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Coolpix P50

Características
Punt. usuarios: 4,32 puntos (las puntuaciones se han elaborado en base a la media de las votaciones efectuadas por los usuarios/as de QUESABESDE.COM)
Ver opiniones
Sensor: CCD de 8,10 MP
Máx. res.: 3264 x 2448 p.
Objetivo (35 mm): 28,0-102,0mm
Zoom: 3,6x (óptico) / 4x (digital)
En dos palabras
Con una excelente relación calidad-precio, la Coolpix P50 tiene en el angular de 28 milímetros su mayor virtud
Precios
Mejor precio: 122 €Ver precios
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Muestras
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Análisis
martes, 18 de marzo de 2008

Apología del angular

Compatibilizando versatilidad y sencillez, la pequeña Coolpix P50 es una de las compactas más interesantes que Nikon se ha sacado de la manga en los últimos tiempos. Hermana pequeña de la Coolpix P5000 y de la posterior P5100, combina facilidad de uso y calidad de imagen con uno de esos tan cotizados angulares de 28 milímetros. Los controles manuales, un tanto limitados, y el enfoque, notoriamente mejorable, son los únicos puntos débiles de este apetecible modelo.

Si la Coolpix P5000 supuso la reentrada de Nikon en el llamado segmento de cámaras compactas de prestigio, la Coolpix P50 constituye una vuelta de tuerca de este concepto tendente a la miniaturización. La firma nipona apuesta con este modelo por un tamaño menor y un precio más asequible a costa de algunos atributos y prestaciones de sus referentes de gama superior, pero sin renunciar a un resultado de calidad.

Se mantiene, por tanto, la fórmula magistral que hace posible la armónica combinación de ingredientes tan interesantes como el modo de trabajo manual y un objetivo de 28 milímetros, aderezada además con un precio muy competitivo. Una compacta de altos vuelos al alcance de casi todo el mundo.

Tal como ya es habitual, la P50 resulta difícil de clasificar en una categoría concreta. Aunque algunas de sus prestaciones nos remiten al usuario profesional o al aficionado avanzado que busca una compacta de refuerzo para llevar a todos lados, su comedido precio y su facilidad de manejo tampoco descartan al aficionado curioso que anda a la caza de una pieza singular.

Sutiles diferencias

¿En qué se diferencia la P50 de sus hermanas mayores, las P5000 y P5100? En varios aspectos, si bien la balanza no siempre se inclina hacia el lado de los modelos teóricamente superiores.

La P5000, por ejemplo, sigue aventajando a la P50 en resolución. Sin embargo, los 8 megapíxeles de la más pequeña son más que suficientes.

Del mismo modo, la óptica de la P50 se queda por debajo de la que integra la P5000 en luminosidad (f2.8-5.6) y enfoque macro (5 centímetros), pero la supera claramente gracias a su cobertura de 28-102 milímetros, frente a la más corriente de 36-126 milímetros.

Por el contrario, la sensibilidad rebaja sus aspiraciones, y tras el límite de 3200 ISO de los modelos superiores, la P50 se conforma con un valor de 2000 ISO.

Mención aparte merecen en este sentido la pantalla, que aun con 2,4 pulgadas de diagonal presenta una resolución de sólo 115.000 puntos, y el sistema de estabilización VR, que pese a su prometedora denominación no es sino un mero sistema digital.

La ergonomía y el diseño siguen siendo una apuesta segura en este modelo. Aunque la estética es cuestionable -en nuestros clásicos encuentros con fotógrafos hemos escuchado opiniones para todos los gustos-, lo cierto es que el agarre de esta cámara es cómodo y firme, permitiendo un uso continuado sin dificultades apreciables.

Además, la sensación de aplomo que transmite su construcción entre las manos es extraordinaria para una compacta que puede encontrarse por menos de 200 euros.

De tamaño y peso medianos, la P50 mantiene una empuñadura bastante prominente y resulta fácil de usar con una sola mano. La rueda de control ha sido en cambio suprimida, dejando todo el protagonismo al dial de modos.

Este cambio, no especialmente acusado en el uso por su carácter automático, se complementa con una serie de botones que ejecutan las típicas funciones de la cámara, como el flash, el enfoque macro, el borrado de las fotos y la navegación por los menús.

En busca de accesos directos

Precisamente la navegación por los menús y los accesos directos no son el punto fuerte de este modelo. Aunque cabría pensar que con la P50 el usuario no tiene mucho margen para maniobrar, la inclusión de un modo manual cambia totalmente esta perspectiva.

La austeridad en mandos de la P50, que no supone ningún inconveniente al operar con automatismos, convierte el disparo en modo manual en un procedimiento tedioso y bastante frustrante. Es entonces cuando se echa de menos la desaparecida rueda de control de la parte superior.

El que sí sigue presente es el visor directo, un atributo que se prodiga lamentablemente poco por el mundo de las compactas y que muchos usuarios no saben aprovechar ni valorar.

¿Está entonces justificado el visor directo en este modelo? Pensamos que sí, entre otras cosas porque a nadie molestará esta segunda opción de encuadre en las situaciones en que el sol hace impracticable la pantalla LCD o las pilas amenazan con desfallecer.

Aun así, hay que reconocer que el tamaño y la luminosidad de este visor dejan bastante que desear. Su error de paralaje -el desajuste entre lo que vemos a través del visor y lo que en realidad capta la cámara- se queda en los límites de lo admisible.

Lo mejor, la óptica

Pero el plato fuerte de la cámara, que por sí sólo avala la llegada de este modelo y cuestiona de paso otros de esta misma saga (la reciente Coolpix P60, sin ir más lejos), es la óptica incorporada.

A diferencia de lo que ocurre con otras Coolpix, aquí se ha potenciado la cobertura angular sacrificando el alcance del teleobjetivo. El resultado: un interesantísimo zoom de 28-102 milímetros.

Nada tenemos que objetar a la reducción de las focales más largas (a pesar de que una óptica de 28-120 ó 28-200 milímetros habría sido por supuesto más deseable), porque la P50 consigue posicionarse en el restringido escaparate de las compactas con un angular real.

Puestos a buscar fallos, la escasa luminosidad de f2.8-5.6 o el impreciso y lento funcionamiento del enfoque automático serían nuestras principales quejas.

Respecto al sistema de estabilización, pese a la ambigua denominación utilizada por este modelo (VR), no se trata en realidad del mecanismo óptico utilizado por algunos objetivos Nikkor o ciertas compactas de la marca, sino de un sistema digital.

Manual, pero no tanto

Si bien la promesa de controles manuales es otro de los grandes alicientes de esta compacta, la P50 decepciona un poco en este aspecto.

Es cierto que dispone de un modo de control totalmente manual -aunque sin rastro alguno de prioridad a la velocidad o al diafragma-, pero este ajuste sólo permite seleccionar entre dos aberturas de diafragma, y comporta además los ya mencionados problemas de manejo.

Y es que la P50 está más pensada para un uso automático, o a lo sumo para el basado en los clásicos modos de escenas.

El sensor que incorpora este modelo es un CCD de 8 megapíxeles de resolución que permite capturar imágenes de hasta 3264 x 2448 puntos. La ausencia de un modo de captura en formato RAW de los modelos superiores persiste aquí, y hay que conformarse con los JPEG. Una lástima.

El abanico de sensibilidades se mueve ahora entre 64 y 2000 ISO. Sin embargo, podemos contar con imágenes correctas de nuevo sólo hasta 400 ISO, y realmente afectadas por el ruido o el sistema de reducción de éste a partir del citado parámetro.

Buena luz, buenas fotos

A pesar de todo, hay que reconocer que los resultados al operar con bajas sensibilidades y con buena luz son excelentes y avalan un más que correcto rendimiento de la óptica de la P50. Las aberraciones cromáticas están bien controladas, y sólo la distorsión geométrica en las focales más angulares resta algún punto al grupo óptico.

Las fotografías obtenidas pueden presumir de unos colores fieles y un rango dinámico correcto. Aun así, no cabe por supuesto esperar maravillas en este sentido, por mucho que la función D-Lighting consiga alguna que otra mejora posterior en las zonas más oscuras de las imágenes.

El balance de blancos muestra por su parte un comportamiento un tanto irregular: aunque los automatismos flojean con las luces artificiales, en estas situaciones los ajustes prefijados permiten resolver la papeleta con bastante dignidad.

Poco cabe decir en relación al flash. La zapata incluida en las P5000 y P5100 desaparece desafortunadamente en este modelo, pero gracias a la reducida gama de focales el funcionamiento del flash integrado no presenta problemas. Sólo en los disparos con la focal más corta nos hemos topado con unos resultados un tanto impredecibles.

En lo referente a la autonomía, este modelo cuenta con una bahía para dos pilas de tamaño AA, y con dos ejemplares de 2700 mAh hemos conseguido hasta 250 disparos.

Una compacta sencilla y barata

La Nikon Coolpix P50 nos ha dejado un sabor agridulce, aunque hemos de reconocer que ha sido en parte producto de nuestra sugestión: su aspecto, la P en su denominación, el visor óptico, los controles manuales y el angular nos hicieron ver en ella una hermana pequeña de la P5000 que ofrecía casi lo mismo por muchos menos.

Efectivamente, los milagros en este mercado no existen. Pagar menos conduce a renunciar al teleobjetivo, al estabilizador de imagen y a la zapata para unidades de flash. Han salido igualmente mal parados la escasa resolución de la pantalla y el limitadísimo control manual de la exposición.

Aun así, algo queda del entusiasmo inicial. Quienes busquen una cámara singular, con un diseño bien conseguido y un angular de 28 milímetros por menos de 200 euros pueden plantearse hacerse con una P50.

No es una compacta con aspiraciones profesionales ni un modelo avanzado a precio de ganga. La P50 es una compacta sencilla, barata y capaz de ofrecer un rendimiento más que aceptable en la mayoría de las situaciones. Si era esto lo que pretendía Nikon, lo ha conseguido.

TEXTO: Eduardo Parra
FOTOS: Álvaro Méndez

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