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Coolpix P5000

Características
Punt. usuarios: 4,18947368421053 puntos (las puntuaciones se han elaborado en base a la media de las votaciones efectuadas por los usuarios/as de QUESABESDE.COM)
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Sensor: CCD de 10,00 MP
Máx. res.: 3648 x 2736 p.
Objetivo (35 mm): 36,0-126,0mm
Zoom: 3,5x (óptico)
En dos palabras
A pesar de su discreto objetivo y de carecer de RAW, la P5000 es una excelente compacta de bolsillo para fotógrafos avanzados
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Análisis
martes, 07 de agosto de 2007

Pequeña gran cámara

No es ni la más grande ni la más pequeña de su clase. Tampoco la que más prestaciones aglutina ni la que luce un diseño más espectacular o un zoom más potente. Sin embargo, la Coolpix P5000 ha supuesto la reentrada de Nikon en el club de las compactas de prestigio, con una fórmula basada en una lista de ingredientes que, pese a no ser muy impactantes, están bien combinados. Controles manuales, un zoom estabilizado de 36-126 milímetros y un diseño elegante hacen de la P5000 una muy buena aproximación a esa compacta polivalente que cualquier usuario avanzado desearía tener siempre a mano. La imposibilidad de capturar en RAW y las comedidas credenciales del objetivo nos recuerdan que no existe la compacta perfecta.

Resulta complicado ubicar en el catálogo de Nikon la Coolpix P5000, y más teniendo en cuenta que no tiene una predecesora clara. Lo que sí es evidente es que esta compacta se ha convertido en el buque insignia de los modelos nikonistas de óptica no intercambiable.

Tal vez la herencia más directa venga de las Coolpix de la serie P8000, aunque en este caso la óptica no asume un protagonismo tan patente como en aquellas compactas. En su lugar, es la combinación de diversas características -pese a alguna que otra carencia- lo que coloca a esta P5000 frente a otros modelos de reputada tradición.

Diseño equilibrado

Lo cierto es que desde el primer contacto que tuvimos con la P5000, fueron su diseño y su tamaño las características que más nos sedujeron.

Tras semanas de convivencia, mantenemos esta impresión inicial y apuntamos en letras mayúsculas la ergonomía de la P5000 como uno de los grandes aciertos de Nikon a la hora de plantear esta cámara.

Hasta tal punto que, como ya comentamos en la comparativa realizada frente a la PowerShot G7 de Canon, es precisamente este apartado uno de los que mayor peso aporta para inclinar la balanza a favor de la "pequeña" P5000.

De tamaño y peso intermedios, la Coolpix es fácilmente manejable con una sola mano. Dispone de una empuñadura bastante prominente, una rueda de dimensiones considerables -y fácilmente manejable con el dedo pulgar- y un gran dial de modos localizado en la zona superior.

Un trío de aciertos que tiene especial mérito, si tenemos en cuenta que nos encontramos ante una compacta de dimensiones bastante limitadas. Buena nota deberían tomar los diseñadores de cámaras mucho más grandes que insisten en obviar aspectos tan elementales.

No obstante, los aplausos tienen que ir necesariamente acompañados de una advertencia sobre un aspecto bastante preocupante. Y es que tras una cuantas semanas de uso intensivo y después de viajar en unos cuantos bolsillos y mochilas, el grabado de muchos de los botones traseros comenzó a desaparecer en el modelo probado por QUESABESDE.COM.

En esta misma línea, el aro cromado que corona la óptica tampoco está a la altura del resto del cuerpo. Aunque su única función es cubrir la "montura" destinada a la colocación de conversores ópticos, se habría agradecido una constitución algo más robusta.

En busca de accesos directos

Precisamente en uno de estos botones traseros ("Func") reside la importante tarea de facilitar al usuario el acceso directo al menú que éste haya elegido previamente. Basta pulsarlo y girar la rueda anteriormente citada para variar de forma muy sencilla la sensibilidad, el formato de imagen o incluso el funcionamiento del estabilizador de imagen.

Desgraciadamente, sólo una función puede disfrutar de este atajo. Así, si se da prioridad a la sensibilidad, cambiar el balance de blancos o el tipo de medición requerirá adentrarse en el menú principal de la cámara y malgastar unos cuantos segundos.

Por lo demás, los menús siguen la estética tradicional de Nikon, con un amplio repertorio de funciones dedicadas a los ajustes de la toma, agrupadas todas ellas en un solo apartado. La configuración de la cámara tiene que realizarse a través de la posición "Setup" de la rueda situada en la zona superior.

Para navegar por las opciones se puede recurrir tanto a un pequeño -y no demasiado cómodo- dial trasero como o al utilísimo mando rotatorio situado al alcance del pulgar. Un control por el que, por cierto, pasa un alto porcentaje de las operaciones de la cámara (afortunadamente).

La pantalla posterior no se sale de las prestaciones habituales de este segmento: 2,5 pulgadas y 230.000 píxeles conforman un monitor que puede presumir de una calidad excelente. Eso sí, a la completa información sobre la toma se echa de menos la posibilidad de ver el histograma previo de la imagen. Una carencia, sin duda, inexcusable.

La visualización de las imágenes se rige por esta misma valoración, hasta que el sol hace acto de presencia y dificulta la tarea. La existencia de un visor óptico -como el que incorpora la P5000- es siempre de agradecer en estas circunstancias.

Zoom modesto, pero estabilizado

El terreno óptico es uno de los más delicados al hablar de la P5000. Y es que, aunque a algunos les parecerán injustas, las comparaciones con compactas de similar posicionamiento en el escaparate -como la PowerShot G7- son inevitables.

En este sentido, la Coolpix tiene que conformarse con un modesto zoom óptico de 3,5 aumentos que rinde unas focales equivalentes a 36-126 milímetros. La luminosidad máxima de f2.7-5.3, efectivamente, se queda algo corta en la posición de tele.

Más que el alcance del zoom, nuestra queja se refiere precisamente a las focales resultantes. Y es que esos 3,5 aumentos hubieran sido mucho más útiles de haber optado por un angular de 28 milímetros. (Evidentemente, el precio y tamaño final de la cámara también se hubieran visto notablemente afectados por este cambio.)

Pese a las focales implementadas, Nikon no ha querido ahorrarse la estabilización de imagen en la P5000. Así, la cámara incorpora el conocido sistema óptico VR, ya veterano en otras compactas y en numerosas ópticas de la firma.

Como cabía esperar, el sistema vuelve a mostrar su eficacia, pese a que el discreto rango de focales limita en cierto modo sus posibilidades. En cualquier caso, fácilmente se pueden ganar 2 ó 3 pasos respecto a la velocidad estándar, o incluso algo más aprovechando el buen agarre que ofrece el cuerpo.

Con una nota más que aceptable en el terreno de las aberraciones geométricas y cromáticas -los halos púrpuras aparecen con una frecuencia relativamente baja-, el enfoque no es especialmente veloz, pero su precisión es notable. Incluso en condiciones de luminosidad realmente baja, el mecanismo consigue encontrar un punto de referencia sin necesitar demasiados intentos.

Control automático y avanzado

Una de las bazas elementales de la P5000 es la extensa gama de controles manuales que atesora. Además de las posibilidades articuladas en torno a la clásica combinación PASM, la compacta tampoco renuncia a los modos automáticos y escénicos.

De hecho, se produce una curiosa mezcla de ajustes pensados para los usuarios más avanzados, con funciones claramente orientadas a los más noveles. Tal es el caso de las pequeñas explicaciones que acompañan a los modos prefijados que ofrece la cámara.

Curiosidades aparte, resultan muy interesantes un par de prestaciones que podrían enmarcarse en estos automatismos.

El sistema de detección facial, para empezar, se ha convertido ya en un vecino habitual de las especificaciones de la inmensa mayoría de cámaras, y no falta a la cita con esta P5000. Aunque hubiera sido preferible disponer de un sistema de enfoque algo más rápido para sacarle mayor partido a este automatismo, seguro que muchos usuarios agradecen la ayuda.

La tecnología de detección facial también facilita el ajuste de la exposición a los tonos de piel. Un sistema de exposición que, por otra parte, responde estupendamente (pese a la ligera tendencia a la sobreexposición que hemos podido detectar en las tomas más complejas).

En segundo lugar, y a falta de un rango dinámico espectacular (10 megapíxeles y un CCD de 1/1,8 pulgadas dejan poco espacio para los milagros), la P5000 ofrece una suerte de remedio posterior a la captura. Así, a través del ya conocido sistema D-Lighting, se puede recuperar algo de información en las sombras.

Aunque, como decíamos, este tratamiento no es la panacea, sí permite obtener mejoras muy notables a partir de tomas subexpuestas sin tener que recurrir al ordenador.

Desaparecido en combate

Dotada -como decíamos- de un CCD de 10 millones de puntos, la P5000 es una de las pruebas más claras de que Nikon parece dispuesta a reservar el formato RAW para sus réflex digitales. Sólo así se explica que, a diferencia de las veteranas Coolpix de la saga P8000, el nuevo buque insignia de la familia compacta se limite a grabar las imágenes en formato JPEG.

En cualquier caso, el rendimiento de la cámara es excelente cuando se recurre a sensibilidades bajas. Incluso dejando en sus manos todas las decisiones de la toma mediante alguno de los modos automáticos, la P5000 consigue unos resultados muy atractivos. La nitidez, eso sí, parece algo justa en ciertas tomas.

Respecto a la sensibilidad, ofrece un interesante abanico de valores que va desde 64 ISO hasta 3200 ISO. El comportamiento hasta 400 ISO es realmente impecable, e incluso a 800 ISO el ruido se muestra bastante controlado si la iluminación no es escasa.

Pasada esta barrera, el ruido cromático aparece sin disimulo -como era de esperar- en las tomas a 1600 y 3200 ISO. Aunque el sistema de reducción de ruido no es especialmente agresivo, el detalle, la nitidez e incluso el color de la imagen sí se ven afectados al emplear los ajustes más elevados.

Que sean o no utilizables dependerá, claro está, del nivel de exigencia que tenga el usuario, o en todo caso del uso que éste pretenda dar a la imagen. Pero, en cualquier caso, si las condiciones de luz son decentes, no sería descabellado obtener copias potables en formato pequeño.

El balance de blancos, por su parte, muestra un comportamiento muy acorde con lo visto en tantas otras compactas. Sorprende, eso sí, que con luz fluorescente hayamos conseguido mejores resultados recurriendo al balance automático que aplicando el preajuste correspondiente.

Exactamente lo contrario ocurre con las luces de tungsteno. Si se quiere prescindir de las fuertes dominantes cálidas que se generan con el ajuste automático, hay que recurrir al modo prefijado.

Un flash que no desmerece

A diferencia de lo que ocurre con muchas compactas en las que el flash es un mero adorno, en la P5000 recibe un espacio considerable en el frontal del cuerpo. Eso, combinado con el limitado zoom, hace que su potencia sea suficiente para abarcar todas las focales.

No hay que olvidar que la cámara dispone de una zapata para acoplar unidades de flash externas, que es compatible -además- con el sistema iTTL. Así pues, el empleo de cualquiera de las últimas unidades SB de la marca sería más que recomendable (por una cuestión de tamaño, eso sí, el SB400 sería un buen compañero).

Respecto a la autonomía, la P5000 alberga en su base una pequeña batería cuya vida útil supera con creces los 200 disparos.

Pese a que el reducido tamaño posiblemente no dé para más, lo cierto es que no son pocos los modelos de la competencia que superan este valor, aun ostentando un zoom mucho más potente y -por tanto- energéticamente más exigente.

En este mismo zócalo se esconde el compartimento para las tarjetas de memoria SD Card y SDHC que emplea la P5000.

La clave está en el bolsillo

¿Es la Nikon Coolpix P5000 la mejor compacta del actual escaparate digital? Está claro que, ni por sus especificaciones ni por su precio, lo es. Y ni mucho menos parece destinada a ejercer ese papel.

Sus puntos fuertes y sus flaquezas son bastante evidentes, y quedan claras tras compartir varios días con ella. Con una notable calidad de imagen y un rendimiento general bastante bueno, el limitado zoom y la ausencia del formato RAW son sus dos principales carencias.

Si se solventaran con un angular de 28 milímetros y la posibilidad de trabajar tanto en JPEG como en RAW (y ya puestos, con un rendimiento óptimo a 800 ISO), nos encontraríamos ante una joya que guardar a buen recaudo. Claro que, de cumplirse estas premisas, la P5000 no tendría ni la forma ni el precio que luce ahora.

Y es que son estos dos detalles los que más puntos positivos confieren al conjunto. La P5000 se cuela en el bolsillo del fotógrafo aficionado con controles manuales, un zoom estabilizado y una manejabilidad excelente. Y todo ello sin alejarse demasiado de los 300 euros. Nuestros bolsillos, efectivamente, quedarán encantados.

TEXTO: Iker Morán
FOTOS: Álvaro Méndez

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