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Coolpix S10

Características
Punt. usuarios: 3,95384615384615 puntos (las puntuaciones se han elaborado en base a la media de las votaciones efectuadas por los usuarios/as de QUESABESDE.COM)
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Sensor: CCD de 6,00 MP
Máx. res.: 2816 x 2112 p.
Objetivo (35 mm): 38,0-380,0mm
Zoom: 10x (óptico)
En dos palabras
El diseño de cuerpo partido recobra fuerza en esta S10, que complementa su zoom de 10x con un estabilizador VR
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Muestras
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Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Nikon Coolpix S10 con nuestras 36 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.

Análisis
martes, 24 de abril de 2007

Cuerpo partido, opinión dividida

Con una capa de pintura y una buena operación de estética -amén de una importante renovación interna-, la Coolpix S10 bebe de las fuentes de las primeras compactas nikonistas de cuerpo partido. Relevo natural de la S4, esta nueva cámara llega equipada con un zoom equivalente a 38-380 milímetros con estabilización VR de la casa, un modo de enfoque con prioridad al rostro y una pantalla de 2,5 pulgadas. Con semejante elenco de prestaciones, lo de menos es la resolución.

La Coolpix S10 no se anda con rodeos. Su particular estética, su sistema de estabilización VR y el enfoque con prioridad al rostro son los elementos principales de cara al hipotético comprador. La renovación respecto a la Coolpix S4 es, por tanto, bastante limitada y afecta sobre todo al tema de la estabilización.

Con una resolución moderada (6 megapíxeles son una cantidad más que correcta, aunque hoy ya no sorprenden), esta Coolpix se vende por los ojos. Ofrece una estética poco corriente -aunque no innovadora-, un zoom potente y un manejo apto para los usuarios más noveles.

Se trata, en suma, de una nueva perita en dulce para los amantes de los zooms extremos de bolsillo.

Sin complicaciones

Adelantamos ya que ésta es una cámara para los que prefieran dejarse llevar por los automatismos. La S10 apenas ofrece opciones manuales para su control, por lo que cualquier usuario gustoso de trastear con obturaciones y diafragmas la aburrirá pronto. En cualquier caso, la simplicidad de manejo no tiene por qué estar reñida con la calidad.

Respecto al diseño, salta a la vista que esta Coolpix presume de un aspecto atractivo que no pasa desapercibido. Su peculiar concepción en dos módulos -uno para el conjunto óptico y el flash, el otro para la pantalla y la mayoría de los botones- recuerda inevitablemente al de aquellos históricos modelos de la serie Coolpix 900 que empezaron a verse allá por 1998.

La funcionalidad del cuerpo partido es, precisamente, una de las mejores armas de marketing de la S10. Con un giro de 270 grados, el sistema de rotación permite realizar encuadres vetados en cualquier otra cámara de formato convencional. Así, podemos elevarnos sobre la multitud para fotografiar en un concierto o realizar un enfoque macro de un caracol sin tener que morder el polvo.

El giro es suave, y cada 90 grados suena un clic que permite mantener la referencia. Como en otros modelos similares, al girar el objetivo completamente para autorretratarnos (los caza-autógrafos lo agradecerán enormemente), la imagen en pantalla se invierte para que el encuadre resulte más sencillo.

Plástico bien rematado

Aun siendo enteramente -o casi totalmente- de plástico, la S10 tiene un aspecto resistente. Está bien acabada y su diseño -sin aristas ni esquinas puntiagudas- la hace apta para llevarla en bolsillos grandes sin riesgo de que se nos clave o rasgue la ropa.

En lo que a ergonomía y manejo se refiere, hay algunos aspectos mejorables. La lista está encabezada por el mando del zoom, y más aún teniendo en cuenta que el objetivo es uno de los argumentos fundamentales de esta S10.

Una pequeña palanca situada en la parte superior del cuerpo permite manejar las focales. Además de ser excesivamente pequeña, su posición obliga al dedo índice a adoptar una postura algo incómoda.

Sin ánimo de entrometernos en la labor de ingenieros y diseñadores, se nos ocurre que colocar ese mismo mando en la posición que ahora tiene el joystick de control y dejarlo bajo la tutela del dedo pulgar sería una buen solución.

El resto de botones puede controlarse adecuadamente sin ningún problema. En uno de los laterales del objetivo basculante se reserva un espacio para los pulsadores del estabilizador VR y del enfoque al rostro, ambos al alcance de la mano izquierda.

La pantalla, de 2,5 pulgadas y 230.000 puntos de resolución, ofrece -como ya es habitual- un refresco perfecto en condiciones lumínicas óptimas, descendiendo un poco la calidad al encuadrar con luz baja.

Protegida por un plástico, el efecto espejo de esta pantalla es elevado, aunque este problema se evita con facilidad gracias al diseño basculante. En lo referente a la calidad, el LCD pasa el examen con nota, ofreciendo unos colores sorprendentemente vivos -que no irreales- y un nivel de detalle excelente.

Los menús -terminando ya con la pantalla- son escasos y presentan una disposición un tanto incómoda a la que cuesta un poco habituarse. Algún tipo de diferenciación por colores entre los menús propiamente fotográficos y aquellos dedicados a los ajustes técnicos de la cámara no habría venido mal.

Potencia estabilizada

Más allá del particular diseño de la S10, todas las miradas se dirigen hacia el zoom de 38-380 milímetros. Además de la estabilización con el sello VR de Nikon, hay que destacar la luminosidad continua de f3.5, incluso en las focales más extremas.

Dejando a un lado el portentoso teleobjetivo y el excesivamente corto angular, la óptica de esta S10 ofrece una mínima carga de distorsión cromática y de barril, aunque con esos 38 milímetros de focal mínima es bastante lógico.

A pesar de su contrastada calidad, ni la velocidad en el recorrido por las focales ni la precisión en el momento de enfocar son los puntos fuertes de esta óptica. ¿Que si es posible retratar objetos en movimiento con esta cámara? Evidentemente que sí, aunque mejor que no dependa de ello una foto de vital importancia.

Prioridad al rostro

Cuenta la S10 con dos atributos especiales relacionados con el objetivo. Aparte de su excelente enfoque macro de 4 centímetros, el primero de ellos es el sistema de prioridad al rostro.

Esta tecnología reconoce las facciones de la cara para enfocar hacia ella automáticamente, por lo que puede resultar muy útil cuando queremos tomar una imagen de un sujeto que no está centrado en el encuadre.

Aunque la detección es excelente en la pantalla de la cámara -la máquina identifica y sigue las caras rápidamente-, los resultados tras apretar el disparador ya no son tan buenos. Por más que lo hemos intentado en nuestras pruebas, y pese a la confirmación de enfoque en el rostro, el sistema casi siempre acaba enfocando hacia el centro.

Lo que sí funciona de forma excelente es la tecnología de estabilización VR. Aunque copia el nombre de los sistemas de reducción de vibraciones de las ópticas de Nikon -según se explica en las especificaciones técnicas de la S10-, se trata en realidad de un mecanismo basado en el sensor CCD, y no en el objetivo.

Sea como fuere, este sistema nos ha permitido ganar hasta 3 pasos de diafragma por debajo de lo que se considera la velocidad de obturación recomendada. Esto, unido a la buena sujeción y el escaso peso del cuerpo, posibilita la captura de imágenes sin rastro de trepidación a velocidades realmente bajas (hasta 1/2 segundo en nuestras pruebas).

Colores apagados

Aunque el entusiasmo óptico está sobradamente justificado, la verdad es que el sensor de 6 megapíxeles no acaba de convencer.

Ofrece unos colores poco reales -recomendamos utilizar el modo de color vívido para compensar-, y aunque pasa el examen a nivel de calidad general -sin grandes notas y empleando sensibilidades bajas-, hay algo que no acaba de cuajar.

Y es que los balances de blancos de esta cámara no convencen. Concretamente, dejan mucho que desear el modo automático con la luz diurna y el modo prefijado para tungsteno. Con luz fluorescente, igualmente, la cosa no marcha de ninguna de las maneras.

Las imágenes capturadas, de hasta 2816 x 2112 píxeles, se almacenan en formato JPEG en tarjetas de memoria SD Card y MMC. La S10 graba asimismo archivos de vídeo de hasta 640 x 480 píxeles a 30 fotogramas por segundo.

El ruido electrónico, por otro lado, tampoco es buen compañero de viaje, y la S10 lo embarca demasiado rápido. Con un rango de 50 a 800 ISO, las interferencias se dejan ver ya a 200 ISO -incluso a 100 ISO, si nos ponemos exigentes-, y más allá de 400 ISO el resultado obtenido es bastante malo, sin que el sistema de reducción de ruido pueda hacer mucho para evitarlo.

Todo esto podría llevarnos a resumir la cuestión del ruido en tres sentencias: sin ningún problema cuando trabajamos a 50 ó 100 ISO; con precaución a partir de 200 ISO, y evitar por todos los medios el máximo valor de 800 ISO.

El consumo energético, por último, es adecuado, a pesar del estabilizador y del contundente zoom de 10 aumentos.

Claroscuros

Que la Nikon Coolpix S10 es una cámara para aficionados resulta evidente. Aderezada con atributos interesantes como el D-lighting (edición automática de la imagen destinada a mejorar la iluminación), la prioridad de enfoque al rostro, un curioso diseño y, sobre todo, una notable óptica de 10 aumentos estabilizados, se asienta sólidamente en el escaparate.

Sin embargo, y como casi siempre, no todo es tan bonito como parece. Demasiado ruido, un rendimiento deficiente del balance de blancos... Aunque se trata de fallos menores para el público al que va dirigida, la S10 puede mejorar.

TEXTO: Eduardo Parra
FOTOS: Álvaro Méndez

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