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![]() Dimage Z2Características ![]() Punt. usuarios: Máx. res.: 2272 x 1704 p. Objetivo (35 mm): 38,0-380,0mm Zoom: 10x (óptico) Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Konica Minolta Dimage Z2 con nuestras 26 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
martes, 27 de julio de 2004 2004: Odisea Dimage TrekLa Dimage Z2 es una de esas cámaras hechas para llamar la atención al primer vistazo, gracias a su diseño inevitablemente "trekkie", el mismo de toda la familia. Bajo el traje espacial se esconde un zoom con un teleobjetivo de focal astronómica y medidas liliputienses, acompañado por un veloz autoenfoque y buenas prestaciones para la captura de imágenes deportivas. La Z2 es una cámara pensada para llegar, visualmente, muy lejos y con rapidez. Pero también tiene sus problemas. Su cuerpo abrumadoramente plástico (en todos los sentidos) no resulta muy sólido al tacto, y su lente, a pesar de lo publicitado por el fabricante y sin que sea el fin del mundo, no está totalmente exenta de distorsiones de barrilete ni de alguna que otra aberración cromática. En la líneaKonica Minolta presentó la Dimage Z2 en febrero de 2004 (seis meses después de la Z1 y seis meses antes que la flamante Z3) y con unos pocos cambios respecto a su predecesora, como ya es habitual en este mercado. El más significativo: un millón más de píxeles para un sensor algo mayor que el de la Z1, o lo que es lo mismo, 4 megapíxeles efectivos en un CCD de 1/2,5 de pulgada. Con estos atributos, la Z2 puede obtener imágenes comprimidas en JPEG de hasta 2272 x 1704 píxeles. Los otros dos cambios -y los únicos - los encontramos, en primer lugar, en el macro, que ahora permite acercarse a hasta 3 centímetros del objeto. Por otro lado, una ligerísima disminución de luminosidad en la focal larga (¡380 mm!) deja la óptica de la Z2 en una abertura máxima variable de ƒ2,8-3,7, lo que sigue siendo excelente en un zoom de semejante potencia. Y nada más. La carcasa es exactamente la misma y también lo son el resto de sus características. Veámoslo paso a paso. 3, 2, 1 ¡Ignición! Aunque sea reiterativo decirlo, la familia Dimage Z saldría elegida en un casting de cámaras para un "remake" de "2001: Odisea en el espacio", o para cualquiera de las entregas de la saga "Star Trek". Iría de perlas como cámara de bolsillo del racional Mr. Spock, o bien junto a H.A.L. 9000 (el pérfido ordenador espacial de Kubrick) debido a su futurista y sesentera estética, aunque está debidamente actualizada. Y es que la Z2 parece que vaya a despegar en cualquier momento. Como es de esperar, el diseño de la Dimage Z2 despierta odios y pasiones sin término medio. Ya se sabe: para sabores, colores. Pero ese aspecto espacial parece haberse logrado a costa de la solidez de la carcasa. En cuanto colocamos las pilas por primera vez, ya tenemos la impresión que acabaremos rompiendo la tapa del compartimento en nuestro intento de cerrarlo. No temáis, no se rompe tan fácilmente. De hecho no hemos logrado romperla (ni lo hemos intentado, desde luego), pero es una cuestión de piel: tanto plástico la convierte en una cámara blandengue al tacto que recuerda más a un juguete que a un instrumento óptico. Énfasis aparte -esto es algo muy personal-, no es para rasgarse las vestiduras, pero se extraña bastante algo de metal en el cuerpo. De casi microscopio a casi telescopio, aunque no sea oro todo lo que reluce La importante apuesta por la distancia focal es una de las mejores bazas de la Dimage Z2. Su rango focal equivale, en 35 mm, a un 38-380 mm (10x), más 4x de zoom digital, lo que hace de este bicho casi un telescopio en miniatura (40 aumentos en total). La única ausencia es la de un estabilizador de imagen, porque si usamos las focales más largas y disparamos a menos de 1/250 de segundo, puede hacerse necesaria la ayuda de algún apoyo. A pesar de todo, en condiciones normales la luminosidad de esta óptica no suele dar problemas para disparar a altas velocidades. La nueva Z3, en cambio, ya ha sido dotada del sistema Anti-Shake, propio de la firma. Si bien 38 mm no es un angular nada significativo (de todos modos, acepta una lente de conversión de 28 mm), hay que decir que el macro -que se ejecuta en la focal corta- es suficientemente interesante. Para poder enfocar automáticamente, hay que pulsar el botón Macro ubicado delante del dial de exposición una vez; o bien dos veces para activar el "Súper Macro", si queremos llegar a enfocar a 3 centímetros del sujeto u objeto. También podemos arriesgarnos a perder la consiguiente definición, y usar el zoom digital para lograr una gran reproducción de un pequeño objeto. Poco que objetar en una óptica que permite reproducir una pequeña flor silvestre como si fuera una magnolia y la luna como si de un melón al alcance de la mano se tratase. Lo que ya no está tan claro es la exactitud de la publicidad de Minolta en cuanto a las extraordinarias propiedades de su lente apocromática, gracias a sus elementos asféricos (para suprimir la distorsión) y de vidrio (para asegurar la máxima fidelidad de color). Pues bien: la lente provoca una ligera distorsión de barrilete (que convierte las líneas rectas en abombadas en los extremos de la imagen) y además presenta alguna aberración cromática, como queda ejemplificado en las imágenes de muestra; por ejemplo, en la imagen del disquete donde puede apreciarse un reborde amarillo entre el objeto y su sombra. Aun así, la complejidad de este tipo de óptica justifica estas imperfecciones, que se ven compensadas por sus otras cualidades.
Enfoque rápido Konica Minolta presume también de su veloz sistema de autoenfoque y, realmente, no está nada mal. Es decididamente rápido y silencioso, además de ofrecer múltiples opciones de control del sistema de enfoque. Por un lado, el enfoque manual cuenta con una de esas barras de distancias (que aunque no molestan tampoco suelen ser de gran utilidad) y una ampliación del área central de la imagen, que sí ayuda. Por otro lado, podemos seleccionar el enfoque automático en los modos sencillo (bloquea el foco una vez enfocado el sujeto) o continuo (para sujetos en movimiento). También podemos activar o desactivar el AF Continuo (ya es mala sombra ponerle el mismo nombre), con el que la cámara está enfocando constantemente aunque no presionemos el obturador, lo que no sólo sirve para gastar mucha batería, sino para estar -como los Boy Scout- siempre listo ante los imponderables. Halagadas todas las gracias del enfoque automático de la Z2, hay que añadir algunas objeciones, y es que si todo fuera blanco o negro podríamos elaborar estos análisis con plantilla, que no es el caso. Como muchísimos sistemas de enfoque de cámaras digitales compactas, el de la Z2 tiene gustos más bien exquisitos. No sólo se despista en las superficies especulares o lisas, sino que la lista de superficies "non gratas" se amplía considerablemente (por ejemplo, en una pared blanca estucada, suficientemente vieja y sucia como para ofrecer múltiples puntos de contraste al sensor AF). Ni la Nikon 801 -una réflex de lo que ahora nos parece el Neolítico de la fotografía- se perdía tanto. Pero, insistimos, éste no es un patrimonio exclusivo de la Z2 ni de su fabricante, sino que es un mal común en muchas compactas digitales de precio medio. Otro problema que atañe al común de las cámaras sin visor óptico es la relativa facilidad con la que, en las escenas nocturnas, llega a no verse absolutamente nada en el monitor ni en el visor, por lo que el encuadre puede convertirse en un proceso de lo más artesanal. Este problema se soluciona con imaginación y paciencia. Lo que ya no resulta tan sencillo de resolver, bajo estas circunstancias de escasa iluminación, es el enfoque, porque si la pantalla no muestra nada y la cámara es incapaz de enfocar por sí sola (dada la falta de luz de apoyo al autoenfoque) ya me diréis cómo se soluciona el problema. El monitor que sube y baja No podemos dejar de comentar, aunque nos repitamos, el curioso funcionamiento del binomio monitor-visor. A pesar de no ser una gran pantalla (se trata de un monitor TFT de 1,5 pulgadas) tiene una excelente característica: su velocidad de refresco a 60 fps que logra mostrar una imagen continua y no sincopada que ayuda mucho en las tomas de fotografía deportiva o en las instantáneas en general. El mismo monitor que vemos en el respaldo proyecta la imagen hacia el visor en cuanto seleccionamos la opción pertinente (con un accesible conmutador bajo la pantalla). Entonces se acciona un sofisticado mecanismo de espejos que logran proyectar el monitor hacia el visor. Así, en la Z2 el monitor hace las veces de visor. La gran ventaja de este invento, supuestamente, es que al tratarse de la misma pantalla, el brillo, contraste y color de la imagen se mantienen intactos cuando miramos por el visor. Pero decimos supuestamente, porque eso en realidad no es del todo cierto. Aunque la pantalla sea la misma, alguna cosa sucede en el trayecto, puesto que mirando el visor observamos claramente una tosca trama que se superpone a la imagen y que da la apariencia de una baja definición. Este problema se debe, seguramente, al juego de lentes que acompañan los espejos, que magnifican los píxeles del monitor al proyectarlo hacia el visor. Por ello, se ve afectada la percepción de la calidad de imagen, en la que no se observa ni mucho menos el detalle que puede verse en pantalla (cuando no hay demasiada luz ambiental ni la escena es demasiado oscura, claro). Y a menos detalle, más complicado resulta -una vez más- juzgar la precisión del enfoque por parte del usuario o usuaria. La miscelánea Como su predecesora, la Z2 ofrece un amplio abanico de control sobre la exposición. Cinco modos preestablecidos (los habituales retrato, acción deportiva, paisaje, luces crepusculares y escena nocturna) más uno de selección automática; prioridad a la abertura o a la velocidad, modo programa y modo manual. El rango de velocidades de exposición va desde los 1/1000 hasta los 15 segundos, igual que en la Z1. Además, incluye el modo T, que funciona igual que el bulb (B), con la única diferencia que hay que pulsar dos veces el obturador (la primera para abrirlo y la segunda para cerrarlo), permitiendo exposiciones de hasta 30 segundos. El sistema de reducción de ruido es considerablemente efectivo en las exposiciones largas, pero esta virtud puede verse ensombrecida por las complicaciones que presenta el enfoque -como ya hemos comentado- precisamente en esas escenas en las que necesitamos mucho tiempo de exposición. Ya que estamos con el ruido, recordaremos que el rango de sensibilidades de la Dimage Z2 es de 50, 100, 200 y 400 ISO. Mucho detalle a 50 y 100 ISO, y una pérdida progresiva pero no problemática a los 200 y los 400 ISO. Los modos de balance de blancos funcionan razonablemente bien, aunque los preestablecidos y el manual tienen mejor respuesta que el automático. No nos extenderemos sobre la accesibilidad de los controles de la cámara, porque no presentan diferencia alguna respecto a la Z1. Basta decir que el zoom sigue controlándose desde un mando basculante que se encuentra en la parte posterior de la empuñadura, que sería cómodo de no ser por su ubicación algo molesta por su excesiva cercanía al dial de exposición. Aunque los dedos se acostumbran rápido a casi todo. Sin dejar la cuestión de la accesibilidad, para llegar a algunas de las opciones más habituales hay que sumergirse en los menús y no están demasiado a mano. El balance de blancos, los modos de enfoque y de disparo o el control de sensibilidad, por ejemplo, están a unas cuantas pulsaciones de botón, y la única tecla programable es la que originalmente está reservada al control del flash. No es que los menús sean malos, que no lo son, pero podría haberse aprovechado mejor tanto botón en la carcasa. Otra de las prestaciones que puede resultar interesante a más de un aficionado y aficionada es la posibilidad de grabar secuencias de vídeo de buena calidad (800 x 600 píxeles a 15 fps, o hasta 640 x 480 píxeles a 30 fps). Además de poder usar varios controles (zoom óptico y digital, macro, modos de enfoque manual y automático, modos de color y de balance de blancos, entre otros) también incluye una sencilla pero útil función para editar el vídeo en la misma cámara, cosa que permite ahorrar espacio en la memoria al cortar planos que no nos interesan. Una zapata justo encima del visor permite acoplar flashes Minolta de la serie Program Flash, por si el que viene incorporado nos queda corto. Y eso que no es poca cosa, porque tiene un número guía 12, pero con la gran distancia focal que ofrece el objetivo fácilmente necesitaremos un destello de mayor potencia si nos da por los sujetos rápidos y lejanos, como nos encontramos, por ejemplo, en las acciones deportivas. Hablando de deportes, otra de las cartas altas con las que juega esta cámara son sus prestaciones para la fotografía rápida. Además del muestreo de imagen a 60 fps, la Z2 incluye también un potente buffer de 32 MB que ofrece una multiplicidad de opciones de disparos en ráfaga (hasta 15 imágenes de 1280 x 960 píxeles a 10 fps), con una opción tan original como el disparo progresivo, que va capturando imágenes mientras se mantiene el obturador presionado y, al soltarlo, guarda solamente las 5 ó 12 últimas, según el modo de avance elegido. A esto ayuda considerablemente su sistema de enfoque continuo, capaz de bloquear de forma pasiva el sujeto y así mantenerlo medianamente enfocado para facilitar la tarea al enfoque activo cuando presionamos ligeramente el obturador. Por último, recordemos que la Z2 se alimenta con cuatro pilas alcalinas AA no recargables (acepta también pilas recargables Ni-MH) y puede guardar las imágenes en una SD Card o una MultiMedia Card. Esto es lo que hay Sin duda, la Z2 es una cámara con la que se pueden hacer muchas, muchísimas cosas. Absolutamente llamativa en su aspecto físico, ofrece, como hemos visto, múltiples opciones de control y otros tantos caramelos añadidos. Sin ser de bolsillo, es ligera y transportable, y ofrece respuestas suficientemente rápidas en situaciones en las que no todas las compactas digitales responden. Pero está claro que no es un reloj suizo. Estas cosas suelen pasar cuando los fabricantes intentan deslumbrar a sus potenciales clientes con grandes y luminosos titulares. A veces se prioriza la cantidad y espectacularidad de algunos "juguetes" que ofrece el aparato (zooms descomunales y diseños atrevidísimos, por ejemplo) y luego descubrimos que, para mantener el precio, hay que relativizar la calidad de otras partes de la cámara. Algo parecido sucede con aquellas minicadenas para reproducir música que, para suplir ciertas deficiencias, añaden una miríada de funciones y lucecitas espectaculares. Pero desde luego, la pirotecnia no hace daño a nadie y esta es una cámara recomendable para mucha gente. Simplemente, otras u otros preferirán un equipo con menos prestaciones pero de más calidad. Es, una vez más, una cuestión de gustos. TEXTO: Alfred Pallàs FOTOS: Núria Aguadé |
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