo- no corrija ninguna de sus limitaciones. Con una construcción que consigue disimular con bastante tino el uso del plástico para ofrecer firmeza y seriedad entre las manos, el botón personalizable de función en uno de los laterales de la bayoneta nos sigue pareciendo una brillante idea. Desgraciadamente, nuestros ruegos por una segunda rueda de control frontal o para modificar la posición de la palanca de enfoque –insistentemente localizada en el lugar de peor acceso de la cámara- no han sido escuchados. Pero, volviendo al tema de los menús, la D5000 se enfrenta al siempre complicado reto de contentar a los usuarios más noveles y a aquellos un poco más experimentados. En este caso, ganan la partida los primeros: los menús gráficos, las indicaciones de ayuda y -en general- el manejo propuesto por la cámara vuelven a acercar la fotografía SLR a todos los públicos. Sin embargo, aquellos un poco más experimentado o impacientes puede que necesiten un tiempo para acostumbrarse a una estructura de menús en la que la pulsación de dos botones es casi obligatoria para acceder a la mayoría de funciones, incluidas las más elementales. ¿Pantalla o visor? De todos modos, es el nuevo LCD abatible el que redibuja completamente la ergonomía de esta réflex nikonista hasta situarla –si el usuario así lo desea- más cerca que nunca a la de una compacta. Aunque posiblemente el visor sea nuestra primera elección, no hay que pasar por alto las ventajas de la pantalla abatible, sobre todo a la hora de echar mano de la previsualización Live View en tomas bajas o elevadas. Si bien es cierto que la resolución de este monitor de 2,7 pulgadas se queda, con sus 230.000 píxeles, muy por debajo del de la EOS 500D (3 pulgadas y 920.000 puntos), su capacidad de movimiento vertical es una aportación muy interesante. Además, frente a la cobertura del 95% del visor, el LCD permite encuadrar controlando la totalidad de la escena. No hay que olvidar que son este tipo de detalles –la luminosidad del visor y su cobertura- los que permiten a modelos de gama superior de la firma marcar distancias respecto a esta D5000. Óptica básica, pero estabilizada Otro de los puntos fuertes de la D5000 es su velocidad de disparo, que con 4 fotogramas por segundo, se sitúa ligeramente por encima del resto de modelos de esta gama. Según hemos podido comprobar, esta cadencia se mantiene hasta casi 100 disparos consecutivos trabajando en JPEG, aunque si optamos por el formato RAW, el límite se sitúa en la decena de fotos. El enfoque automático es otro de los grandes avances de este modelos respecto a las D40 y D60. Aunque el motor de enfoque integrado en el cuerpo sigue siendo el gran ausente (sólo los usuarios de ópticas con unos cuantos años o de otras marcas lo echaran de menos), el salto de 3 a 11 puntos de foco se deja notar. Incluso con el sencillo 18-55 mm f3.5-5.6 VR que acompaña a la cámara de serie, el rendimiento del enfoque está por encima de lo que suele ser habitual en este rango de precios. Una buena noticia para compensar los clásicos problemas que esta óptica del kit –como ocurre con la mayoría- presenta al revisar la nitidez en las esquinas, la construcción o el pobre anillo de enfoque manual. Con el estabilizador óptico como punto fuerte, es totalmente recomendable olvidarse de la versión más económica sin este sistema VR y acompañar la D5000 con -al menos- este objetivo. Los usuarios que quieran algo más de tele y estén pensando en usar una sola óptica es posible que encuentren en el Nikkor 18-105 mm f3.5-5.6 DX VR una respuesta sencilla y asequible a su búsqueda. Pese a que su rendimiento tampoco es ninguna maravilla, invertir 100 euros más para hacerse con este zoom en lugar del de 18-55 milímetros puede ser una buena idea. Sin ruido Si sobre el papel la D5000 ya apuntaba maneras con un CMOS muy similar al empleado por la D90 y la D300, basta con revisar las galerías de muestras para corroborar este extremo. Su captor de tamaño APS-C y 12 megapíxeles de resolución ha mostrado un comportamiento extraordinario en lo que a calidad de imagen se refiere. Pasando por alto las citadas limitaciones de las ópticas más sencillas, la cámara ofrece unos archivos JPEG con una rango dinámico, un color y una nitidez que ensalzan la D5000 como referente de su categoría. Tal y como ya pudimos comprobar al compararla con sus máximas competidoras, también al hablar de ruido y calidad de imagen esta Nikon se impone a la EOS 500D de Canon y la Olympus E-620. Con un rango de sensibilidades que se extiende desde 200 hasta 3200 ISO y sendos valores forzados de 100 y 6400 ISO, el control del ruido es ejemplar en todo el rango. Sólo a partir de 1600 ISO y cuando la luz escasea encontraremos rastros de ruido en las imágenes y un ligero retroceso en los capítulos de la nitidez y el rango dinámico. De todos modos, incluso a 6400 ISO el molesto ruido cromático está bastante bien filtrado por el sistema de reducción, que no es especialmente severo con el ruido de luminancia y permite así que el detalle de la imagen no se vea especialmente afectado. Aunque -como decimos- los resultados obtenidos directamente en JPEG son suficientemente buenos, trabajar en RAW permite hacerse con un mayor control sobre el procesamiento de la imagen y estirar un poco más el rango dinámico y la nitidez estándar. También puede ser un buen sistema para controlar con más precisión el balance de blancos automático, que todavía se resiente un poco al enfrentarse con luces combinadas o de tungsteno. Los resultados con fluorescente son –a base de ofrecer incontables opciones, es cierto- muy buenos. Desgraciadamente, para poder explotar todo este potencial las opciones de Nikon View NX se quedan un poco cortas. Recurrir a Capture NX –opcional y de pago- u otros programas será, por tanto, imprescindible si no queremos limitarnos a exportar los archivos de RAW a JPEG. En cualquier caso, los usuarios que no quieran complicarse demasiado con el ordenador también disponen de una batería de herramientas y funciones para aplicar diversos efectos a la imagen en la propia cámara. Vídeo limitado Cómo no, la D5000 también hereda la grabación de vídeo en alta definición a 720p estrenada por la D90. Igual que ocurre en aquella cámara pionera, esta SLR permite registrar secuencias de 1280 x 720 puntos a 24 fotogramas por segundo y con una duración máxima de 5 minutos por archivo. Tampoco hay novedades en lo que a los controles se refiere. Durante la grabación de vídeo, el enfoque automático permanece inactivo y tampoco es posible variar los ajustes de la exposición. El audio, por su parte, es monofónico, y desafortunadamente la D5000 no dispone de una entrada para micrófonos externos. Tal y como puede apreciarse en las muestras realizadas durante la prueba de la D5000, los resultados son bastante decentes teniendo en cuenta que se trata de una mera función accesoria de una cámara cuya misión principal es la fotografía. El buen rendimiento con poca luz y el control de la profundidad de campo –ambos factores gracias al tamaño del sensor- son sus grandes argumentos. Aun así, la falta de fluidez de las tomas con movimiento y el evidente efecto de líneas inclinadas producidas por el llamado “rolling shutter” nos recuerdan que, en lo que a vídeo se refiere, la D5000 está un poco por detrás de la EOS 500D y a años luz de la Lumix DMC-GH1 de Panasonic. Una D90 para todos los públicos La evolución de esta saga de máquinas réflex de Nikon pensadas para el usuario novel asciende con la D5000 a un nuevo estadio. Pese a que las anteriores D40 y D60 habían demostrado una valía más que suficiente para los fotógrafos aficionados (más aún teniendo en cuanta su tamaño, precio y éxito de ventas), la D5000 rehace completamente la hoja de especificaciones para concebir una de las cámaras más competitivas de Nikon. Con las ópticas adecuadas, la calidad de imagen que ofrece la D5000 está a la altura de lo visto en la D90 o incluso la D300. Las diferencias se sitúan en otras variables (construcción, enfoque, visor, etcétera) que a priori no son básicas para este tipo de público ni exigibles por este precio. La cámara también tiene -cómo no- sus puntos débiles. Es, por ejemplo, algo más voluminosa que sus predecesoras y que algunas de sus competidoras. A cambio, su construcción es de lo mejor que ahora mismo puede encontrarse en este segmento. Tampoco el vídeo es ninguna maravilla, aunque bienvenido sea si su presencia no afecta a otros parámetros fotográficos ni al precio. Aun así, es uno de los pocos aspectos en los que la D5000 pierde la partida con su eterna rival, la EOS 500D. Y es que, tal y como demostramos en su momento, esta réflex nikonista se consiguió imponer en casi todas las categorías tanto a la E-620 como a la citada Canon. Sin duda, una tarea complicada teniendo en cuenta que se trata de tres modelos muy similares en prestaciones y llamados a arrasar en los escaparates. Pero no se trata sólo de calidad o de una cuestión de precio. Entre otras cosas porque, por los 750 euros que en estos momentos cuesta esta cámara, es posible conseguir una D90. La clave reside en detalles como la pantalla abatible y –sobre todo- la facilidad de uso. Y es que la D5000 pone al alcance de todos los públicos la potencia y la calidad de modelos muy superiores. TEXTO: Iker Morán FOTOS: Álvaro Méndez |
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