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![]() EasyShare P850Características ![]() Punt. usuarios: Máx. res.: 2592 x 1944 p. Objetivo (35 mm): 36,0-432,0mm Zoom: 12x (óptico) / 3,3x (digital) En dos palabras Los 432 milímetros estabilizados del objetivo son el más convincente argumento de esta P850, otra buena compacta de Kodak Precios No hay precios disponibles Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Kodak EasyShare P850 con nuestras 41 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
lunes, 02 de enero de 2006 Le sigue sobrando el "casi" para ser perfectaA medio camino entre la DX7590 y la P880, la EasyShare P850 es una cámara casi perfecta para el fotógrafo aficionado de conocimientos avanzados. Por encima de todo, destaca su potente telefoto estabilizado a más de 430 milímetros y su resultona pantalla de 2,5 pulgadas. Pero aún le falta algo para ser la cámara ideal, quedándose -simplemente- en una cámara casi ideal. Le falta algo de batería, le falta algo de velocidad, le falta algo de calidad… Pero aun así, promete guerra. La Kodak EasyShare P850 pertenece a ese extraño segmento de cámaras compactas con vocación de réflex. Con un tamaño mucho mas pequeño, es estéticamente muy similar a una SLR digital, pero guarda al mismo tiempo un gran parecido con algunos modelos compactos de la misma marca, como la EasyShare Z7590. No puede afirmarse que sea una evolución propiamente dicha de este último modelo, aunque es evidente que ambas han bebido de las mismas fuentes (pero con unos cuantos meses de diferencia).El cuerpo de este nuevo modelo de Kodak sigue las pautas que ya podemos considerar estándares en el segmento de cámaras compactas con aspiraciones réflex. Su ergonomía es bastante aceptable, ofreciendo un agarre cómodo y funcional -producto de la gran empuñadura lateral- y facilitando su uso con la mano derecha. Salvo los botones que controlan el flash, el enfoque y el conmutador para encuadrar con el visor electrónico o la pantalla, todos los mandos son perfectamente accesibles sin necesidad de quitar el ojo del visor. Por si fuera poco, su concepción SLR permite apoyar el barril del objetivo en la mano izquierda para estabilizar la cámara, recurso más que conveniente en mil y una ocasiones fotográficas. En lo tocante a la ergonomía, cabe citar dos aspectos negativos. El primero de ellos es inherente a la excesiva miniaturización, y no es otro que la falta de espacio para el dedo meñique, que siempre queda flotando en una posición algo incómoda. El otro inconveniente es la mala colocación de la anilla derecha destinada a sujetar la correa, que se clava en la mano y puede resultar incómoda tras una jornada fotográfica. A pesar de sus reducidas dimensiones, la P850 no es precisamente una cámara que pueda guardarse en el bolsillo. Es demasiado grande para ello, aunque también sea demasiado pequeña para llevar en una bolsa convencional de material fotográfico. Un mal endémico en este tipo de modelos. Por otro lado, la rueda de modos, alojada en su lugar habitual, permite elegir los típicos puntos de trabajo, desde el automático hasta el manual, incluidas tres opciones personalizables que permiten almacenar los parámetros deseados para cada ocasión. Como no podía ser de otro modo, mediante este mismo dial se accede al modo de grabación de vídeo y a las 16 escenas prefijadas. La pantalla se agradece, pero ya no es novedad La enorme pantalla de 2,5 pulgadas -un estándar ya en este tipo de máquinas- cuenta con un refresco perfecto a la hora de encuadrar, especialmente con buena luz. La imagen que ofrece en estos casos es fluida y sin saltos. Los colores reproducidos por este monitor TFT, por otro lado, no son del todo reales, y a diferencia de lo que se esperaba en una Kodak, son algo apagados respecto a la realidad, muy alejados de los afamados "colores Kodak". El nivel de detalle de la imagen, además, deja un poco que desear. No obstante, no todo son puntos negativos. La pantalla de la P850 no padece el efecto espejo: es fácilmente visible en casi cualquier circunstancia y desde múltiples ángulos. Ofrece, por cierto, un completísimo repertorio de información. El monitor permite, por supuesto, navegar por los menús de control y de configuración de la cámara. Tres menús dan acceso a diversos temas específicos -ajustes fotográficos, de cámara o técnicos-, todos ellos muy sencillos de usar y muy intuitivos, y se acompaña de una suerte de accesos directos para poder modificar los elementos más comunes. Estos mismos menús pueden consultarse en el visor electrónico de 237.000 píxeles. Aunque es algo menos luminoso y su refresco es más lento que el de la pantalla, desempeña perfectamente las funciones de esta última. 12 potentes aumentos La Kodak P850 cuenta en su arsenal con un tremendo zoom estabilizado Schneider-Kreuznach de 36-432 milímetros, esto es, de 12 aumentos ópticos. Aunque sí se deja notar, el estabilizador no es de los más efectivos que hemos probado. La luminosidad de la óptica, por cierto, viene definida nada menos que por unas máximas aberturas de f2.8-3.7. Aunque de potente rango focal, el objetivo paga el precio de los automatismos -no tiene anillo de zoom ni de enfoque-, por lo que padece una lentitud bastante marcada. Además, al no tratarse de un objetivo parafocal, no mantiene el foco al reenfocar. Así pues, cada vez que variamos de distancia focal, la P850 ha de volver a enfocar, acción en la que la no destaca precisamente por su celeridad. Ciertamente, es éste un detalle que pasa desapercibido en otros muchos modelos compactos. El enfoque, eso sí, es bastante rápido y preciso en condiciones poco complicadas. Al disminuir la luz ambiente, pierde bastante efectividad. El zoom permanece retraído hasta la activación de la cámara, momento en que se despliega en toda su extensión de forma más bien lenta. La respuesta al mando que lo activa tampoco es especialmente rápida -aunque podríamos calificarla de aceptable para un superzoom de este tipo- ni precisa. En efecto: desde el instante en que se suelta el mando hasta que el grupo óptico se detiene, pasan unos instantes que -quién sabe- pueden ser vitales para la captura de una imagen. Por último, aunque no por ello menos importante, cabe decir que este objetivo produce una leve -está pero no se deja ver fácilmente- distorsión cromática en las capturas. Más fácilmente visible es, por el contrario, la distorsión geométrica de barril que se genera al realizar fotografías con las focales más cortas. Cuando poco es mejor El corazón fotográfico de la P850 de Kodak lo compone un sensor CCD de 5,1 megapíxeles de resolución que es capaz de tomar fotografías de hasta 2592 x 1944 puntos. Las imágenes producidas ofrecen un característico color Kodak, muy saturado, que puede gustar mucho o nada a los usuarios avanzados, pero que normalmente agrada al aficionado medio. El nivel de saturación, eso sí, puede reducirse mediante una opción destinada a tal efecto en los menús de la máquina. En cuestión de detalle, aunque no podemos decir que la P850 se comporte de malas maneras, lo cierto es que tampoco brinda resultados dignos de reconocimiento en las enciclopedias fotográficas. Ciertamente, esperábamos un poco más para una cámara que se ha quedado en 5 megapíxeles, en lugar de ir a por más a costa, precisamente, de no mermar la calidad final de imagen. En lo que a balance de blancos se refiere, la P850 no sigue un patrón homogéneo, ofreciendo resultados dispares en una misma escena y de un disparo a otro. Ello no obstante, el comportamiento de esta prestación está más cerca del acierto que del error, pese a las ligeras dominantes -especialmente magentas- que puedan producirse. En el capítulo de la sensibilidad, cabe decir que la P850 dispone de un abanico de sensibilidades ISO bastante interesante, y no por su amplitud, sino por la cantidad de escalones intermedios. En efecto, esta compacta recupera pasos ISO olvidados ya en el mundo digital -especialmente en este segmento-, como el de 125 ISO o el de 250 ISO, entre otros. Si unas líneas más arriba decíamos que el hecho que el sensor tenga "sólo" 5 megapíxeles no se nota en la nitidez de la imagen, en el apartado del ruido sí que resultan palpables las consecuencias. Y es que la P850 es perfectamente utilizable a 400 ISO, sin padecer excesivos problemas y sin que el algoritmo de reducción de ruido resulte molesto. El flash de tipo pop-up incorporado cumple su función con bastante acierto, sin excesivos inconvenientes en las tomas a media distancia -no llega, evidentemente, a cubrir las escenas capturadas en tele- y con un reciclado lo suficientemente rápido como para disparar un destello tras otro tan pronto como lo permita el obturador de la cámara, excepto en el modo ráfaga. Es una pena, ciertamente, no haber dispuesto para estas pruebas del flash compatible para colocar en la zapata ubicada encima del visor electrónico, y que tan buenas sensaciones nos dio en la presentación del modelo. La batería de ión de litio de serie, alojada en un compartimento independiente del de la tarjeta SD Card, permite disfrutar de una continuada sesión fotográfica sin excesivos problemas. Además, teniendo en cuenta el funcionamiento automático del zoom y el enfoque -diferencia clave con los mecanismos manuales de su hermana mayor, la EasyShare P880-, podemos decir que el rendimiento -insistimos, rendimiento- de la batería en este modelo es aceptable. Aun así, su duración se nos antoja un poco corta. Evoluciona favorablemente Tal vez la EasyShare P850 sea una evolución -una gran evolución- de la Z7590. Quién sabe. Aunque no nos atrevimos a decirlo a tumba abierta, lo que está claro es que las cámaras compactas de Kodak han ido experimentando mejoras a pasos agigantados. La P850 es una señora cámara. Posiblemente no ofrezca nada que no pueda encontrarse en mil modelos de la competencia, pero aun así, hay que darle su pequeña palmadita -a la máquina y a la marca- por sacar al mercado algo que se deja comprar sin provocar enormes agujeros en nuestro bolsillo. No pasará a la historia, y tal vez muchas de sus prestaciones son mejorables, pero la P850 cumplirá -como tantas otras compactas- su cometido con buena nota mientras tenga vida. La gente no quiere mucho más. TEXTO Y FOTOS: Eduardo Parra |
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