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![]() D40Características ![]() Punt. usuarios: Tam. sensor: 23,70 x 15,60mm Máx. res.: 3008 x 2000 p. Factor: 1,50x Pantalla: TFT de 2,50 pulgadas En dos palabras La réflex más asequible del momento ofrece practicidad y calidad, aunque recorta -lógicamente- algunas prestaciones Precios Mejor precio: 365 €Ver precios Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Nikon D40 con nuestras 36 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
martes, 20 de febrero de 2007 Para todos los bolsillosLe faltaba a Nikon una cámara como la D40. Una réflex para muy aficionados, para los que no quieren complicarse. Una cámara como la D50, pero aún más barata. Y parece que la elección ha sido buena. Mas allá del precio -sí, esperábamos que incluso fuera algo más asequible-, la D40 no se pliega a la dictadura del megapíxel, ofrece un funcionamiento poco complejo y se saca de la chistera un sistema de enfoque que levantará pasiones y críticas a partes iguales. Bienvenida sea. La Nikon D40 es, a grandes rasgos, la réflex digital para los aficionados más aficionados del mundo aficionado. El primer peldaño que se ha de andar si se quiere empezar a navegar por el mundo SLR sin hipotecar la cartera.Echando mano del pasado, resulta bastante sencillo definir al público potencial de la D40: los mismos que en su día se compraron una F50 -una réflex de película, ¿recuerdan?- o algún modelo similar y apenas sabían manejarla ni se plantearon nunca cambiar de objetivo. Pero sencillez de uso o manejo limitado ya no son sinónimos de mala calidad. La D40 tiene carencias que prácticamente la descartan como segundo cuerpo para fotógrafos semiprofesionales o profesionales, pero ofrece calidad -sin duda alguna- para satisfacer a quienes buscan un modelo sencillo y más versátil que esas compactas de gama alta. La D40 viene equipada de serie con un modestísimo 18-55 mm f3.5-5.6 AF-S DX, objetivo con el que se ha realizado este análisis. Diseñada para la ocasión, se trata de una óptica adecuada para aquellos aficionados más preocupados por la gama focal que por la calidad o la luminosidad. Miniaturizando lo pequeño De tamaño muy reducido -es algo inferior en dimensiones y peso que la Canon EOS 400D-, la D40 se empuña con relativa facilidad y comodidad. No obstante, ese tamaño tan ajustado puede resultar incómodo para las manos más grandes. Es una lástima que no exista -al menos por el momento- una empuñadura vertical opcional para favorecer la ejecución de ciertos encuadres. El diseño tiene en cuenta, como no podía ser menos en una réflex para aficionados, la sencillez de manejo. Precisamente por eso, los mandos son escasos y cuentan con una acertada disposición en la orografía de este modelo nikonista. Un reparto que -todo hay que decirlo- se ha fijado mucho en experiencias anteriores de la marca. El acierto era, por tanto, inexcusable. Pero, como ocurre en todos los modelos de gama baja, se ha de prescindir de ciertos aspectos para no excederse con el precio. La ausencia de muchos accesos directos, la integración de un segundo dial de control -el que normalmente se usa para cambiar diafragmas- o la falta de motor de enfoque -que luego abordaremos- son el precio pagado en esta ocasión. La D40 cuenta con un dial de modos en la parte superior, muy próximo al disparador. Un pequeño joystick en la parte derecha de la pantalla se encarga de navegar por los menús y activar algunas funciones, mientras que una serie de botones al lado izquierdo de la pantalla permiten activar -entre otras cosas- la revisión de imágenes o el menú. El botón de bloqueo del enfoque y la exposición, por su parte, está perfectamente ubicado cerca del visor, por lo que se pulsa muy cómodamente con el pulgar sin necesidad de realizar posturas forzadas. Barata calidad Como decíamos al principio, ajuste de precio no es sinónimo de baja calidad, y la pantalla de la D40 se encarga de demostrarlo. Más allá de unos cómodos menús -con imágenes de ejemplo, ayuda y múltiple información adicional-, la pantalla trasera cumple dos funciones. La primera es la clásica visualización de las tomas grabadas, que se realiza con nitidez y calidad, ofreciendo colores reales y una gradación de tonos excelente, con un amplio ángulo de visión. La segunda función es la de panel informativo. Dado que la D40 no cuenta con otro monitor de referencia, utiliza la pantalla principal como LCD de datos en el que observar, de un vistazo, la información de disparo más relevante. La pantalla, de 2,5 pulgadas y 230.000 puntos de resolución, muestra todos los datos necesarios para hacer una foto: desde la velocidad de obturación hasta la sensibilidad, pasando por la calidad del archivo o el punto de enfoque. También incorpora una ilustrativa representación gráfica del diafragma, que ayuda a los más novatos a entender la relación entre el número F y la cantidad de luz que llega al sensor. Como punto negativo, sí hemos observado una cierta lentitud al navegar por los menús. Así, pasar de un menú a otro o cambiar un valor no es instantáneo. En ocasiones, al menos en el modelo probado, tampoco los cambios realizados en un menú se han hecho efectivos a la primera. Detalles que hacen que la navegación por las funciones y ajustes pueda llegar a resultar algo tediosa. Y hablando de la pantalla, un aviso para los navegantes menos avezados: con la D40, como con prácticamente todas las réflex del momento, no es posible previsualizar la toma en el monitor TFT. Un enfoque que dará que hablar Uno de los aspectos más conocidos de la D40 es su peculiar sistema de enfoque. O hablando con propiedad, su inexistente sistema de enfoque. Y es que la cámara utiliza la tecnología Silent Wave Motor (SWM) de los objetivos más modernos -no necesariamente los más caros- para enfocar. Nikon ha logrado así reducir no sólo el volumen de la cámara, sino también su coste de producción. La consecuencia inevitable de esta particularidad es que resulta imposible utilizar el enfoque automático al emplear objetivos carentes de SWM, por lo que habrá que olvidarse de piezas tan interesantes como el 50 mm f1.8 o el increíblemente útil -y caro- 20 mm f2.8. Además, tampoco los objetivos sin CPU rinden al 100%. ¿Limita esta característica a la cámara? Sí y no. Evidentemente, no poder exprimir la amplia gama de objetivos nikonistas es algo que deja un mal sabor de boca. Uno nunca sabe con qué ópticas va a acabar dentro de un año, y sería una lástima hacerse con un buen objetivo "antiguo" y no poder utilizar todas sus posibilidades. No obstante, ¿cuántos de los potenciales usuarios de la D40 cuentan con objetivos sin SWM que merezcan la pena? Y más aún, ¿qué compradores de este modelo harán una inversión adicional en ópticas? A cambio de esta característica, el precio es la mejor baza de la D40. Aun estando lejos de un hipotético modelo equivalente de carrete, es ya bastante más accesible que los más de 2.000 euros que costaba cualquier plástico en forma de cámara réflex hace unos años. Tan réflex como la que más Las herramientas de trabajo de la D40 no son distintas a las del resto de réflex digitales. Manteniendo los habituales modos manuales, los automatismos y las prioridades, el último querubín nikonista incluye -como es ya norma en las SLR de gama baja- programas creativos para fotografía de retrato, paisaje o alta velocidad. Destaca asimismo el disparo en ráfaga, más por su duración que por su velocidad. Así, los modestos 2,5 fotogramas por segundo pueden prolongarse durante 100 disparos en formato JPEG. Traducido a la práctica, el disparo parece realmente interminable. Si se prefiere disparar en RAW, la ráfaga queda limitada a 5 tomas consecutivas. Del mismo modo, aunque la D40 permite grabar simultáneamente en estos dos formatos (RAW y JPEG), este último tiene que estar en el modo "basic", es decir, con el nivel de compresión más alta. Y es que resulta inevitable que la D40 tenga que pagar el precio de la sencillez. La inexistencia de una segunda rueda de control, por ejemplo, se hace notar especialmente a la hora de cambiar los valores de diafragma. Esta operación requiere inexcusablemente de la pulsación de un botón y el inmediato giro de la rueda principal (y única). Así pues, en según qué situaciones, el cambio manual de este parámetro resulta un poco tedioso. La imagen final, grabada en tarjetas SD Card o MMC, tiene un tamaño máximo de 3008 x 2000 puntos, y se obtiene en los formatos JPEG o RAW a partir de un sensor de 6 megapíxeles. Ni que decir tiene que su tamaño sigue respetando el formato DX de Nikon, y que ello implica un factor de multiplicación de 1,5x. Las opciones de personalización de la imagen son considerables y están concebidas para aquellos usuarios que no quieran pasar muchas horas delante del ordenador. La D40, en este sentido, permite elegir varias combinaciones de saturación, nitidez, contraste... En cualquier caso, y tomando los ajustes por defecto -a fin de cuentas, serán los que la mayoría de usuarios utilicen-, las imágenes digitales generadas por esta cámara gozan de buena nitidez, un color adecuado y ligeramente contrastado -suponemos que por aquello de su orientación al público novato- y un rango dinámico suficiente para el más exigente de los aficionados. Golpe de silencio Con una escala de sensibilidades que va de 200 a 1600 ISO -además de un valor sin calibrar de 3200 ISO- y la contenida resolución de 6 megapíxeles, cabría esperar un buen comportamiento de la D40 en cuanto al ruido electrónico. Y así es. La D40 puede presumir de unos niveles de ruido electrónico mínimos, que se sitúan a la par de modelos de Canon -marca de referencia en lo que a ruido bajo se refiere-, incluso en sensibilidades superiores a los 1000 ISO. La nitidez, eso sí, se resiente ligeramente al utilizar estas sensibilidades extremas, debido posiblemente al uso de sistemas de reducción de ruido. Luz artificial no, gracias El balance de blancos, por su parte, no es la asignatura que mejor resuelve esta D40. De hecho, rinde de forma bastante pobre en aquellas escenas tocadas con luces de fluorescente o tungsteno. Especialmente mejorable es el funcionamiento con luces de tungsteno. No obstante, este problema se puede paliar utilizando el ajuste fino que cada modo de balance incorpora. Una pena que no incluya esta Nikon un selector de grados Kelvin, aunque probablemente no supondrá ésta una gran preocupación para los usuarios a la que va dirigida. Como ya hemos comentado, la ausencia de motor de enfoque es uno de los puntos clave de la D40. Más allá de esta peculiaridad técnica, esta réflex llega con sólo 3 puntos de enfoque que, sin embargo, muestran un comportamiento suficientemente rápido y preciso para el aficionado. Hay que insistir una vez más, eso sí, en que los objetivos no equipados con motor de enfoque sólo pueden enfocar de forma manual. Un dato positivo al que últimamente se le concedía poca importancia es la lámpara de ayuda al autofoco. En la D40 no se usa el flash de tipo pop-up como en otros modelos, sino una pequeña lámpara blanca, potente y muy útil. A ojos vista El visor réflex es bastante luminoso, aunque ofrece una información de disparo bastante escueta. Carece, como en tantos otros cuerpos de gama superior, de información sobre la sensibilidad o el balance de blancos seleccionado. El flash, por su parte, es bastante útil, con un tiempo de reciclaje correcto y un alcance adecuado. Es decir, como el 90% de los flashes del mismo estilo. Se puede liberar manualmente, si es necesario, aunque en algunos modos de disparo se despliega automáticamente. La batería -que no puede emplearse en ninguna réflex nikonista precedente- muestra un comportamiento realmente destacable. Basta con decir que durante varios días de prueba no ha sido necesario visitar el cargador. Después de más de 650 disparos, sin economizar uso de pantalla o flash, el indicador de carga restante no daba muestras de flaqueza. A por los aficionados Que en la fotografía SLR para aficionados -tanto en las ópticas como en los cuerpos- reside uno de los futuros más rentables del negocio fotográfico no es ninguna novedad. La entrada en este segmento de nuevas marcas y la apuesta por las réflex más sencillas son la prueba más evidente de esta tendencia. La D40 supone un paso más allá. Si hasta hace poco la moda era que las compactas plantaran cara a las SLR, ahora son las cámaras de ópticas intercambiables las que reducen su listón económico para popularizarse. La relativamente baja resolución -más que suficiente- y la ausencia de motor de enfoque en el cuerpo podrían ser sus talones de Aquiles comerciales en el escaparate. Habrá que ver si criterios tan aplastantes como el precio, la practicidad de la que llega investida y la calidad que brinda consiguen imponerse a las zancadillas del marketing. A la espera de ver la reacción de la competencia -¿se atreverá alguien a rebajar la frontera de los 500 euros?-, la D40 no es sólo el peaje más económico para dar el salto de las compactas a las réflex, sino la excusa perfecta para los aficionados que quieran dar este paso. TEXTO: Eduardo Parra |
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