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![]() Dimage A2Características ![]() Punt. usuarios: Máx. res.: 3264 x 2448 p. Objetivo (35 mm): 28,0-200,0mm Zoom: 7x (óptico) / 2x (digital) En dos palabras Una completísima cámara compacta de 8 MP, de elevado rendimiento, gran funcionalidad y una notable calidad de imagen Precios No hay precios disponibles Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Konica Minolta Dimage A2 con nuestras 39 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
lunes, 31 de mayo de 2004 Equilibrio sobre 8 megapíxelesDespués de la Sony Cyber-shot DSC-F-828, la Canon PowerShot Pro1, la Olympus Camedia C-8080 WZ, y la Nikon Coolpix 8700, llega ahora a nuestra redacción la última -por el momento- de las máquinas compactas de 8 megapíxeles que nos faltaba por conocer: la Konica Minolta Dimage A2. Inspirada en la Dimage A1, su hermana pequeña de 5 megapíxeles, la A2 presume de algunas de las prestaciones más exclusivas de este selecto grupo de cámaras digitales. Lo más llamativo, el sistema de estabilización de imagen Anti-Shake, al que complementan una potente óptica con zoom y anillo de enfoque de regulación manual, un visor electrónico de impresionante resolución y un elevado nivel de control manual. En suma, como una de las opciones más interesantes para los que no quieren -o pueden- optar por un equipo réflex digital. Herencia estéticaPese a no cambiar ni un solo tornillo de la Dimage A1 -sus diferencias físicas son mínimas-, la A2 exhibe un imponente aspecto. Y es que, reducción de costes de fabricación al margen, la combinación de su diseño réflex de cuerpo negro con una nutrida cantidad de botones y mandos la convierten en una máquina atemporalmente atractiva. Asimismo, las inserciones de goma en la empuñadura, en el anillo manual del zoom y en el ocular del visor le confieren un toque adicional de profesionalidad. Contribuye también a ello el empleo de magnesio en la construcción de la carcasa, excepto en las tapas plásticas de los compartimentos de la tarjeta y la batería y el brazo del flash. Ya entre las manos, equipada con la batería y la tarjeta de memoria, se hacen patentes su robustez y buena ergonomía, el agradable tacto general de los acabados y el equilibrado tamaño para la mayoría de manos de talla M: ni muy grande ni demasiado pequeño. A diferencia de otras cámaras digitales en las que la pantalla TFT suele cobrar todo el protagonismo de la parte posterior, en la Dimage A2 esta relación se invierte. Y es que el prominente visor orientable en 90 grados le roba casi toda la atención al discreto monitor de 1,8 pulgadas, carente de toda clase de protección. Además, su movilidad se reduce a una inclinación de 20 grados hacia abajo y otros 90 hacia arriba con respecto al respaldo del cuerpo, y no dispone de ningún brazo basculante de orientación múltiple. No obstante, el monitor TFT sólo es discreto en apariencia. En este sentido, puede considerarse que sí son remarcables su definición y buena visibilidad, incluso bajo condiciones de iluminación intensas. Un visor inédito Más allá de protagonismos estéticos, el visor de la Dimage A2 despunta por unas prestaciones fuera de lo común. Su impresionante resolución -que roza el millón de píxeles- y su velocidad de refresco -variable entre los 30 y los 60 fps- lo convierten en la alternativa electrónica más parecida a un visor réflex convencional. Tales características lo hacen capaz de afrontar, con sobradas garantías de éxito, todos los encuadres, incluso los de enfoque más crítico, como los macro o telefoto. Esta cualidad es, precisamente, la que hace que la dinámica de uso de la Dimage A2 pueda fundamentarse en el empleo continuo del visor, relegando el monitor TFT a la visualización de los resultados, como en los equipos réflex digitales. Como culminación de esta magnífica prestación, la Dimage A2 hereda de su predecesora la gran versatilidad para visualizar -léase encuadrar- la imagen. Así, mediante una palanca de tres posiciones situada junto a la pantalla TFT, podemos seleccionar una de las tres modalidades de visualización de la toma disponibles, a saber: con el visor electrónico activado, pero sólo mientras el ojo permanece pegado a su ocular (ello es posible gracias a un sensor de proximidad instalado en el mismo visor); con la pantalla encendida hasta que la cámara detecta que el fotógrafo acerca la cara al ocular, momento en el que ésta se apaga y se activa el visor, y viceversa; finalmente, la tercera modalidad mantiene siempre el monitor TFT en marcha, igual que en cualquier otra cámara digital. Cabe mencionar, por último, que la Dimage A2 incorpora un práctico sistema -desconectable a voluntad- que facilita el encuadre de la toma cuando la iluminación disminuye. Éste aumenta la ganancia y convierte la imagen al blanco y negro para mejorar la visualización del encuadre, tanto por el monitor como por el visor. Objetivo de tipo réflex A diferencia de algunas de sus rivales de 8 megapíxeles en las que la óptica necesita proyectarse al exterior mediante alguna clase de servomecanismo (con la ayuda de un motor), la disposición del objetivo en la Dimage A2 es casi idéntica a la de un equipo réflex. Así, es el anillo manual del zoom -algo duro en su recorrido, pese a que con el uso se suaviza- el que extiende, según la distancia focal seleccionada, el cuerpo del objetivo en toda su longitud. La óptica zoom de 7 aumentos (28-200 mm, en 35 mm) que equipa la Dimage A2 merece elogios, puesto que tanto su completo rango de distancias focales como su luminosidad (f2,8 - f3,5) son destacables. El objetivo de la Dimage A2 rezuma tanta calidad como el de la Dimage A1, al menos en su capacidad para no producir aberraciones cromáticas. Su único punto crítico radica en un sensible -pero nada importante- grado de deformación en su angular. Otras de las interesantes características de este objetivo son su anillo electrónico de enfoque manual, de buen agarre y con dos velocidades de avance, y su doble posición macro. Gracias a la primera de estas características, puede uno mirar por el visor y llegarse a sentir que está empuñando una réflex. Por su lado, las dos posiciones macro -una en angular y otra en tele- permiten jugar con el tamaño del encuadre para conseguir, por ejemplo, primerísimos primeros planos de un insecto sin necesidad de meterle la cámara entre las patas. Un equilibrado reparto de mandos La distribución de los mandos de la Dimage A2 puede dividirse verticalmente en dos partes: las que delimitan el visor y la pantalla TFT en el cuerpo de la cámara. Así, la mano derecha empuña, navega, regula y dispara sin problemas. Lo hace mediante un dial de modos, dos diales de variación de parámetros, un cursor de cuatro direcciones con pulsador central, siete botones, dos conmutadores y un disparador. La mano izquierda, por otro lado, queda libre para conducir el zoom y regular el enfoque mediante los anillos manuales, así como para realizar ajustes puntuales de la exposición -con dos diales, un conmutador y un botón- y sujetar la máquina por la óptica. Como complemento testimonial a su amplio nivel de control, no le falta a la A2 la clásica pantallita LCD retroiluminada que permite comprobar los parámetros principales de funcionamiento. Intuitiva Tras el ineludible repaso del manual en formato digital (PDF) entregado con la Dimage A2, la dinámica de uso de la máquina irá cobrando agilidad a base de dedicación. Aun así, lo cierto es que la amplia disponibilidad de claros controles de acceso directo se muestra, desde el principio, como una aliada para hacer más intuitiva la regulación de lo imprescindible en un instante. Otra de las recompensas de poder acceder a los ajustes básicos desde botones directos se manifiesta en la limpieza y simplicidad final del menú principal de la Dimage A2. La navegación resulta ágil pese a la cantidad de opciones incluidas, a lo que contribuye la clara distribución repartida en un total de dos apartados. La Dimage A2 también puede configurarse a la carta. Basta con ajustar la cámara con todos los parámetros deseados y memorizarlos. La cámara ofrece hasta cinco memorias de usuario distintas e independientes. Recuperarlas sólo requiere una visita al dial de modos de exposición y la selección de un número entre el 1 y el 5. Un buen trabajo de diseño. Más allá de la personalización, el manejo de la Dimage A2 está muy próximo al de una réflex de nueva generación. De este modo, la mayoría de ajustes (el control de la exposición, la medición, la sensibilidad y el balance de blancos, entre otros) se controlan mediante la pulsación combinada del botón correspondiente y el giro de los dos diales de variación, asignados a los dedos índice y pulgar de la mano derecha. Buen rendimiento La velocidad de respuesta de Dimage A2 está a la altura de lo que se espera de ella. El corto lag de disparo otorga al fotógrafo la sensación de tener el control sobre el instante de la captura, y tanto la medición como el enfoque automático son lo suficientemente rápidos para evitar sorpresas. El enfoque automático sorprende, además, por su buena respuesta incluso cuando el nivel de luz es más bajo de lo habitual, a pesar de no contar con ninguna clase de luz de apoyo. De todas formas, el autoenfoque de la Dimage A2 muestra alguna imprecisión en ciertas ocasiones, indicando una confirmación de enfoque en la pantalla que no se corresponde con la realidad. En estas situaciones, basta con repetir la medición en el mismo punto u otro cercano para resolver el problema. Entre las modalidades de funcionamiento del enfoque automático, puede seleccionarse un sistema de seguimiento del enfoque de sujetos en movimiento, heredado de la Dimage A1. Sin dejar de ser una buena idea, lo cierto es que sólo resulta verdaderamente útil para seguir objetos lentos o personas andando. Además del sistema de seguimiento y del enfoque manual ya comentados, la Dimage A2 cuenta con un modo de autoenfoque simple, con selección automática o manual del área de medición, y un sistema de enfoque automático "constante". Gracias a él, la cámara mantiene continuamente el encuadre enfocado para acelerar al máximo la medición definitiva y el posterior disparo. Para ahorrar batería, el sistema dispone de un método de activación automático basado en el sensor de proximidad del visor y en un segundo sensor situado en la empuñadura. Así, mientras no se controla la composición por el visor o la pantalla TFT, el motor de enfoque permanece inactivo. No puede concluirse el comentario sobre el buen rendimiento de la Dimage A2 sin aplaudir el buen funcionamiento del sistema de estabilización de imagen Anti-Shake. Ya implementado anteriormente en la Dimage A1, este sistema se basa en el desplazamiento del CCD -que no de los elementos ópticos, como en otros sistemas clásicos- para compensar las vibraciones del cuerpo de la cámara mediante la modificación de la posición horizontal y vertical del sensor. Su eficacia es absoluta y permite bajar la velocidad de exposición, en tomas con tele, hasta valores insospechados e impensables con otros equipos carentes de este sistema. Notable calidad de imagen La mejor baza de las imágenes ofrecidas por la Dimage A2 es la carencia casi absoluta de aberraciones cromáticas de todo tipo y el control mesurado sobre el nivel de ruido en la mayor parte de su rango de sensibilidades. Algo a lo que contribuye, sin duda, la corrección apocromática de la que está dotada el objetivo (de ahí las siglas APO de su frontal) y el eficaz sistema de reducción de ruido implementado en la máquina. Por otra parte, todo parece indicar que Konica Minolta ha elegido un bajo nivel de máscara de enfoque como punto de partida para las imágenes de la Dimage A2. Una hábil manera de evitar la introducción de más ruido y moiré de la cuenta en las capturas. Es ésta una característica propicia para el posterior tratamiento y edición de la imagen, a lo que también contribuye la extensa gama de espacios de color implementados por el fabricante en esta cámara. No obstante, este aspecto podría no agradar al amante de la alta nitidez y los contornos marcados. De todas maneras, la Dimage A2 también se caracteriza por unas extensas y asequibles opciones para la modificación de parámetros de imagen en la propia cámara, con vistas a la obtención de unos resultados directos más explosivos en saturación y contraste. La barrera del ruido de la A2 está situada, aproximadamente, al mismo nivel de la de sus compañeras de trinchera. Más allá de los 200 ISO, hay que desear jugar con el componente artístico del grano para aceptar el resultado. No es que sea precisamente desmesurado, ni mucho menos, pero ya contrasta en mayor medida con la limpieza de las capturas efectuadas a 64 y 100 ISO. La exposición, en general, destaca por su buen equilibrio, y el balance de blancos puede presumir de unas más que holgadas posibilidades: automático, tres memorias de ajustes manuales de blancos y seis preajustes con posibilidad de afinación en +/- 3 puntos. Como para no encontrarse nunca en apuros. Asimismo, las instantáneas obtenidas mediante la asistencia del flash incorporado -con su respectivo preajuste del balance de blancos, la posibilidad de compensación de la potencia, la medición TTL especial o estándar y la sincronización con la cortinilla trasera- destacan por los buenos resultados obtenidos; eso sí, siempre que no se supere su lógica limitación de potencia. Completa como pocas Un repaso exhaustivo al ingente inventario de posibilidades de ajuste y a la multitud de detalles dignos de mención que incluye la Dimage A2 no tiene cabida en esta prueba. Poder decir, simple y llanamente, que no le falta nada importante, ya es un logro. Sobre todo conociendo el perfil de usuario al que va destinada. Ello no quiere decir que sea perfecta, pues tiene algunos aspectos mejorables, como la respuesta del sistema de enfoque automático, la velocidad de almacenamiento en la memoria y el rendimiento del disparo continuo en calidad JPEG. El aficionado exigente -e incluso más de un profesional necesitado de un segundo cuerpo ligero y polivalente- encontrará en ella una aliada para plasmar sus trabajos. Cualidades no le faltan. Y, además, su resolución máxima garantiza unos buenos resultados en papel. El kit de la Dimage A2 incluye de serie una batería recargable de ión de litio (NP-400) -cuya autonomía debe servir de ejemplo para la competencia- con su correspondiente cargador, un cable USB, un cable A/V, un CD-ROM con drivers, el correspondiente software (Dimage Viewer) y el manual PDF, una guía de referencia rápida en papel, una correa para el cuello, un parasol y una tapa para el objetivo. TEXTO Y FOTOS: Xavier Tomàs |
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