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Dimage Z3

Características
Punt. usuarios: 3,95068493150685 puntos (las puntuaciones se han elaborado en base a la media de las votaciones efectuadas por los usuarios/as de QUESABESDE.COM)
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Sensor: CCD de 4,00 MP
Máx. res.: 2272 x 1704 p.
Objetivo (35 mm): 35,0-420,0mm
Zoom: 12x (óptico) / 4x (digital)
En dos palabras
La mejor de las tres "zetas" aparecidas hasta la fecha, con un teleobjetivo de 420 mm y tecnología Anti-Shake
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Análisis
lunes, 04 de octubre de 2004

A la tercera va la vencida

El clan Dimage Z vuelve a la carga con la tercera generación. La Z3 goza de importantes cambios respecto a su predecesora, comenzando por la acertada sesión de maquillaje a la que se ha sometido y que le confiere un aspecto más sólido y fiable y una manejabilidad muy mejorada. Dos grandes novedades técnicas colman las expectativas de cambio: un zoom todavía más largo que la Z2 y el ansiado estabilizador que permite disfrutar, ahora sí, de sus impresionantes 420 mm equivalentes. Muchos aciertos y pocos descuidos convierten la Z3 en una de las más apetitosas de su gama, aunque no por ello esté exenta de defectos.

La Dimage Z3 está entre nosotros oficialmente desde julio de 2004, cuando Konica Minolta hizo su bautismo público. Acostumbrados como nos tenían al aspecto jupiteriano de las Zetas precursoras, podría decirse que la tercera generación da un sutil giro hacia un futurismo algo más… chic.

El chasis ha abandonado el plateado reluciente de la Z2 y ahora muestra una fachada de titanio aparente; a lo Guggenheim de Bilbao, pero en pequeñito y de plástico. Y conste que no es por comparar, porque las sinuosas y casi imposibles formas del museo vizcaíno todavía están por ver en el mercado fotográfico.

Copyright © 2006 quesabesde.comCopyright © 2006 quesabesde.com

Acompañando el cambio de color, se han suavizado las formas que consiguen ganar en elegancia todo lo que se pierde en agresividad, si bien se mantiene la estructura general de su predecesora.

Mejoras ergonómicas para la nueva máscara

Los cambios visibles de la Z3 no terminan en lo puramente estético. Prácticamente toda la metamorfosis externa incide, de uno u otro modo, en una mejora del agarre de la cámara, así como de la accesibilidad y el manejo a ciegas de sus mandos.

El ejemplo que mejor ilustra esta combinación estético-ergonómica es, seguramente, el botón del obturador: ovalado, mayor que el de la Z2, orientado 45 grados hacia delante y colocado en el centro de un voluminoso marco de color gris oscuro que se extiende a lo largo del frente de la empuñadura. Estilizado y sobrio.

El resultado es un botón que se acomoda a la posición natural de la mano -por su orientación oblicua-, de tacto preciso -por su mayor tamaño- y fácil de localizar a tientas, gracias al relieve del marco que lo envuelve. Al mismo tiempo, la extensión del marco a lo largo de la empuñadura -un elemento que parecería exclusivamente decorativo- cumple también su función de seguridad al evitar su sobrerrelieve que se nos escape de los dedos.

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Otro de los elementos prácticos y a la vez formales de la Z3 es la goma antideslizante que cubre los lados derecho y posterior de la empuñadura, y también el costado izquierdo de la cámara.

Además, el cambio de "look" resuelve suficientemente una de las quejas más habituales de sus antecesoras: su apariencia quebradiza. La Z3 parece, a primera vista, notablemente más sólida, y también, gracias a un ligero aumento de peso (30 gramos), más estable.

De todos modos, hay que decir que algunos elementos siguen apareciendo demasiado frágiles, como la tapa del compartimento de las pilas, la tapa de conexiones y la tapa de la tarjeta de memoria. Esta última se encuentra ahora en la base de la carcasa y tiene una cierta tendencia a abrirse accidentalmente.

La lista de cambios externos sigue con casi todos los controles de la Z3. El mando de control del zoom sigue en su sitio, todavía interfiriendo un poco en el manejo a ciegas del dial de modos de exposición, pero resulta menos problemático que el de la Z2 porque es algo más corto y más ancho. Su forma ovalada, además, hace que pueda manipularse con facilidad.

Por otro lado, el botón de encendido y apagado, que sigue situándose en el centro de la palanca de selección de los modos de grabación y reproducción, es algo más pequeño y está ligeramente más escondido que en la versión anterior, lo que ayuda a evitar encendidos y apagados accidentales de la cámara.

También ha cambiado el mando que controla las dioptrías, ahora una ruedecilla. El de la Z2 no estaba muy logrado, y su manipulación era una tarea incómoda. Si no fuese porque va más dura que una tuerca oxidada, convertirla en una ruedecilla dentada y situarla a la derecha del visor hubiera sido, en principio, una buena idea, contra la cual sólo encontraríamos argumentos las y los zurdos de vista (quienes encuadramos con el ojo izquierdo), que también existimos; algún día hablaremos de ello.

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El resto de mandos (los botones "Info", "Visualización rápida/Borrado", "Menú" y "Set") siguen estando en el mismo lugar y disposición, pero los botones en cruz que controlaban el cursor en la Z2 se han sustituido, acertadamente, por un mando circular basculante que facilita, una vez más, su localización y manejo a ciegas.

Hasta aquí lo que se ve. Comencemos ahora por lo que se siente, lo que hay dentro de esa carcasa de diseño.

La mejor dotada de la familia, y algo más

La mejor baza de esta cámara la encontramos en su lente de focal variable. Si la Z2 batía todos los récords de longitud focal en una digital compacta, la Z3 estira el rango focal por ambos extremos como si fuera un elástico que sigue dando de sí cuando ya parecía imposible.

En paso universal, la variación focal de este aparato equivale a 35-420 mm, frente a los 38-380 mm de la Z2. En términos prácticos, podemos decir que un 35 mm no es mucho más angular que un 38 mm; de la misma forma, es cierto que casi todo lo que puede hacerse con 420 mm puede ser resuelto con 380 mm sin mayores problemas. Aunque muy probablemente encontraremos situaciones en las que llegaremos a agradecer estos cambios.

Para tanta focal larga hacen falta sistemas anti-temblor, porque tanto aumento no lo aguanta ni el pulso más aguerrido. Pues ahí está el ansiado Anti-Shake, que Konica Minolta por fin se ha decidido a incorporar a su Z3.

Puede elegirse entre conectar el Anti-Shake, desconectarlo o, si se prefiere, mantenerlo conectado para la captura de la imagen, sin aplicar el estabilizador al monitor ni al visor electrónico.

Poca cosa más podemos decir al respecto. Ahí está, funciona correctamente (la diferencia es notoria, como puede observarse en las fotos de muestra) y nos alegramos de que así sea.

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Un claro ejemplo de la eficacia del sistema de estabilización Anti-Shake. La muestra de la izquierda se ha realizado prescindiendo de éste; en la de la derecha, está activado.

La versatilidad que ofrece esta óptica es indudable. ¿Somos suficientemente ilustrativos si decimos que en ese rango focal cabe desde el pajarito que se ha posado en el tejado del vecino hasta la mesa del bar con colegas y cervezas incluidas?

Incluso cabe un mosquito tigre, que debe de llamarse así por su mala gaita más que por su tamaño… de mosquito. Un centímetro de aproximación al sujeto (en el modo Super-Macro) es suficiente para sacarle, al insecto, hasta las arrugas. Exagerando un poco, claro.

En lo que respecta a la luminosidad del objetivo, no hay nada que objetar a una abertura máxima de f2.8-4.5. Un valor f que es ligeramente más cerrado que el que ofrecía la Z2 en su focal máxima, precisamente porque ésta era más corta que los 420 mm de la Z3. En pocas palabras, se mantiene el buen rendimiento en este aspecto.

En cuanto a aberraciones cromáticas y distorsiones, no hemos observado nada significativo, aunque cabe decir que tampoco nos entusiasma la calidad cromática de las imágenes resultantes. Pero eso ya es un problema a medio camino entre los cristales del sistema óptico y la parte digital de la cámara.

Los reproches

Desde luego, no todo son virtudes. Efectivamente, se produce una especie de destello al hacer zoom sobre una imagen capturada, concretamente en el paso que va de 3,4x a 3,6x. Alguna neurona le ha quedado suelta al firmware que provoca esta anomalía ya reportada por varias personas.

Por otro lado, sigue sin existir ninguna luz auxiliar para el autofoco, y aunque parece que en condiciones de luz escasa funciona mejor que en la Z2, sigue siendo un problema enfocar en ciertas circunstancias.

Tampoco hay que olvidarse del monitor y el visor electrónico. El abandono del original monitor-visor de la Z2 parecería darnos la razón a los que no habíamos encontrado grandes virtudes en dicho invento. Pero la realidad es que ahora tenemos una pantalla con menos píxeles. Si hemos de hacer caso de las especificaciones del fabricante, que no sería la primera vez que nos toman el pelo, el monitor TFT de la Z3 tiene 78.000 píxeles, frente a los 113.000 de la Z2. Por su lado, el visor tiene ahora 118.000 píxeles, pero sigue viéndose esa fea y molesta trama de la que ya nos quejábamos en la Z2.

Qué podemos decir: ni nos gustaba un monitor, ni nos gusta el otro. Es pequeño, no tiene una gran resolución, responde peor que otras pantallas a las condiciones de iluminación intensa y reproduce las imágenes con poca fidelidad: ni buena definición, ni buen color. ¿Y qué decir del visor? Pues que es tosco y tiene un color lamentable. Pero ya hemos dicho que el color no nos parece precisamente lo mejor resuelto de esta cámara, así que…

Seguramente podrá comentarse que los monitores y visores que andan por ahí pegados a otras cámaras tampoco son de Nobel, lo que no deja de ser cierto, pero tampoco aumenta la calidad del modelo que nos ocupa.

Tampoco acaba de convencer el flash. Insuficiente como es para prácticamente todo el rango focal del objetivo, tiene tendencia a quemar en los planos cercanos. Es poco controlable, y de lo poco que se puede manejar, la mitad está escondida entre los menús. Nadie pide un flash para iluminar a 50 metros, pero dada la realidad focal de esta cámara, el flash podría lucirse en las distancias cortas, cosa que no sucede en absoluto. Acoplar un flash compatible en la correspondiente zapata de la cámara puede ser una buena idea si el incorporado no satisface nuestras necesidades.

El repaso habitual

Una noticia quizás poco significativa pero no insignificante, es que el temporizador puede programarse ahora a 2 ó 10 segundos, mientras que la Z2 sólo permitía programarlo a 10 segundos, que a veces es un tiempo excesivo.

Pueden grabarse clips de vídeo con sonido a 15 y 30 fps, de 640 x 480 píxeles en calidad alta y estándar, y de 320 x 240 píxeles en calidad estándar, sin otro límite de tiempo que la capacidad de la tarjeta.

Todo esto queda registrado en el mismo sensor que la Z2: un CCD de 1/2,5 de pulgada que permite fotografiar imágenes de un máximo de 2272 x 1704 píxeles.

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De la alimentación se encargan cuatro pilas de tipo AA, Ni-MH o alcalinas. El consumo de baterías de las cámaras digitales no siempre es un problema bien resuelto, y la Z3 no sobresale en ese aspecto. El consumo es elevado, sí, como en la mayoría. Habrá que pensar en energías alternativas para mantener las necesidades de consumo de estos aparatos, si no queremos acabar insertando 24 pilas en las cámaras que han de venir…

¿Vale la pena?

No pueden darse respuestas unívocas a esta pregunta, pero ésta es una cámara capaz de satisfacer las necesidades de un amplio y variado sector.

No dejamos de recordar que una buena parte de la afición fotográfica disfruta moviéndose con la cámara en la mano, a un lado y a otro, en busca del punto de vista perdido. Gente a quien le gusta aproximarse al sujeto e interaccionar con él, convertirse en parte, aunque externa, de la propia imagen. A toda esta gente, lo que le hace falta no son milímetros, sino calidad cromática y buena definición en las imágenes, algo que la Z3 ofrece con algunas limitaciones.

Desengañémonos: como sucede en el campo de los sensores, donde gana quien lo tiene más grande, este "más difícil todavía" con la óptica no deja de ser la muy vieja competición para ver quién la tiene más larga.

Eso sí, está claro que el fabricante y los propietarios de la Z3 pueden presumir de tener la cámara más bien dotada de su especie. No cabe duda que su zoom cautiva a los amantes de las emociones a larga distancia, que su buena predisposición a la fotografía rápida puede satisfacer a muchos aficionados al deporte y que su apariencia llama la atención a primera vista.

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Si el "galacticismo sesentero" de la Z2 tiene sus acérrimos detractores y sus fans inalterables, la nueva Z3 puede conseguir mayor consenso estético entre la consumidora población. Además, sus mejoras en el aspecto y la ergonomía la convierten finalmente en una cámara para ser tomada en serio.

La Dimage Z3 es, sin duda, la mejor entre sus tres hermanas y por su versatilidad y características únicas puede decirse que es una de las buenas opciones que existen entre cámaras de precio similar. Sin mojarse más.

TEXTO: Alfred Pallàs
FOTOS: Núria Aguadé

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