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![]() FinePix Z1 ZoomCaracterísticas ![]() Punt. usuarios: Máx. res.: 2736 x 1824 p. Objetivo (35 mm): 36,0-108,0mm Zoom: 3x (óptico) / 5,7x (digital) En dos palabras Una compacta de bolsillo dirigida a los amantes de los pequeños juguetes tecnológicos de diseño Precios No hay precios disponibles Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Fujifilm FinePix Z1 Zoom con nuestras 24 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
martes, 16 de agosto de 2005 Una caja de bombones que hace fotosLa dictadura de la talla 36 está llegando a la fotografía digital y las cámaras compactas están experimentando una tendencia a adquirir más forma de tarjeta de crédito que de cámara... si es que alguna vez la tuvieron. La FinePix Z1 Zoom es de éstas. Un cuerpo delgado y milimétricamente estilizado con un bonito y bien terminado diseño sirve de alojamiento a un SuperCCD de 5 megapíxeles que hará las delicias, pensamos, de los más conformistas -fotográficamente hablando, claro. Que diseño y fotografía no se llevan bien es algo cuestionable, y pruebas hay de ello. Lo que no es para nada cuestionable es el hecho de que, por regla general, cámara que se viste de gala, cámara que va destinada al público más aficionado.Esto, que en principio no es ni malo ni bueno, suele acarrear consigo un handicap: prescindir de las cualidades más fotográficas en detrimento de otras -digamos- más ornamentales. La FinePix Z1 Zoom se inscribe en este grupo de cámaras. Prácticamente automática al cien por cien, este modelo admite concesiones únicamente en su mal llamado modo manual. Dicho modo de trabajo difiere del automático -los dos únicos disponibles, amén de unos cuantos modos de escena prefijados- en que el primero permite cambiar el balance de blancos o la compensación de la exposición entre un reducido abanico de variables, mientras que el automático, no. Todo un indicio de que -como ya hemos señalado- esta cámara va dirigida a un público poco exigente. Un segundo indicio -una evidencia, más bien- lo encontramos en el esmeradísimo acabado y en el escrupulosamente cuidado diseño, que hacen que la cámara entre por los ojos. El cuerpo, metálico, combina con clase y estilo una parte plateada y otra -en la cámara que hemos probado- de color negro mate, donde todos los mandos, botones y aditamentos digitales se acoplan de forma casi perfecta. La dictadura del estilo La ergonomía en la FinePix Z1 sufre, como en tantos otros casos, la dictadura del diseño. La máquina, que es perfecta para llevar en un bolsillo, no es muy cómoda de agarrar, especialmente debido a las aristas demasiado angulosas que tiene en su parte delantera. Si bien el hecho de no obtener un diez en comodidad de sujeción no es excesivamente problemático, el reducido tamaño del cuerpo impone su ley. Así, manejar todos los mandos con una sola mano sin separar la vista de la pantalla resulta bastante incómodo, especialmente a la hora de pulsar con el dedo pulgar los botones situados en la parte inferior. Aunque no viene del todo a colación, diremos aquí que seguimos preguntándonos cuál la razón de ser del denominado botón "F", tan típico de Fujifilm. Es algo incomprensible. ¿Para qué un botón que permite variar -concretamente- la resolución, la sensibilidad y los efectos especiales de las tomas? ¿No tienen cabida esos parámetros en el menú estándar? ¿Por qué se mezclan controles tan importantes como la resolución y la sensibilidad con los efectos de color? Por otro lado, y ya que hablamos de opciones, la FinePix Z1 es totalmente automática. La opción denominada manual, presente en el menú, sólo nos permite variar algunas opciones fotográficas -sensibilidad, balance- pero en ningún caso tendremos control sobre la velocidad o el diafragma. Cierto es, no obstante, que el usuario de este modelo probablemente -muy probablemente- nunca lo echará en falta. La parte frontal utiliza la ya habitual tapa deslizante -en sentido horizontal- que hace las veces de interruptor de encendido y de protector de la lente cuando la cámara está apagada. Apreciamos en este punto un pequeño defecto. Dicha tapa cuenta con una ventana de metacrilato que deja vía libre al destello del flash y a la luz del temporizador. Al flash, bastante corto de por sí, puede que no le haga ningún mal colocarle otro pedazo de plástico más por delante, pero desde luego no le hace ningún bien. Fujifilm podría haberlo solucionado de otra forma. Otro problema derivado de una pretendida solución se centra en la pantalla. Este elemento, propenso a rallarse y golpearse -y hasta partirse-, ha preocupado a Fujifilm hasta el extremo de dotarlo de un "recubrimiento forzado de cristal", en palabras de la propia marca, o lo que es lo mismo, de un cristal sobre la pantalla para que éste sea el primero que recibe los golpes. La idea es buena y la aplaudimos, pero conlleva -por desgracia- un efecto secundario: la mayor dificultad para visualizar la pantalla. Y es que el recubrimiento en cuestión se convierte fácilmente en un auténtico espejo que impide ver otra cosa que no sea un reflejo de nuestro rostro. Respecto a la calidad y funcionalidad de la pantalla, de 115.000 píxeles, cabe decir que ofrece un refresco excelente en tiempo auténticamente real y que no produce bandas a contraluz, por lo que su rendimiento en prácticamente cualquier circunstancia es envidiable. La reproducción del color, tanto a la hora del disparo como en la posterior visualización, es excelente, así como la navegación con el zoom -un pelín lento, eso sí- por las imágenes ya registradas. Límite vertical La lente de la FinePix Z1 sigue -como ya hemos dicho- el esquema de las cámaras ultradelgadas. No sólo en el cuerpo encontramos esta seña de identidad; también el grupo óptico pone en liza, por primera vez en una cámara con el sello de Fujifilm, el sistema de lentes verticales que tan buen resultado ha dado en modelos de similares características. En el caso que nos ocupa, el zoom equivale a 36-108 milímetros, en paso universal. Sus aberturas, escasa especialmente la angular, se limitan a f3.5 en la focal más corta y a f4.2 en telefoto. Quizás esta disposición vertical de los elementos ópticos sea la responsable de la lenta respuesta del zoom -moderada, no exagerada- y de una precisión francamente mejorable. El autofoco, por su parte, rinde adecuadamente en condiciones de luminosidad buena o media -una habitación iluminada con una bombilla, por ejemplo-, pero cojea un poco a la hora de enfocar en escenarios con menos luz. Una lámpara decente de ayuda al autofoco no le habría venido nada mal a la FinePix Z1. En cuestiones de calidad, el objetivo deja patente que no alcanza -por mucho- el límite de la que podríamos definir como buena nitidez, presentando una evidente falta de detalle en las tomas, incluso diafragmando. No cabe duda de que, en este caso, los ingenieros de Fujifilm han preferido dotar de otras características más vistosas a la FinePix Z1 que de calidades fotográficas puras y duras. Sensor HR El sensor, por su parte, es un SuperCCD HR "made in" Fujifilm de 5,1 megapíxeles que genera imágenes de hasta 2592 x 1944 puntos. La calidad que brinda, aunque es buena, no es ninguna maravilla. Asimismo, los colores que plasma en sus fotos la FinePix Z1 aparecen, a nuestro juicio, un poco apagados. No es que pidamos colores irreales, pero sí esperábamos unos tonos algo más vivos. El rango de sensibilidades, y es esta una de las bazas publicitarias de la FinePix Z1, recorre el destacable trayecto de 64 a 800 ISO, algo especialmente predecible con un sensor HR, pero poco común en una compacta de este nivel. A cualquier sensibilidad, la Z1 rinde de forma excepcional sin que se aprecie -a simple vista- el efecto colateral de un sistema de reducción de ruido. Un gran acierto de Fujifilm. El sistema de balance de blancos, responsable en parte de la reproducción de los colores, cumple con su cometido, especialmente con luz fluorescente, gracias a los tres modos específicos para este tipo de lámparas. El modo automático, por su parte, rinde bastante bien en todas las situaciones. El flash, al que ya nos hemos referido, funciona de forma bastante cuestionable. En un primer momento, tiene un alcance excesivamente corto; en un segundo instante, ofrece un tiempo de reciclado terriblemente alto. La batería, esta vez sí, ofrece unos resultados sensacionales, permitiendo alcanzar las 200 fotos con una sola carga, además de varios vídeos y de efectuar una revisión continua de las tomas. Unas cifras sensacionales para una cámara que carece de visor directo y que invita a usar su pantalla casi de forma constante. La recarga de la batería se realiza mediante una cómoda base que llega de serie con la cámara y que no sólo permite cargarla, sino que también hace las veces de puerto de conexión con el ordenador vía USB para la descarga de las imágenes almacenadas en la tarjeta xD-Picture Card. La salida de vídeo también se aloja en este soporte. La típica ultracompacta La Fujifilm FinePix Z1 Zoom es la típica cámara ultracompacta y totalmente automática destinada a ese público mayoritario del que ya hemos hablado en otras ocasiones: aficionado a la estética y la tecnología, voluntariamente ajeno a los más básicos conocimientos fotográficos. El conjunto óptico, de discutible calidad, y la unidad de flash, de poca potencia, son las principales manchas en el expediente de esta pequeña caja de bombones. Detalles que, probablemente, no tendrán mayor importancia para su potencial comprador. TEXTO Y FOTOS: Eduardo Parra |
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