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D50

Características
Punt. usuarios: 4,40317460317461 puntos (las puntuaciones se han elaborado en base a la media de las votaciones efectuadas por los usuarios/as de QUESABESDE.COM)
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Sensor: CCD de 6,10 MP
Tam. sensor: 23,70 x 15,60mm
Máx. res.: 3008 x 2000 p.
Factor: 1,50x
Pantalla: TFT de 2,00 pulgadas
En dos palabras
Aunque su posicionamiento en el mercado resulte un tanto comprometido, la D50 ofrece una muy buena relación calidad-precio
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Análisis
lunes, 01 de agosto de 2005

Reinventar lo inventado

Puesto que la réflex digital para el fotógrafo no profesional ya era un concepto inventado hace tiempo, Nikon ha decidido dar otra vuelta de tuerca. El resultado es la D50, una de las SLR digitales más sencillas del mercado, que aúna un cuerpo y prestaciones totalmente enfocadas al aficionado con una calidad de imagen incuestionable y que, en algunos puntos, podría hacer sonrojar a modelos de gama superior. Sólo el estrecho margen de precio que -por ahora- existe con esas cámaras más contundentes podría ensombrecer el éxito de la D50 en los escaparates.

Aunque al principio despertó no pocas suspicacias, la rápida llegada al mercado de la D50 –hace pocos meses era tan sólo un rumor- ha servido para dejar claro que Nikon aún está en condiciones de protagonizar algún que otro golpe de efecto en el convulsionado panorama fotográfico.

Copyright © 2006 quesabesde.comCopyright © 2006 quesabesde.com

La D50 constituye, no obstante, un malabarismo que a primera vista cuesta interpretar. Si la D70 se planteó en su día como la réflex no profesional de Nikon, la pregunta sería qué papel le toca jugar a la nueva D50 y cuál es el que le corresponde a la renovada D70s.

Si en el caso de las citadas D70 y D70s son muchos los que han optado por darle un uso profesional –la propia marca no ha dudado en plantearla como una cámara perfecta para el reportaje social-, la D50 podría llegar para marcar las nuevas pautas de una réflex que sólo tendría cabida entre los usuarios aficionados y que replantea la lucha con las cámaras de la competencia. Esta vez, sin embargo, no lo haría en la cumbre, sino en la base del mercado.

El tipo de usuario al que va dirigida no se conforma con las prestaciones que le ofrecen las cámaras compactas y quiere recuperar todo aquel juego de las ópticas intercambiables que tenía antes de la irrupción del píxel en el mundo fotográfico.

Pequeña y ligera

Para afianzar esta idea, parece que la receta elegida por los fabricantes es diseñar cuerpos cada vez más ligeros, compactos y –paralelamente- con una apariencia menos contundente. Este proceso, en el que -sin duda- también interviene la reducción de costes para ofrecer modelos más competitivos, tiene en la D50 un buen ejemplo.

Si lo que se pretendía era dar la imagen de una cámara para aficionados, la verdad es que se ha logrado con éxito. Aunque no es ni la más pequeña ni la más ligera, a sus reducidas dimensiones se les une cierta sensación de fragilidad que la cámara transmite entre las manos. Idéntica sensación, eso sí, que la transmitida por cualquiera de los modelos de similares prestaciones de la competencia.

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La construcción plástica del cuerpo tiene mucho que ver con esta primera impresión, aunque, por suerte, se han establecido ciertos límites y la bayoneta sigue siendo metálica.

En el caso del modelo plateado –abocado, seguramente, a un papel secundario-, esta sensación es aún más pronunciada. Aunque sea sólo visualmente, el cuerpo negro siempre ayuda a transmitir un aspecto más vigoroso.

Diseño simplificado

Puesto que la sencillez de manejo ha de ser una de las bazas de este tipo de réflex de gama baja, los mandos se han visto reducidos y simplificados respecto a otras réflex de la propia marca.

El dial principal, situado a la izquierda de la zona superior, ofrece el control sobre los modos de disparo: totalmente automático, programado, manual, prioridades y un total de seis escenas. En el otro extremo, el interruptor principal y el disparador comparten protagonismo con la pantalla de control que muestra todos los ajustes de la toma. Una pantalla en la que, por cierto, se echa en falta algún tipo de iluminación.

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Al alcance del dedo pulgar se encuentra la única rueda de control de la cámara. La desaparición de la frontal, justo debajo del disparador, no supone un gran problema hasta que se selecciona el modo manual. Es entonces cuando para cambiar el diafragma de la óptica hay que combinar el botón situado cerca del disparador –tal y como se indica en el propio cuerpo de la cámara- junto con esta rueda.

El tema se complica si lo que se quiere es compensar la exposición del flash. En este caso es necesaria la combinación de dos botones –compensación del flash y compensación de la exposición- y la citada rueda. Afortunadamente, en ambos casos la distribución de estos botones se ha hecho con cierta lógica y no son necesarios demasiados malabarismos para conseguirlo.

Pantalla sin protector

La parte trasera de la D50 está presidida por una pantalla LCD de 2 pulgadas y 130.000 píxeles de resolución. Exactamente las mismas características que la utilizada por la D70s, con la salvedad de que, en este caso, ha desparecido el práctico protector de pantalla que acompaña a ésta.

La organización de los menús responde a los mismos criterios que sus últimas compañeras de marca: cuatro apartados en los que se reparten todas las opciones de visualización, configuración y opciones personalizables de la cámara.

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La calidad, el balance de blancos y la sensibilidad cuentan con accesos externos que permiten modificar estos valores sin tener que adentrarse en los menús. Sin embargo, no ocurre lo mismo con el sistema de medición de la cámara.

Para seleccionar entre medición matricial, central o puntual es necesario ir hasta la opción 13 de la configuración personal, sin que hayamos descubierto ningún atajo para simplificar esta operación. La pantalla superior, no obstante, sí muestra este dato, junto al tipo de sistema de autofoco seleccionado.

Como es habitual, el visor es más parco en información. La calidad, sensibilidad o balance de blancos de la toma siguen sin mostrarse a través del ocular. Dado que tampoco lo hacen modelos más profesionales, no es de extrañar que la D50 haya optado por esta opción. La buena noticia es que se ha añadido información –superpuesta en un lateral de la imagen- sobre el estado de la tarjeta de memoria y de la batería de la cámara.

Tarjeta SD Card

Una de las características que más llamaba la atención al toparse uno por primera vez con las especificaciones de la D50 era el soporte de grabación de las imágenes. En lugar de la clásica ranura para tarjetas CompactFlash, Nikon había optado por un zócalo para tarjetas SD Card, detalle inédito hasta entonces en las réflex de la marca.

Con la cámara entre las manos, queda claro que la decisión nada tiene que ver con las dimensiones del cuerpo. El espacio lateral donde se ubica la tarjeta, con una accesibilidad envidiable -aunque la trampilla parezca algo frágil-, hubiera sido suficiente para albergar una tarjeta CompactFlash.

Por tanto, la apuesta por el estándar SD Card parece tener más relación con esta idea de afianzar el concepto de réflex no profesional que con cuestiones tecnológicas.

Copyright © 2006 quesabesde.comCopyright © 2006 quesabesde.com

En cualquier caso, el cambio no supone ningún retroceso en la operatividad y velocidad de la cámara. La puesta en marcha y la reacción del obturador al presionar el disparador son inmediatas.

Respecto al disparo en ráfaga, aunque la D50 ha reducido sus prestaciones sigue ofreciendo unas características interesantes: 2,5 fotogramas por segundo, hasta 9 disparos en formato JPEG de máxima calidad, y 3 en RAW, según hemos podido comprobar con una tarjeta estándar. La velocidad del obturador también se ha limitado a 1/4000 segundos en este nuevo modelo.

Si como ya se ha comentado la localización de la ranura de la tarjeta y el acceso a la misma merecen alguna alabanza, no ocurre lo mismo con la batería.

Situada en la base de la cámara, la extracción de la batería una vez abierta la trampilla tiende a resistirse al primer intento. Además, nos ha llamado la atención la diferencia respecto a la mayor autonomía que brindan las nuevas baterías empleadas en la D70s respecto a la que incorpora esta D50.

Menos ruido

La calidad general de imagen que ofrece la D50 ofrece pocos resquicios a la crítica, sobre todo si se tiene en cuenta que se trata de un modelo no profesional.

Dicho esto, sí hay algunos aspectos relativos al rendimiento del sensor y el procesador de la cámara que merece la pena destacar. La sensibilidad y el nivel de ruido de las fotografías, por ejemplo, es uno de los puntos más conseguidos en este modelo.

Así, en comparación con su hermana mayor, las imágenes obtenidas a 1600 ISO por la D50 mejoran sensiblemente los niveles de la D70s. Ni que decir tiene que en la inmensa mayoría de las situaciones y en valores inferiores, los resultados son idénticos o, por lo menos, las diferencias son casi inapreciables.

Copyright © 2006 quesabesde.comCopyright © 2006 quesabesde.com

La gama de sensibilidades, por cierto, sólo cuenta con cuatro valores absolutos (200, 400, 800 y 1600 ISO), a diferencia de la escala de la D70s, con diferencias de 1/3 EV entre cada uno de los ajustes disponibles.

La cuestión es, por tanto, si Nikon ha optado por utilizar un nuevo sensor o las modificaciones se han realizado a la hora de procesar la imagen. Sea como fuere, al observar con detenimiento las fotografías capturadas por la D50 sí se puede apreciar algo menos de detalle no ya que en modelos de más resolución, como la Canon EOS 350D, de 8 megapíxeles, sino también que en la propia D70s, de 6 megapíxeles.

Lo mismo ocurre con la nitidez de las imágenes. Aunque en la pantalla LCD las fotografías lucen un enfoque aparentemente perfecto –incluso a veces parece que excesivo-, al abrir las imágenes éstas carecen -en algunos casos- de ese punto de nitidez al que Nikon nos tiene acostumbrados. Todo ello hacer pensar que el mismo procesado capaz de eliminar más ruido también se podría llevar por delante parte de la información de las imágenes.

Nos tememos, por otro lado, que la llegada de la nueva cámara no ha sido aprovechada para subsanar los ya clásicos problemas vinculados al balance de blancos en algunas tomas. Si bien es cierto que con luz diurna el modo automático funciona a la perfección –en ocasiones, incluso mejor que el propio parámetro establecido-, no ocurre lo mismo al enfrentarse con escenas con luz fluorescente o incandescente.

Otro detalle a tener en cuenta es que el modo de color preestablecido en la D50 es el sRGB IIIa, que ofrece colores más vivos y saturados –está pensado para tomas de paisaje y naturaleza- que el modo que aparece como estándar en el resto de réflex digitales de Nikon. La solución para aquellos que prefieran tonos más reales no tiene demasiado misterio: basta con acceder al menú “Optimizar imagen” y seleccionar allí otro modo de color.

Objetivo sencillo

La presentación oficial de la D50 llegó acompañada de dos nuevas ópticas pertenecientes a la serie DX de Nikon. Se trata de un 18-55 mm y un 55-200 mm que por sus prestaciones y precio parecen claramente orientados hacia el mercado aficionado y como complementos perfectos de este cuerpo.

El objetivo 18-55 mm f3.5-5.6 DX responde al pie de la letra a las características clásicas de una óptica sencilla que, aunque pueda presumir de una relación calidad-precio aceptable, padece algunas de las limitaciones más típicas.

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Más allá de la discreta luminosidad y de las interesantes focales una vez aplicado el factor de multiplicación focal (27-82 mm, aproximadamente) la construcción de la óptica deja bien claro el uso al que está destinada. Compacta y ligera, al igual que similares propuestas de otras marcas, cuenta con un sistema de enfoque rápido y preciso.

Como es habitual entre las de su clase, el anillo de enfoque manual es más decorativo que práctico. Se trata de un mando tan poco ergonómico como el conmutador de los modos de enfoque automático y manual situado en el lateral del cuerpo, a la izquierda de la montura.

Respecto a las limitaciones, los conocidos halos púrpuras aparecen con insistente frecuencia en cualquier imagen que conlleve fuertes contrastes o contraluces. Y lo mismo ocurre con el oscurecimiento en los bordes de la imagen y la pérdida de calidad según nos alejamos del centro de la óptica.

También hay que reseñar que, aunque la cámara presenta un buen rango dinámico capaz de adaptarse a situaciones con una pronunciada diferencia de iluminación, se ha podido detectar un efecto de “blooming” –muy escandaloso, por cierto- en aquellos contraluces más extremos, en los que el sol se cuela directamente en la imagen.

Buen trabajo

Pequeños problemas y comparaciones aparte, pocas dudas caben de que Nikon ha hecho un buen trabajo a la hora de diseñar y plantear su D50. La máquina representa un nuevo puente de entrada -como el que en su día fue la casi homónima F50- a la fotografía con mayúsculas. En combinación con una buena óptica, la D50 será capaz de ofrecer toda la calidad –e incluso más- que la que cualquier aficionado vaya a necesitar.

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Como ya decíamos al principio, el único freno que Nikon podría encontrar a lo que puede ser un magistral golpe de efecto en los escaparates es el precio de salida de la D50 en comparación con otros modelos de la competencia. Y sobre todo, y aunque parezca contradictorio, con modelos propios de diseño y prestaciones más avanzadas.

TEXTO: Iker Morán

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