Diseño clásico, muy cuidado y con una ergonomía que recuerda a aquellas cámaras de toda la vida que huían de las florituras.
Excelente rendimiento de su óptica en toda la gama de aperturas.
La luminosidad máxima de f2 ofrece un precioso “bokeh”.
El visor híbrido es una gran aportación y un elemento más de los que hacen de esta cámara un modelo singular.
Combinado con la óptica, el sensor de 12 megapíxeles y tamaño APS-C ofrece una calidad de imagen que puede competir con la de las mejores SLR del momento.
Muy buen control del ruido incluso con sensibilidades extremas.
Pese a que la velocidad de puesta en marcha es mejorable, la posibilidad de tener ajustada la exposición antes de encender la cámara ayuda mucho.
En contra
Algunos detalles de los mandos de control (sobre todo los traseros) son mejorables.
La velocidad de escritura en la tarjeta resta agilidad a la cámara.
Las guías de encuadre del visor híbrido no son del todo fidedignas.
El disparo en ráfaga requiere pasar por un menú intermedio que cuestiona su utilidad real.
La sensibilidad de 100 ISO no puede utilizarse en combinación con el formato RAW.
El rendimiento del vídeo HD no está a la altura de la calidad de imagen que se consigue con las fotografías.
El precio de 1.000 euros puede asustar a algunos usuarios atraídos por esta propuesta.
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