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![]() FinePix S5 ProCaracterísticas ![]() Punt. usuarios: Tam. sensor: 23,00 x 15,50mm Máx. res.: 4256 x 2848 p. Factor: 1,50x Pantalla: TFT de 2,50 pulgadas En dos palabras La ergonomía de la Nikon D200 y la potencia del SuperCCD se dan la mano en esta SLR, apta sobre todo para la fotografía social Precios Mejor precio: 1253 €Ver precios Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Fujifilm FinePix S5 Pro con nuestras 41 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
lunes, 30 de abril de 2007 La belleza está en el interiorHa pasado tanto tiempo desde que su nombre salió en los titulares, que pese a ser una novedad en el escaparate, la FinePix S5 Pro ya es una vieja conocida del sector. Idéntica externamente a la D200, la última réflex de Fujifilm propone como armas para el combate un sensor SuperCCD SR Pro de 12 millones de fotodiodos, una sensibilidad máxima de 3200 ISO y un rango dinámico ampliado hasta un 400%. A pesar de los parecidos -virtudes y defectos incluidos- con la alabada réflex nikonista, es en su interior donde esta S5 Pro esconde sus mejores bazas. Concebida y fabricada especialmente para los profesionales de la fotografía social -lo que en la jerga del sector se denomina fotografía de bodas, bautizos y comuniones-, la nueva FinePix S5 Pro se hizo esperar. Tras su aparición en forma de prototipo en Photokina 2006 y después de varios meses de travesía por el desierto, la nueva réflex llega al mercado con un precio oficial de unos 2.000 euros, dispuesta a revalidar la buena fama de la FinePix S3 Pro.Equipada con un sensor SuperCCD SR Pro, la última SLR de Fujifilm hace del rango dinámico y de unos niveles bajos de ruido sus banderas de abordaje. El remozado diseño del cuerpo -en manos nikonistas- y los casi tres años que han pasado desde que viera la luz el modelo antecesor hacen que las expectativas sean elevadas. A su imagen y semejanza La ausencia de cambios a nivel externo respecto a la D200 es uno de los primeros detalles que llaman la atención de esta S5 Pro. Aun así, haremos un somero repaso para quienes no conozcan en profundidad el molde que sirvió de inspiración para esta cámara. A diferencia de lo que ocurría con la S3 Pro, Fujifilm ha prescindido en esta ocasión de la empuñadura de serie, convirtiendo este accesorio en un elemento opcional. Con una construcción digna de un cuerpo profesional -aunque más pequeño-, la ergonomía es buena y la disposición de los mandos, aceptable. Pese a las similitudes, hay pequeñas diferencias de manejo entre el modelo nikonista y el de Fujifilm, ya que los mandos -por exigencias del guión- no cumplen las mismas funciones en ambos casos. Los menús también han cambiado, con una estructura un poco confusa a la que cuesta acostumbrarse. A través del botón "menú" se accede a las opciones de ajuste de la toma y la imagen, mientras que la configuración de la cámara y la personalización de los mandos quedan reservadas al apartado "setup". La única pega -ya localizada en la D200- es que el pequeño joystick que sirve, entre otras cosas, para cambiar el punto de enfoque o navegar por los menús, resulta un poco pequeño y su manejo es algo complicado en posición vertical. Compatibilidad nikonista Por lo demás, la S5 Pro es compatible con la empuñadura de la D200, denominada MB-D200, y con la inmensa mayoría de accesorios pensados para esta SLR. No obstante, hay que recordar que la réflex de Fujifilm no acepta las baterías EN-EL3e de Nikon, ni en el cuerpo ni al emplear la citada empuñadura. Respecto a las ópticas y los flashes, tal y como ocurría con la S3 Pro, la montura Nikon F de la S5 Pro abre las puertas al uso de la mayoría de objetivos dotados de esta bayoneta (con un factor de multiplicación de 1,5x), así como a las unidades de flashes externos. A raíz de algunos comentarios sobre supuestos viñeteos al emplear ciertos objetivos Nikkor, el servicio técnico de Fujifilm nos remitió al manual de instrucciones de la cámara para aclarar el origen de estas informaciones. Así, en la página 64 del libro de instrucciones se explica que, con objetivos como el Nikkor 28-70 mm f2.8 AF-S o el 24-120 mm f3.5-5.6 AF-S VR, entre otros, no puede utilizarse la luz de ayuda al enfoque, puesto que ello provocaría un oscurecimiento en los bordes externos de la imagen al disparar a determinadas distancias de enfoque. Puntualizaciones aparte, el enfoque automático rinde de forma similar al de la D200, aunque en algunas ocasiones o con ciertas ópticas hemos podido percibir una velocidad ligeramente inferior en la S5 Pro. Más allá de esta velocidad intermedia -no es la S5 Pro una cámara enfocada a la fotografía deportiva-, el mecanismo sí ha demostrado un comportamiento muy silencioso y preciso. Respecto a la velocidad de disparo, la S5 Pro se conforma con una discreta cifra de 3 fotogramas por segundo, aunque acepta ráfagas continuas de hasta 29 disparos en JPEG o -todavía más interesante- 24 en RAW. Todo ello, eso sí, utilizando el rango dinámico estándar, porque en el modo extendido la velocidad queda limitada a 1,5 imágenes por segundo. Aunque esta velocidad resulte más que suficiente para las aplicaciones a las que va dirigida la cámara, sí hay que mencionar la escasa agilidad de la S5 Pro a la hora de modificar los ajustes, navegar por los menús -algo más desordenados de lo deseable- o acceder a la visualización de las fotografías. Evolución de la pantalla La pantalla es, posiblemente, uno de los aspectos más relevantes de esta cámara, al menos superficialmente. Crece de 2 a 2,5 pulgadas con respecto al modelo precedente, aunque la resolución se mantiene en 235.000 puntos. Aunque las especificaciones vuelven a ser las mismas que las calzadas por la D200, la S5 Proincorpora dos prestaciones que merece la pena destacar. Así, la renovada S5 Pro retoma la limitada función de previsualización en pantalla que ya ofrecía la S3 Pro, aunque esta vez la imagen puede verse en color. No desaparecen, eso sí, ni la imposibilidad de enfocar de forma automática, ni tampoco el tiempo de uso, limitado a sólo 30 segundos. Unos condicionantes que sitúan esta función a medio camino entre el Live View de Olympus -y de Panasonic o Canon- y lo que ofrecen el resto de marcas. En estas condiciones, no acabamos de ver del todo clara su utilidad y parece quedar por ahora condenada a ser un mero detalle anecdótico. Mucho más útil es la tecnología de detección facial, que entra en escena -a diferencia de las cámaras compactas- cuando la foto ya ha sido capturada. El software de la S5 Pro reconoce los rasgos faciales de las personas que están en la toma, y con sólo pulsar el correspondiente botón se amplía la zona del rostro. Si son varias personas, bastará con seguir pulsando este mando para ir saltando de una cara a otra y poder comprobar así el correcto enfoque de la imagen. Ni que decir tiene que esta opción aplicada a ciertas áreas fotográficas -volvemos a pensar en el fotógrafo de bodas- es una muy buena idea. Hasta el 400% El sensor es la principal baza con la que la S5 Pro pretende ganarse al respetable. Se trata de un nuevo SuperCCD SR Pro de tamaño APS-C, que se caracteriza -como ya es sabido- por emplear dos tipos de fotodiodos por cada píxel para obtener -dice la teoría- mejores resultados en lo que a rango dinámico se refiere. Sin ahondar en el ya superado debate sobre la resolución y los 12 ó 6 millones de píxeles de la S5 Pro, la cámara es capaz de generar imágenes con un tamaño máximo de 4256 x 2848 puntos en los formatos JPEG y RAW, o ambos a la vez. Tanto la resolución como el detalle de la imagen nos llevan a situar a la S5 Pro y su peculiar sensor en la órbita de los captores de 10 megapíxeles. Si sobre el papel la S5 Pro tiene argumentos para batir a la competencia en cuanto a rango dinámico, ya pudimos comprobar en las primeras muestras capturadas con esta réflex que la práctica corroboraba esa idea. Aunque es con el formato RAW con el que más se puede exprimir el rango dinámico, los archivos JPEG también ofrecen una notable -y visible- mejora en lo que a extracción de detalle en los blancos se refiere. Por eso, si lo que se pretende es realizar las capturas directamente en JPEG, Fujifilm recomienda ajustar el modo de balance de blancos al 400% y compensar la pérdida de nitidez que se produce a causa del nuevo filtro de moiré empleado, elevando la nitidez desde la propia cámara al ajuste medio. Aplicados estos dos parámetros, hemos comprobado que, efectivamente, la S5 Pro es un modelo muy válido también para trabajar en JPEG, tal y como se puede apreciar en las muestras publicadas. El silencio Si cuando se presentó la S2 Pro en 2002 se nos dijo que el ruido -o mejor dicho, la ausencia de él- era una de sus grandes bazas, en el caso de la S5 Pro es posible rescatar aquel comentario. Dotada de un potente rango de sensibilidades de 100 a 3200 ISO, la S5 Pro es capaz de lidiar con la casi totalidad de estos ajustes sin que la calidad de imagen o su nivel de detalle se resientan en exceso. De hecho, nos atrevemos a decir que, por una vez, la máxima sensibilidad de una cámara es realmente útil y no un mero reclamo publicitario, sobre todo si disponemos de una luz medianamente buena. Es posible que ese 3200 ISO no dé para una portada de revista, pero lo que las pruebas dejan claro es que, si en una emergencia tenemos que echar mano de semejante recurso, podremos obtener imágenes perfectamente utilizables. Aunque, lógicamente, el sistema de reducción de ruido -que puede minimizarse en la posición estándar, pero no anularse completamente- se deja notar en el aspecto final de las imágenes capturadas con sensibilidades más elevadas. Cuestión de colores Tampoco se queda corta la S5 Pro en lo que a colores se refiere. Éstos se muestran muy vivos -tal vez no del todo reales- y con una saturación muy agradable a la vista. Los degradados, además, son suaves y con un amplio abanico de pasos intermedios, gracias al procesador de 14 bits por canal que emplea la cámara. Tal y como ya hacía su predecesora, la S5 Pro vuelve a ofrecer cinco modos de simulación de película para que el usuario pueda ajustar los parámetros (color, tono y nitidez) de procesamiento de la imagen. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que la selección de estos modos inhabilita el control sobre la escala de rango dinámico. La nitidez, como ya hemos comentado, puede resultar un poco escasa si no se tocan los parámetros de la cámara, de tal modo que una máscara de enfoque posterior es más que recomendable. De todas formas, basta subir un poco el ajuste de nitidez en la cámara -el valor "Medium-Hard" será suficiente- para solventar esta cuestión. Al comparar las capturas hechas directamente en JPEG y las procesadas a partir de un archivo RAW, se aprecia que la simple aplicación de los ajustes automáticos en el revelado (Adobe Camera Raw 3.7, en nuestro caso) basta para obtener unos colores algo más reales y una imagen más nítida. Aunque también es posible aplicar una máscara de enfoque al archivo JPEG y obtener una nitidez similar, es cierto que en estos casos percibimos cómo el ruido se eleva ligeramente, dando lugar a una imagen algo más sucia que la obtenida a partir del fichero RAW. El balance de blancos, sin embargo, es uno de los aspectos que menos nos ha convencido de este cuerpo. Los resultados obtenidos son mejorables en la mayoría de condiciones, especialmente con luz de tungsteno. En las escenas con fluorescentes, sin embargo, hemos obtenido mejores tomas en la modalidad automática que en cualquiera de los cinco ajustes predefinidos para esta iluminación. Sin embargo, hay que admitir que la S5 Pro dispone de herramientas suficientes para quienes quieran cuidar con más mimo el balance de blancos. Además del ajuste manual, tampoco falta un selector de grados Kelvin (con una escala de 2.500 a 10.000) y un total de cinco memorias para ajustes precisos de balance de blancos, con un factor de corrección de -3 a +3 pasos entre rojo-cian, y azul-amarillo. Hay que matizar que esta prueba se realizó antes de que Fujifilm lanzara la primera actualización de firmware (versión 1.04) para este modelo, que aborda -entre otros puntos- el tema del balance de blancos. Aunque esta apunta a casos muy concretos -al disparar con flash y en el modo automático empleando ópticas Nikon desprovistas de CPU-, habrá que comprobar si la actualización ha incidido positivamente en los casos descritos. Como un mechero Como ya hemos mencionado, pese a que la S5 Pro emplea un cuerpo idéntico al de la D200, desgraciadamente ni las baterías originales de Nikon ni las fabricadas por terceras marcas son compatibles con la SLR de Fujifilm. La buena noticia es que la cámara demuestra un consumo muy controlado y una autonomía suficiente -según nuestras pruebas- para resistir hasta 350 ó 400 disparos. Aunque este valor dependerá, evidentemente, del uso que se dé a la pantalla, el flash o el enfoque de los objetivos, sí es cierto que estas cifras están un poco por debajo de los datos oficiales ofrecidos por la compañía. Dotada de zapata para un flash externo -son compatibles todos los modelos nikonistas-, la S5 Pro incorpora también un flash de tipo pop-up integrado sobre el pentaprisma. De alcance adecuado, este flash no presume de un reciclaje veloz. De todas formas, y aunque puede que no resulte del todo necesario, quizás saque de un apuro a más de uno. La imagen es lo que cuenta Aunque ésa podría ser la primera impresión, la Fujifilm FinePix S5 Pro es mucho más que una mera réplica de la Nikon D200. Orientada más a un público profesional concreto que al escaparate de consumo, tiene a su favor la fidelidad de los usuarios de los modelos predecesores. El mensaje es, en cualquier caso, bastante claro y conciso: pagar un poco más a cambio de un sensor -y todos los elementos vinculados a él- que ha demostrado estar un paso por delante en cuanto a rango dinámico y altas sensibilidades. Aunque es cierto que se sacrifica el diseño más personal que habían lucido los modelos anteriores, optar directamente por un cuerpo nikonista de ergonomía y calidad probada como el de la D200 hace que la S5 Pro no tenga que demostrar nada en este campo. De este mismo cuerpo hereda, sin embargo, no sólo las virtudes, sino problemas tan importantes como la ausencia de un sistema de limpieza para el sensor. Este aspecto, junto a la limitada velocidad de disparo -sobre todo en el modo extendido de rango dinámico- o el mejorable rendimiento del balance de blancos son los únicos aspectos que interfieren levemente en los buenos resultados que esta S5 Pro es capaz de ofrecer. TEXTO: Eduardo Parra e Iker Morán |
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