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![]() Dimage Z5Características ![]() Punt. usuarios: Máx. res.: 2560 x 1920 p. Objetivo (35 mm): 35,0-420,0mm Zoom: 12x (óptico) En dos palabras La cuarta componente de la gama Dimage Z aporta más megapíxeles y pantalla, pero adolece de un ruido considerable Precios No hay precios disponibles Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Konica Minolta Dimage Z5 con nuestras 41 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
lunes, 23 de mayo de 2005 Clónica evoluciónSólo dos diferencias, aunque importantes, separan a la Dimage Z5 de su anterior versión: un sensor de 5 megapíxeles y un monitor TFT de 2 pulgadas y 114.000 píxeles de resolución. Sin más novedades. Así pues, hablamos de una cámara con un zoom que no es de este mundo (12x), un aspecto a prueba de indiferencia, de ergonomía muy lograda y operativamente ágil. Al mismo tiempo, un exceso de ruido, un autofoco con tendencia al engaño (aunque veloz) y un visor electrónico lamentable, equilibran la balanza; no vaya a ser que resulte demasiado buena por el precio. Presentada en enero de 2005, la Dimage Z5 es la cuarta generación del clan galáctico de Konica Minolta. El nombre de esta nueva compacta invita a la confusión, ya que es la sucesora directa de la Z3 (sin cuatro mediante) y no supone el gran salto cualitativo que su número identificativo parecería sugerir.El vivo retrato de la Z3 La Dimage Z5 conserva exactamente el mismo aspecto "futuristoide" de la Z3, no apto para discretos compulsivos pero excelente para exhibicionistas empedernidos. Extremos aparte, no disgustará en absoluto a quien persigue una cámara polivalente y resultona. Las formas extremas de su cuerpo, además del inevitable impacto visual, aportan una ergonomía radical, difícil de encontrar en otras cámaras. Su desproporcionada empuñadura garantiza una fijación casi inviolable en la mano, definitivamente asegurada por una agradable goma antideslizante en ambos laterales del chasis. Como en la Z3, el disparador ovalado y oblicuo es el máximo exponente de un excelente trabajo ergonómico. A su vez, la mayoría de controles externos (pocos y medidos) están perfectamente colocados para su fácil manipulación al tacto. El punto flaco de tanta excelencia ergonómica se encuentra en el mando del zoom, cuya ubicación entorpece un poco la manipulación del dial de modos. Además, su extrema sensibilidad es comodísima para la manipulación voluntaria del zoom, pero provoca con frecuencia su modificación involuntaria, al más leve toque, durante cualquier otra operación. En lo que respecta a su construcción, y ya que nada ha cambiado, podemos reafirmar su solidez, a excepción una vez más de la tapas del compartimento de la batería, que tiene un juego raro y antipático muy manifiesto al cerrarla. En cambio, la tapa de la tarjeta de memoria es muy cómoda para abrir y cerrar; incluso demasiado, porque se abre accidentalmente con cierta facilidad. El flash incorporado, por su parte, ofrece un destello de potencia suficiente para su uso normal. Lógicamente no puede esperarse que ilumine una escena fotografiada desde lejos con el teleobjetivo, pero para esto incluye una zapata donde acoplar un flash externo compatible. El botón del flash, junto al del enfoque macro y frente al dial de modos de exposición, permite seleccionar los distintos tipos de destello. Hay que tener en cuenta que el flash no tiene resorte automático, de forma que hay que abrirlo a mano para activarlo. La verdad es que, por lo menos con la cámara nueva, va un poco duro. pero con nuevo monitor El único cambio externo visible (aparte de sutiles variaciones en los colores del chasis y una obligada reubicación del botón de encendido y la palanca de modo) es el nuevo monitor TFT de 2 pulgadas y 114.000 píxeles. No es un cambio menor, porque éste era un atributo muy poco logrado en la Z3, tanto por tamaño como por resolución. Lo único bueno que tenía el monitor precedente era su excelente velocidad de refresco, característica que la Z5 mantiene, logrando una imagen continua y sin sobresaltos, lo que contribuye a las bondades de esta cámara para la fotografía instantánea. No podemos negar que se han visto pantallas mejores, más nítidas y claras. Pero con toda seguridad, ésta es una novedad acertada y muy bienvenida. En cambio, el visor electrónico sigue siendo la pieza más lamentable -con diferencia- de esta cámara, igual que sucedía en todas las anteriores. Su escaso contraste y peor brillo resultan en una imagen oscurantista de colores fúnebres que apenas permite discernir la escena y mucho menos el correcto enfoque de la imagen. y un millón más en la cuenta La otra novedad que brinda la Z5 es la mayor resolución del sensor. El nuevo CCD de 1/2,5 de pulgada tiene ahora 5 megapíxeles, lo que confirma definitivamente su pertenencia al club de compactas de gama alta. No es que la Z3 fuera de gama baja precisamente, pero en este mundo de apariencias sí viene de un millón más o menos. Vanidades aparte, este incremento implica, lógicamente, un nuevo tamaño máximo de la imagen, que llega ahora hasta los 2560 x 1920 píxeles, pero no parece que ésta sea la única consecuencia, como veremos a continuación. Ruido y dominantes Será por haber colocado más píxeles en un sensor del mismo tamaño, o será porque algún duende maligno se ha colado en su interior, pero la Z5 tiene un evidente problema de ruido. Ya a partir de 100 ISO, el "grano" es claramente visible, demasiado para esta sensibilidad. Pero a 200, y muy particularmente a 320 ISO, el ruido es sencillamente grosero. Está claro que en Konica Minolta no son ajenos a este problema, porque la sensibilidad máxima se ha reducido dos tercios de punto respecto a los 400 ISO de la Z3, y el tiempo máximo de exposición ha pasado de 15 a 4 segundos. Por supuesto, el modo B ha sido eliminado de manera fulminante. Lo recomendable es mantener siempre el sistema Anti-Shake activado -muy efectivo- para poder trabajar siempre a 50 ISO, que es la única sensibilidad a la que se mantiene el ruido a raya. En otro orden de cosas -sensor aparte-, el balance de blancos automático también tiene sus limitaciones. Si bien la luz de día no supone ningún problema, la iluminación fluorescente lo despista un poco, mientras que la luz incandescente provoca un resultado grotesco, con una dominante naranja tan pronunciada que hay que verlo para creerlo. El prefijado para fluorescente resuelve dignamente la cuestión, pero lo de la luz de tungsteno sólo se salva mediante el prefijado manual. Por su lado, el flash tampoco queda libre de su propia dominante, magenta, aunque en este caso no es particularmente grave. Telescopio compacto Sin variaciones en este aspecto, la Dimage Z5 puede seguir presumiendo de un zoom con un rango focal espectacular: 35-420 milímetros equivalentes, lo que significa una versatilidad extrema en este sentido. Olvidad el zoom digital ¿quién quiere estropear la imagen teniendo semejante telescopio óptico? Además, su abertura máxima de f2.8 (en angular) y f4.5 (en tele) supone una luminosidad más que notable en un zoom tan extenso y de tan discreto diámetro. El enfoque macro también mantiene sus interesantes capacidades. Hay que activarlo pulsando el botón correspondiente (situado junto al botón del flash y frente al dial de modos), lo que permite acercar el objetivo a 10 centímetros de la escena, en gran angular. Lo bueno viene pulsando dos veces dicho botón, porque la distancia mínima se recorta hasta 1 centímetro y el zoom se coloca automáticamente en la focal equivalente a 62 milímetros. Con este supermacro, los aficionados al detalle tendrán juguete para rato. En honor a la verdad, hay que decir que no es un objetivo de gran definición ni ofrece las imágenes más limpias y contrastadas; es cierto. Como ya se dijo de la Z3, habrá quien legítimamente prefiera menos focal y más calidad. Pero la dignidad de este complejo sistema óptico es indiscutible (sobre todo teniendo en cuenta la buena luminosidad y su enorme amplitud focal), más que suficiente para satisfacer la exigencia media que presumiblemente puede pedirse a una cámara como la Z5. Buenos reflejos Puede que no sea la cámara más rápida de su categoría en lo que a tiempos de proceso se refiere, empezando por el arranque, que no es ninguna maravilla. Pero no puede negarse que goza de una buena agilidad operativa. Como ya se ha dicho, la mayoría de operaciones están a uno o dos clics, lo cual contribuye favorablemente a no perder demasiado el tiempo en operaciones previas al disparo. Además, las opciones de disparo en ráfaga son muy interesantes. El modo continuo dispara unas 2 imágenes por segundo; ni rápido ni lento, sino en la media. Pero lo sorprendente son los 20 disparos seguidos que es capaz de realizar, en el modo ultra-rápido, a más de 10 fps. Por si esto no fuera suficiente, el modo progresivo permite hacer lo mismo sin límite de imágenes, aunque sólo "recuerda" las últimas 20 fotos. Estos dos últimos modos fijan el tamaño de la imagen a 1024 x 768 píxeles. Vista cansada Por su parte, el enfoque automático también es ciertamente veloz, pero sería poco acertado decir que es preciso, porque el sistema comete errores sutiles en muchas ocasiones, resultando en imágenes con el enfoque ligeramente desplazado. Aparentemente, este desplazamiento sólo se debe al habitual problema de los autofocos "inteligentes", que abusan erróneamente de su poder de decisión, si se nos permite el giro animista. La solución pasa por bloquear esta capacidad de decisión, ya que el sistema se pasa de listo, fijando la zona de enfoque en el centro. Pero lo que sí es grave es que, en ciertas ocasiones, la cámara da por válido el enfoque habiéndolo errado por completo. El resultado, si no prestamos atención, es una imagen desenfocada por completo. Esto no sucede continuamente, pero tampoco es raro que ocurra; francamente, no es de recibo. Información clara y accesible La Dimage Z5 ofrece un excelente nivel de accesibilidad, tanto por los escasos clics que llevan hasta la mayoría de opciones como por la claridad de la información que se muestra en la pantalla. Por ejemplo, los botones de dirección permiten (en modo manual) modificar de forma sencilla la velocidad de obturación y la abertura. Los correspondientes valores se vuelven rojos cuando estamos fuera del rango aceptable de exposición, y además, la pantalla se aclara u oscurece mostrando una fiable previsualización de la exposición de la imagen. En cuanto a los menús, son completamente contextuales y sólo muestran la información relevante según el modo de exposición elegido, siendo el manual el que más opciones ofrece. Son muy completos, muy claros y de uso muy intuitivo. Excelentes, sin duda. Lástima que algunas opciones de uso corriente se encuentren demasiado escondidas, como la sensibilidad y el balance de blancos. Una de cal y otra de arena Esta nueva entrega de la saga Dimage Z, la cuarta aunque lleve un 5 detrás, es a primera vista un clon de la Z3. De las dos novedades incluidas, sólo una se ve, aunque ambas se notan. En la fotografía digital, nadie parece poner "peros" al incremento, sea de megapíxeles, de pulgadas, de milímetros o de lo que haga falta. Está claro que una pantalla mejor y de más tamaño era una necesidad evidente en la Z3, como también está claro que lo bueno no hace falta cambiarlo. Tampoco hace falta cuestionar la conveniencia del millón de píxeles añadidos al sensor, aunque nos preguntamos si el ruido no será un precio demasiado alto. Lo que ya no queda tan claro es por qué nos miente el autofoco, y menos claro queda aún qué pecado hemos cometido para tener que aguantar durante tantas "zetas" un visor de bochorno. No son males menores, pero tampoco sería justo condenar la cámara por ello. Si de la Z3 dijimos que era la mejor de su serie, esta vez no osamos dictar sentencia, aunque 2 pulgadas de pantalla resultan muy tentadoras como para dejar la Z5 en un segundo puesto. A quien posea la tercera no le hará falta la quinta, y quien mire el clan con cariño pero todavía no lo haya catado, que se decida por lo último. Ahí va pues una opinión velada. TEXTO: Alfred Pallàs FOTOS: Iker Morán |
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