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![]() Coolpix P6000Características ![]() Punt. usuarios: Máx. res.: 4224 x 3168 p. Objetivo (35 mm): 28,0-112,0mm Zoom: 4x (óptico) En dos palabras Una muy completa compacta que reúne las clásicas prestaciones avanzadas (angular, RAW) con tecnologías como el GPS Precios No hay precios disponibles Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Nikon Coolpix P6000 con nuestras 41 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
viernes, 21 de noviembre de 2008 La compacta mejor situada de NikonQuienes esperaban la vuelta de Nikon a la arena de las compactas de altos vuelos están de enhorabuena. La reciente Coolpix P6000 cumple, al menos sobre el papel, todos los requisitos exigibles para entrar en esta categoría: buena construcción, controles manuales, formato RAW y un angular de 28 milímetros. Por si fuera poco, la P6000 se apunta un tanto al ser la primera en incluir, por el mismo precio, un GPS en sus prestaciones, además de ofrecer un puerto de red que suena un tanto anacrónico en la era del Wi-Fi. Su óptica poco luminosa, el exceso de megapíxeles -que conduce a problemas de ruido y procesamiento- y sobre todo la dura y renovada competencia en este sector son sus únicos inconvenientes. Las Coolpix P5000 y P5100 abrieron –o retomaron- el camino de Nikon hacia el segmento de las compactas de altos vuelos. Ahora, la recién llegada P6000 pretende rematar lo que aquéllas empezaron, enarbolando una lista de prestaciones que, al menos sobre el papel, no tiene ahora mismo parangón en el escaparate digital.Con las nuevas Canon PowerShot G10 y Panasonic Lumix DMC-LX3 vigilando de cerca, la P6000 no sólo resuelve las carencias de sus predecesoras en cuanto a cobertura angular y formato RAW –este último con sus peculiaridades, como ya veremos-, sino que también puede presumir de ser la primera compacta con un módulo GPS integrado. Detalles de seriedad Aunque sigue la estela de sus antecesoras por lo que respecta a las líneas maestras de su diseño, la P6000 acentúa sus nuevas aspiraciones con detalles más contundentes, como la excelente empuñadura lateral rematada con un acabado muy elegante. El visor directo –pequeño, como todos-, el dial principal de modos, el flash retráctil o la rueda posterior, heredada de las anteriores P, son detalles que resaltan esta concepción de la P6000 como una cámara a tener en cuenta entre los fotógrafos que buscan una compacta avanzada. Entre las manos, su ergonomía es excelente y el manejo no alberga mayores misterios, aun cuando la ausencia de accesos directos obliga a hacer más malabarismos de los necesarios para modificar algunos parámetros. Afortunadamente, la referida rueda agiliza la mayoría de las operaciones, y siempre es posible personalizar un acceso directo en el botón “Fn” o incluso configurar un menú a nuestro gusto. Lo mismo ocurre con los modos de trabajo U1 y U2 del dial principal, que pueden configurarse con los ajustes más habituales utilizados por el usuario. Con todo, el manejo y los menús de la P6000 se quedan a un paso de ser los que cabría esperar de una cámara con aspiraciones de constituir un refuerzo para los usuarios de una SLR. En este sentido, optar por unos menús y controles similares a los empleados por las Nikon D habría sido la mejor idea. El único inconveniente a tener en cuenta en lo que se refiere a la teórica resistencia de la cámara es el problema de la pintura de ciertos mandos. Tal y como nos había ocurrido con alguna Coolpix P anterior, también en esta P6000 la inscripción de algunos botones empezó a desaparecer tras sólo unos días de uso y transporte. Ni que decir tiene que para dar algo más de clase y presencia a la cámara, deshacerse de la pegatina frontal que señala los puntos fuertes de la misma puede ser un buen consejo. Bienvenido sea el angular Ha costado varias generaciones –igual que en Canon-, pero Nikon por fin parece haber entendido que una compacta de este nivel necesita una óptica angular para poder plantarse en el escaparate. Así que los 36 milímetros de las P5000 y P5100 ceden ahora al empuje de la nueva óptica de 28-112 milímetros de la más joven de la familia. Cierto que quedan lejos los 24 milímetros de la LX3 de Panasonic, pero a cambio esta Nikon ofrece una cobertura muy equilibrada, aunque tal vez algo corta en lo que atañe a las focales más largas. Excusable este punto gracias al digno angular, más preocupante es ver cómo la prometedora luminosidad máxima de f2.7 acaba convertida en otra pobre de f5.9 al buscar la posición del teleobjetivo, claramente insuficiente para una cámara cuyo precio ronda los 400 euros. El rendimiento de la óptica no decepciona: su nitidez es muy correcta en el centro, y las imágenes sólo se vuelven algo blandas en los ángulos. Tampoco la pérdida de luz es perceptible, y la distorsión de barril que puede llegar a apreciarse es fácilmente corregible si se activa el sistema de compensación automático que ofrece la propia cámara. El enfoque no es ninguna maravilla en cuanto a velocidad de respuesta, pero resulta muy fiable y preciso incluso cuando la luz es realmente escasa. En el modo manual, por cierto, la rueda puede sernos de bastante ayuda para dominar un control normalmente demasiado sofisticado en la mayoría de las compactas. Las aberraciones cromáticas también hacen acto de presencia con relativa asiduidad y no es raro toparse con halos púrpura en las zonas de contraste. Aun así, a favor de esta Coolpix hay que reconocer que tras haber probado su máxima competidora, la G10 de Canon, maneja este asunto algo mejor. La LX3 de Panasonic vence a ambas por goleada al hablar de calidad o luminosidad ópticas. Punto también para Nikon al comprobar el excelente rendimiento del estabilizador de imagen de esta cámara. Según las distintas pruebas realizadas, no es infrecuente hallar tomas en las que es posible ganar hasta 4 pasos de diafragma respecto a la velocidad de disparo normal. Un dato considerable habida cuenta de los pobres resultados con altas sensibilidades. 13,5 megapíxeles La lista de estrenos protagonizados por esta Coolpix también afecta al nuevo CCD de 13,5 megapíxeles y 1/1,7 de pulgada que incorpora. Si en su momento ya nos echamos las manos a la cabeza con el innecesario incremento de resolución de la P5100 en su docena de megapíxeles, ahora toca repetir la jugada con este modelo. Subida al carro de la resolución, esta P pierde –como tantas otras compactas- una magnífica oportunidad para jugar una baza como la de Panasonic: conformarse con 10 megapíxeles y ofrecer a cambio una calidad de imagen y un rendimiento con altas sensibilidades que, sin ser una maravilla –ni mucho menos-, son más decentes de lo habitual. Sin embargo, el camino elegido por Nikon conduce a la encrucijada que todos conocemos: buenos resultados cuando la luz no es un problema y podemos trabajar con las sensibilidades más bajas, y problemas serios a partir de 400 ISO. Así, si bien a 66, 100 y 200 ISO las imágenes resultantes son realmente atractivas en lo que se refiere a detalle y color, enseguida se deja ver un fuerte sistema de procesamiento que intenta mantener a raya el ruido. Algo que se consigue hasta 400 u 800 ISO, pero ya a costa de llevarse por delante parte de la nitidez y el detalle. Con los valores más altos, a 1600 y 2000 ISO, poco se puede hacer, así que los forzados a 3200 y 6400 ISO –que reducen la resolución a 3 megapíxeles- quedan directamente suprimidos de la lista de ajustes utilizables. El rendimiento del balance de blancos automático de la cámara, por su parte, se salda con bastante buena nota, a pesar de que al afrontar luces de tungsteno obtenemos –como siempre- imágenes con dominantes demasiado cálidas. En estos casos, mucho mejor es recurrir al modo preestablecido para este tipo de luz. RAW enrevesado Pero más allá de su elevada cuenta de megapíxeles y de la óptica angular, la P6000 se asienta sobre otros dos pilares básicos para cualquier compacta de este nivel: los controles manuales y el formato RAW. Especialmente interesante resulta la aparición de este formato en una compacta de Nikon. Sin embargo, la firma parece haber intentado realizar una peculiar maniobra de distracción para mantener firme su muro de separación entre las compactas y las réflex sin por ello privar a la P6000 de una función básica. La pretendida solución es un nuevo formato con extensión NRW, en vez de los tradicionales NEF de las réflex de la compañía. ¿Qué se gana con ello? Absolutamente nada. De hecho, se pierde una de las piedras angulares del RAW de Nikon: la compatibilidad con su programa Capture NX. En su lugar, para procesar las imágenes Nikon nos restringe a dos opciones: hacerlo en la propia cámara –con el recorte de posibilidades que eso conlleva- o usar el limitado View NX. Afortunadamente, Adobe ha tomado cartas en el asunto, y las últimas versiones de Lightroom y Adobe Camera Raw ya han hecho un hueco a los nuevos archivos generados por la P6000. Una excelente noticia que, además, ha borrado del mapa el enfado de algunos usuarios cuando durante los primeros días de vida de la cámara se especulaba que este formato sólo tendría soporte en Windows. Aclarado este asunto e insistiendo en que no parece muy lógica la estrategia seguida en este caso por Nikon –que en la práctica obliga a sus usuarios a servirse de un software de otra marca-, los archivos NRW se comportan como un RAW tradicional durante el procesamiento, permitiendo bastante margen a la hora de extraer textura de las zonas más complicadas u obtener un plus de nitidez en las imágenes. De todos modos, quienes prefieran prescindir del formato RAW y no obstante optimizar la respuesta de la cámara en las sombras, siempre tienen la posibilidad de recurrir a la función “D-Lighting activo” de Nikon, que en la P6000 se presenta en cuatro niveles diferentes: desactivado, bajo, normal y alto. Trabajar en formato RAW, eso sí, evidencia una de las carencias de la cámara: su falta de agilidad para procesar los archivos o exprimir la opción de disparo en ráfaga. Cada foto en su sitio Pero, dejando a un lado las prestaciones más tradicionales, si hay algo que puede inclinar la balanza en favor de esta Coolpix son sus funciones adicionales, sobre todo, el módulo GPS integrado. Tal y como ya explicamos profusamente durante la primera toma de contacto con esta compacta de Nikon, su GPS supone un paso adelante respecto a los módulos externos, que requieren cruzar a posteriori las coordenadas de localización para incluirlas en los datos EXIF de las imágenes. Pese a la evidente comodidad, tampoco es el GPS de la P6000 la panacea del manejo sencillo e intuitivo. De entrada, es necesario esperar unos cuatro minutos hasta que la cámara capta la señal del satélite y recibe datos de posición. Eso sí, en todo momento es posible ver en pantalla –antes o después de tomar la foto- si en ese momento se dispone de ellos. La cobertura es la habitual de este tipo de dispositivos. Ni que decir tiene que en espacios cerrados habrá que prescindir de los datos de geolocalización. La visualización de los resultados se realiza a través de la conocida interfaz de Google Maps, que en este caso puede desplegarse desde el programa View NX que acompaña a la cámara. Importante es también configurar la frecuencia de actualización de los datos, que va desde cada 15 segundos a cada dos horas. Así, si estamos en continuo movimiento será interesante elegir una frecuencia muy alta para que se registren los cambios, mientras que si la sesión fotográfica es más estática y la precisión de la localización es secundaria, elegir una frecuencia de actualización más baja nos permitirá ahorrar batería. Y es que aunque la precisión y el manejo del GPS de la P6000 son claramente mejorables, su principal inconveniente es el consumo de batería. Si mantenemos esta función siempre activada, la duración estimada de más de 250 disparos por carga se reduce a poco más de un centenar. La carga de la batería, por cierto, se realiza en la propia cámara y no mediante un cargador externo, como suele ser habitual. Si bien a priori podría parecer más cómodo, a la hora de la verdad resulta más engorroso e impide trabajar con una batería adicional mientras dejamos la primera cargando. En cualquier caso, ninguna de estas pequeñas objeciones resta mérito a la propuesta de Nikon: GPS de serie sin que el precio final se haya resentido en exceso. Sin duda, una estrategia que poco a poco se irá haciendo más habitual en la próxima generación de compactas. Menos entusiasmo despierta el curioso puerto de red incluido en la base de la cámara. Su funcionalidad no va más allá de lo que se podría hacer con una más lógica conexión Wi-Fi: subir las fotos a un álbum on-line sin que sea necesario pasar por el ordenador. Aun cuando, según hemos podido comprobar, el funcionamiento es bastante eficiente una vez que nos hemos dado de alta en el servicio My Picturetown de Nikon –sin versión en español, cabe matizar-, seguimos sin comprender muy bien la utilidad real de esta función. Cierto, eso sí, que su presencia tampoco representa un problema para ninguna otra prestación de la cámara, así que, puestos a elegir entre esto o nada, la respuesta parece lógica. ¿”Gadget” o compacta avanzada? A la tercera va la vencida. Tras los intentos de las P5000 y P5100, la nueva Coolpix P6000 es, con diferencia, la compacta de Nikon que en los últimos años más se ha acercado a este estereotipo de cámara avanzada que muchos usuarios buscan como refuerzo a su SLR, o incluso como modelo único. Vista aisladamente, la P6000 cumple con casi todas las expectativas que se suelen generar en torno a estos modelos, pero en comparación con las recientes Canon PowerShot G10 o Lumix DMC-LX3 de Panasonic, se muestra incapaz de ganar en todas las batallas. Su óptica es decente, sobre todo gracias a la incorporación de una focal angular de 28 milímetros. Sin embargo, poco puede hacer frente a la mayor cobertura de la G10 o la excelencia de la LX3. En este ámbito, el estabilizador de imagen es, posiblemente, su mejor argumento para plantarles cara. Tampoco desmerece su calidad de imagen, aunque en cuanto la luz escasea, los otros dos modelos consiguen resolver la papeleta con mejor nota a partir de 400 ISO. Con precios y aspiraciones similares, la P6000 sí que sale vencedora a la hora de seducir a aquellos fotógrafos menos clásicos que, además de una compacta avanzada, busquen un punto de distinción. En este caso, el plus rehúye de los criterios tradicionales y apuesta por marcar tendencias, al ser la primera compacta –al menos entre las comercialmente conocidas- en incorporar un módulo GPS. Es una exclusiva con fecha de caducidad, pero puede que, por ahora, sea un argumento para que los fotógrafos más viajeros se decidan por ella. TEXTO: Iker Morán |
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