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![]() EasyShare V550Características ![]() Punt. usuarios: Máx. res.: 2576 x 1932 p. Objetivo (35 mm): 36,0-108,0mm Zoom: 3x (óptico) / 4x (digital) En dos palabras Un diseño que entra por los ojos, automatismos por doquier y colores Kodak configuran esta aceptable compacta de apuntar y disparar Precios No hay precios disponibles Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Kodak EasyShare V550 con nuestras 33 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
martes, 25 de octubre de 2005 5 megapíxeles para no pensarA Kodak no hay quien le saque de sus trece, y el tiempo parece darle la razón. Su filosofía de hacer la fotografía de aficionado lo mas fácil posible sigue dando frutos en forma de compactas digitales. Esta vez se trata de la EasyShare V550, una elegante máquina de 5 megapíxeles cargada de automatismos que hará las delicias de los amantes de los caprichitos tecnológicos. Definir la EasyShare V550 es -a priori- algo sencillo: una cámara para aficionados. Kodak sigue apostando fuerte en su oferta digital por el segmento de público menos experto, y en esta ocasión, como en tantas otras veces, no sólo piensa en el atractivo fotográfico, sino también -o más incluso- en el estético.Así pues, la V550 se suma a la lista de máquinas que no sólo atraen por sus atributos -ya sea calidad, ya sea facilidad de manejo-, sino también por su cuidado diseño. Estéticamente, se trata de una cámara compacta situada a medio camino entre las anoréxicas ultracompactas del estilo de la Cyber-shot DSC-T3 de Sony y las populares IXUS de Canon. Destacan, sin duda, sus botones superiores sin relieve y con iluminación de silueta, algo bastante innovador en el mundo fotográfico, quizás importado de la telefonía móvil más reciente. El bonito -pero frío- metal El cuerpo -totalmente metálico- de este modelo es bastante más cuadrado de lo normal, aunque Kodak se ha cuidado mucho de pulir todos los ángulos y aristas de forma que su agarre sea más que menos cómodo. El frontal, decorado exquisitamente con un rayado diagonal, sirve de hogar al objetivo retráctil, al flash, al visor, a un micrófono y a las típicas luces de aviso y ayuda. La parte trasera cede la gran mayoría de superficie a una magnífica pantalla TFT de 2,5 pulgadas y 230.000 píxeles de resolución, con un refresco y calidad excelentes -aunque sigue mostrando bandas al tirar a contraluz. Su visionado es muy claro y el manido problema de los reflejos es, en este caso, bastante más leve que en otros modelos. Curiosamente, y a pesar del protagonismo concedido a la gran pantalla, la V550 cuenta con un pequeño visor directo que cada cual juzgará por su utilidad. Los menús en pantalla -una gozada verlos en esas dos pulgadas y media- son un poco confusos, ya que los elementos modificables no se agrupan en submenús. Éstos se despliegan, uno tras otro, ofreciendo todas las opciones posibles y pasando, por ejemplo, del disparo en ráfaga a la resolución y de ahí al balance de blancos, todo ello sin un orden aparente. El resto de mandos de la parte trasera -pocos, pues la V550 apuesta por la sencillez de uso- se agrupan a izquierda y derecha del monitor, ofreciendo un fácil acceso a los botones "fotográficos" y a otro para acceder al menú, borrar una toma, etc. Apunta y dispara Eminentemente automática, la V550 ofrece un completo surtido de modos prefijados junto a otro automático que, a pesar del nombre, permite al fotógrafo cambiar unos pocos valores, como la sensibilidad o el balance de blancos. Así, aparte del ya citado modo automático y del de retrato, ambos con un botón físico asignado, este modelo permite elegir entre 19 modos de trabajo más, desde los básicos para fotografía de paisaje o flores hasta otros más difíciles de encontrar -y utilizar-, como el modo para realizar capturas en un museo o a velas encendidas. El objetivo integrado en la V550 es un Schneider-Kreuznach equivalente a 36-108 milímetros y con unas máximas aberturas de f2.8-4.8. Su calidad es bastante buena, y resuelve el apartado de la reproducción de los detalles con relativa efectividad. La aberración cromática es fácilmente visible en las tomas capturadas, mientras que la distorsión de barril es leve, pero está ahí. Por el contrario, todo lo que implique hablar de movimiento implica un adjetivo: lentitud. Para empezar, el zoom de esta cámara es lento -y poco preciso- a la hora de obedecer a su respectivo mando. También es lento el objetivo a la hora de enfocar (aunque, eso sí, se muestra preciso incluso con poca luz). Por cierto, que la luz de ayuda al autofoco -bastante útil, por cierto- es verde y no molesta tanto. ¡Ya era hora de que los fabricantes nos escucharan! Calidad correcta El sensor que se encuentra en el corazón de esta máquina permite tomar imágenes de hasta 2576 x 1932 píxeles de resolución, y sigue ofreciendo esos colores Kodak de los que tanto presumen en la factoría estadounidense y que, por otro lado, tanto gustan a los fotógrafos más aficionados. Colores, ya saben, muy vivos y un tanto irreales. La cámara captura unas fotografías de calidad correcta y para nada excelente. El nivel de detalle no es elevado y el rango dinámico tampoco es una de las virtudes de esta V550. De hecho, suponemos que para un aficionado -recordemos por enésima vez que éste, precisamente, parece ser el "target" del producto- será suficiente, pero cualquier fotógrafo con un poco de experiencia desechará este modelo de inmediato. El balance de blancos, por su parte, funciona mejor en cualquiera de los modos prefijados que en el totalmente automático. Este último ofrece unas claras dominantes amarillas con luz de tungsteno y una leve dominante magenta -tal vez un efecto secundario del color Kodak- en algunas tomas sacadas con luz diurna. La V550 permite seleccionar entre un abanico de sensibilidades que va desde 100 hasta 400 ISO, con una opción forzada a 800 ISO, disponible sólo si se dispara a una resolución de 1,8 megapíxeles. La presencia de grano digital es constatable casi desde un primer momento, aunque un eficaz -pero muy agresivo, y eso se ve en la foto final- sistema de reducción de ruido permite que éste no resulte molesto hasta una sensibilidad de 200 ISO. A partir de ahí, tirar una fotografía es prácticamente perder el tiempo: a 400 ISO el ruido es ya excesivo, y a 800 ISO hasta los colores salen malparados. Para su alimentación, la V550 se sirve de una batería recargable de ión de litio de 720 mAh, alojada junto al zócalo de la tarjeta SD Card, que ofrece una importante remesa de tomas -varias decenas- con una sola carga. Incluso utilizando profusamente la pantalla o el flash incorporado, el consumo de este modelo es más que ajustado. Además, el aviso de carga es bastante fiable, avisando con tiempo de la descarga total para realizar unas cuantas tomas más. Si algo funciona Que Kodak sigue estando ahí en el mundo fotográfico es un hecho, y que es por méritos propios, también. Acosada y -si se permite la expresión- vapuleada en sus inicios digitales, la firma estadounidense ha conseguido afianzarse en el segmento de las compactas para aficionados ofreciendo al cliente, precisamente, lo que quiere. La V550 es prueba de ello: automática y fácil de usar, con colores más bonitos que reales y un diseño a prueba de esnobs. Lo dice el dicho y Kodak lo sabe: si algo funciona, ¿por qué cambiar? TEXTO: Eduardo Parra |
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