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![]() D300Características ![]() Punt. usuarios: Tam. sensor: 23,60 x 15,80mm Máx. res.: 4288 x 2848 p. Factor: 1,50x Pantalla: TFT de 3,00 pulgadas En dos palabras Con muchas virtudes y pocos defectos, la D300 es la réflex digital de Nikon que muestra un mayor equilibrio entre precio y prestaciones Precios Mejor precio: 1329 €Ver precios Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Nikon D300 con nuestras 42 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
martes, 01 de abril de 2008 La otra Nikon profesionalPresentada el pasado verano junto a la D3, la D300 ha ocupado un segundo plano en el escaparate de Nikon que, en otra coyuntura, hubiera sabido a poco. Concebida como hermana pequeña de la primera o relevo generacional de la D200, esta joven SLR se mantiene fiel al formato DX de la firma e incorpora mejoras suficientes para convertirse en un claro referente en su segmento. Ligeramente más cara que la competencia, la gestión de las sensibilidades más altas, el excelente rango dinámico y uno de los mejores sistemas de enfoque automático del momento la convierten en una todoterreno idónea para multitud de usos profesionales. Partiendo de una buena base como la D200 y sumándole nuevas y mejoradas prestaciones, es lógico que el resultado final roce la excelencia. Éste es el caso de la Nikon D300, que toma el relevo de aquella SLR y se sitúa un peldaño por debajo de la D3, manteniendo de paso la apuesta de la compañía japonesa por el formato DX, que durante tantos años ha defendido como la única vía.Asistimos a su nacimiento en Tokio y hemos seguido desde entonces sus peripecias por diversas ferias internacionales, hasta el desembarco de las primeras unidades en España. Una vez en nuestras manos, hemos podido probarla con diversos objetivos: el polivalente Nikkor 18-200 mm f3.5-5.6 DX VR, el flamante Nikkor 17-55 mm f2.8 DX y el interesante Sigma 18-200 mm f3.5-6.3 OS HSM. Harían falta muchos meses para conocer todos y cada uno de los detalles y opciones de una cámara como ésta, pero el compendio de las pruebas hasta aquí realizadas -incluso nos hemos atrevido, armados con ella, a ejercer de fotógrafos en una boda- nos permiten tener ya una visión clara y amplia de lo que este modelo es capaz. Sin grandes saltos Aunque no se trata de una de las renovaciones más espectaculares de Nikon -el diseño, como veremos, es muy similar al de la D200-, lo cierto es que las especificaciones de la D300 marcan un punto de inflexión en relación al modelo que la precede. Si bien el salto de 10 a 12 megapíxeles no es gigantesco, mucho más significativa es la sustitución del sensor CCD utilizado hasta ahora por Nikon en esta saga por otro de tipo CMOS. Destacan además el nuevo sistema de enfoque automático y un par de estrenos de la firma: su primer mecanismo de limpieza del sensor y su primer sistema de previsualización Live View. No obstante la renovación de la hoja de especificaciones, los usuarios de la D200 no notarán un gran salto de diseño al tener la D300 en las manos. Continuista con respecto a su antecesora, esta SLR mantiene la esencia de aquel modelo tanto en sus formas como en la distribución de la mayoría de los mandos. Los acabados, eso sí, se han mejorado -cabe confiar por tanto en la optimización de su resistencia-, y es de agradecer que las tapas de las conexiones estén ahora ancladas en el cuerpo. Con un agarre excepcional, hay que irse a los detalles para buscarle las cosquillas a la ergonomía de la D300. Algunos de estos defectos son heredados (como la incómoda posición del mando encargado de seleccionar el modo de enfoque como simple, continuo o manual). Otros, como la escasa accesibilidad de la activación del sistema Live View, los estrena esta D300. Puestos a hurgar en los detalles -a falta de errores de bulto-, nos da la impresión de que el giro para la compensación de la exposición y el flash se realiza en el sentido contrario al que el usuario espera. Cuestión de acostumbrarse o de investigar si existe la posibilidad de personalizar también este ajuste. 920.000 puntos de previsualización Una de las novedades de la D300 que más rápidamente saltan a la vista es su monitor de 3 pulgadas. Idéntico al empleado por la D3 (y aparentemente también al de la Sony A700), no sorprende tanto su generosa diagonal como la resolución conseguida: 920.000 puntos. ¿Aporta algo este dato que triplica la resolución habitual ofrecida por las pantallas de la mayoría de las cámaras? Sin duda. De entrada, la calidad de las imágenes a la hora de revisarlas en la propia cámara sale ganando. Como ya comentamos en su día, al comparar la D300 con otros modelos, basta situar su pantalla al lado de la de otra cámara y ampliar una zona de la imagen para comprobar la diferencia. Más interesante aún resulta comprobar lo que ocurre al trabajar con la previsualización en pantalla Live View. Un apartado en el que, a pesar de llegar más tarde que muchas marcas de la competencia, Nikon se marcó un buen punto a su favor al ser la primera en ofrecer un sistema de enfoque por contraste que no requiere movimientos de espejo. De nombre "modo trípode", a pesar de que por su velocidad y precisión no es ni mucho menos comparable con el sistema tradicional (como tampoco con el enfoque por contraste que poco después ofrecería la Panasonic Lumix DMC-L10 ni con el nuevo sistema de la Sony A350), supuso en su momento un interesante golpe de efecto. Si optamos por trabajar con el sistema de enfoque tradicional del Live View, pese a su poca agilidad, hay que reconocer que la D300 ejecuta con bastante celeridad estos movimientos de espejo. Sería de agradecer, eso sí, que tras el disparo no fuera necesario volver a pulsar el disparador para recuperar la previsualización en pantalla. En cualquier caso, es al encuadrar por medio del LCD y ampliar una zona de la imagen para -por ejemplo- comprobar el foco o ajustarlo manualmente cuando esos 920.000 píxeles superan con creces lo ofrecido por el resto de las pantallas del mercado. Un punto más para esta D300. Nuevas carencias Más allá de su excelente calidad, al monitor de la D300 le toca estrenar un nuevo apartado dedicado a aquellas prestaciones que hace no mucho eran extraordinarias pero cuya ausencia cobra relevancia ahora que son cada vez más habituales. Efectivamente, disponer de una pantalla móvil no es un requisito indispensable. De hecho, hace sólo un año pedir esta función en una SLR con visos profesionales hubiera sido tildado de poco menos que una locura. Pero el mercado no para. Instaurada ya definitivamente la previsualización en pantalla en la inmensa mayoría de las réflex (tampoco esta tecnología parecía indispensable y ahora casi todas la tienen), la Olympus E-3 ha acercado la movilidad de la pantalla al segmento profesional y las Sony A300 y A350 han hecho lo propio -en este caso, sus monitores son basculantes- a las SLR más asequibles. Así que, puestos a exigir, la excelente pantalla de la D300 -y el sistema de previsualización- ganaría muchos puntos si ofreciera esta posibilidad de movimiento. Algo similar ocurre con la estabilización. Nikon, igual que Canon, sigue apostando por la estabilización óptica de los objetivos en lugar de integrarla en el cuerpo de la cámara. Además de que en la mayoría de los modelos los resultados de este mecanismo han demostrado que está por encima de la estabilización mecánica, hay un dato incuestionable: la opción de Sony, Pentax u Olympus es más económica. Es cierto que la gama de objetivos estabilizados de Nikon es cada vez mayor y que basta optar por un Nikkor de 18-200 milímetros con tecnología VR para disponer ya de las ventajas de este mecanismo. Sin embargo, nos podemos encontrar en una situación un tanto paradójica: tras pagar unos 1.500 euros por el cuerpo de la D300 y otros tantos por el excelente zoom Nikkor 17-55 mm f2.8 DX, nos quedamos con un equipo desprovisto de estabilización. Sin duda, un aspecto que tiene que tener muy en cuenta Nikon a la hora de acometer futuras renovaciones de su catálogo de ópticas. 3200 ISO Como decíamos, más notable en cuanto a resolución que el salto de los 10 a los 12 megapíxeles es la apuesta por un sensor de tipo CMOS. Un cambio que se deja notar tanto en la velocidad y agilidad de la cámara como en los resultados al trabajar con sensibilidades altas. Así, la D300 ofrece una ráfaga de 6 fotogramas por segundo que se sitúa ligeramente por debajo de los 6,5 que ofrece la Canon EOS 40D. Y aun en el caso de que esta cadencia se quede corta, puede ampliarse hasta los 8 fotogramas por segundo recurriendo a la empuñadura opcional. En cualquier caso, el límite de la ráfaga se sitúa en torno a los 100 disparos en JPEG y a unos 17 en RAW. No hay que olvidar, por cierto, que además de estos dos clásicos formatos, Nikon se mantiene fiel al ya casi desaparecido TIFF. De este modo, la D300 es una de las pocas SLR actuales que aún permite guardar las capturas en estos ficheros sin compresión. Si en lo que a velocidad de disparo se refiere la D300 no marca grandes distancias con respecto a la competencia, sí lo consigue con el enfoque y con las sensibilidades. Así, el nuevo motor de enfoque de 51 puntos (idéntico al de la D3) se coloca a la cabeza en su género. O al menos sobre el papel. Según las pruebas realizadas, sólo el enfoque de la Olympus E-3 (de 11 puntos, eso sí) en combinación con los nuevos objetivos Zuiko con motor ultrasónico SWD puede seguirle la pista. O al menos en este segmento. Más clara es la superioridad de la D300 en lo que se refiere a la sensibilidad. Con ajustes calibrados entre 200 y 3200 ISO y sendos forzados a 100 y 6400 ISO, esta réflex se impone palmariamente a la competencia. Incluso la Sony A700, que incorpora un sensor CMOS de idénticas especificaciones, se queda por detrás a causa de un procesamiento de imagen más agresivo que resta nitidez y detalle a las imágenes tras "limpiar" parte del ruido. Tal y como se puede apreciar en las muestras, la D300 ofrece unos resultados que en la mayoría de los casos serán utilizables incluso a 3200 ISO. Lógicamente, el ruido de luminancia está presente en estos ajustes más extremos. Sin embargo, la casi nula presencia de ruido cromático confiere a la fotografía un aspecto mucho más agradable y no se sacrifica el detalle o la nitidez del archivo, lo que es más importante. Luces bajo control Otra prueba del buen trabajo realizado por los ingenieros de Nikon para sacar todo el provecho de este nuevo sensor CMOS de 12 megapíxeles es el rango dinámico que ofrece la cámara. Un aspecto que se traduce sobre todo en el control que la D300 -apoyada en un estupendo sistema de medición- ejerce sobre las luces más altas de la imagen. Si se pretende estirar aún más estos valores, el sistema D-Lighting (que ha pasado ahora a ser "activo" en la captura y no un simple retoque de posproducción) puede ayudar a recuperar algo de información de las sombras de la imagen. Pero, tal y como se puede apreciar en las muestras, se trata más bien de un ajuste de curvas de la imagen que de una expansión real del rango dinámico del sensor. Si bien capturar en RAW -el programa Nikon Capture NX acompaña a la cámara, como amablemente nos indicaron varios usuarios tras la publicación de nuestras primeras pruebas- ofrece un plus de calidad y control de la imagen, los resultados ofrecidos en JPEG no desmerecen en absoluto. En este sentido, la nitidez estándar que ofrece la cámara (correspondiente al ajuste 4 de los 9 que ofrece) mejora con respecto a modelos anteriores de Nikon, pero puede quedarse aún algo corta en ciertas situaciones. La solución no puede ser más sencilla: elevar uno o dos puntos este control. En cuanto al balance de blancos, también son apreciables las mejoras en lo que a las luces artificiales se refiere. Aun cuando el ajuste automático en entornos de fluorescente o tungsteno sigue sin ser fiable al 100%, se sitúa por encima de la media. Nos ha sorprendido la cantidad de ajustes preestablecidos para estas situaciones, y la verdad es que contar con nada menos que siete valores diferentes para luces fluorescentes puede complicar un poco la elección del más adecuado. Mención aparte merece la batería de la D300. A su increíble autonomía de casi 1.000 fotos -sin flash ni Live View, eso sí-, hay que añadirle el excelente sistema de información sobre el porcentaje de carga disponible. Todoterreno Bajo el manto del actual modelo estrella de la marca, la D300 puede asumir a la perfección el papel de hermana menor de la D3, redibujando el concepto de profesionalidad para aquéllos que por cuestión de peso o dinero no quieran o puedan hacerse con un cuerpo de mayor calibre. Del mismo modo, la huella de la D200 queda impresa en el diseño y en muchas prestaciones. El salto de un modelo a otro no es gigantesco, pero la gestión del ruido y el nuevo sistema de enfoque marcan la frontera entre ambos. ¿Es suficiente para justificar la renovación? Depende del uso y la amortización que le demos, lógicamente. Cierto que no es tan rápida como la D3 ni es capaz de llegar a 6400 ISO con los increíbles resultados de ésta. Por el contrario, la D300 tiene la virtud que les suele faltar a los buques insignia de las marcas: la polivalencia y la capacidad de adaptarse a las condiciones de los más diversos trabajos. El nuevo sistema de limpieza, que ha demostrado no ser del todo eficaz, y la necesidad de hacerse con una óptica estabilizada son posiblemente los dos únicos reproches que se le pueden echar en cara. Por lo demás, pocas duda cabe tener de que nos encontramos ante la réflex digital más equilibrada entre precio, tamaño y prestaciones desarrollada hasta ahora por Nikon. Lo tiene todo. O casi todo: desde los últimos avances del sector (la previsualización Live View, el sistema de limpieza del sensor e incluso un puerto HDMI) hasta las prestaciones que cabe esperar de un modelo profesional, como la conexión Wi-Fi opcional y el control de flashes inalámbricos. ¿Es la D300 la mejor de su clase? Complicada pregunta en la que la intervención de tantos y tan variados factores (presupuesto, aplicaciones, ópticas, prioridades del profesional) nos obliga a desconfiar de las respuestas categóricas. De lo que no hay duda es de que medir en una balanza sus numerosas virtudes y sus pequeños defectos arroja un resultado sencillamente soberbio. TEXTO: Iker Morán |
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