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Exilim Pro EX-F1

Características
Punt. usuarios: 4,4 puntos (las puntuaciones se han elaborado en base a la media de las votaciones efectuadas por los usuarios/as de QUESABESDE.COM)
Ver opiniones
Sensor: CMOS de 6,00 MP
Máx. res.: 2816 x 2112 p.
Objetivo (35 mm): 36,0-432,0mm
Zoom: 12x (óptico) / 4x (digital)
En dos palabras
Única en su especie, la ráfaga de 60 fps y el vídeo de hasta 1200 fps hacen de la Casio F1 la cámara más veloz del momento
Precios
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Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Casio Exilim Pro EX-F1 con nuestras 41 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.

Análisis
lunes, 09 de junio de 2008

Velocidad sin rival

La cámara más veloz del momento no es una SLR de gama profesional, sino una compacta firmada por Casio. Tras esta sorprendente aseveración se esconde la Exilim Pro EX-F1, el proyecto más arriesgado e interesante de una marca que rara vez ha dejado la senda de las compactas de bolsillo. En este caso ha roto todos los moldes con una F1 que, de lejos, parece uno más de esos completos modelos que emulan a las réflex -zoom estabilizado, controles manuales, formato RAW-, pero sorprende de cerca con ráfagas de nada menos que 60 fotogramas por segundo. Vídeo de alta velocidad, grabación en alta definición y un rendimiento muy aceptable son otros de los valores de una cámara única que ha descuidado sin embargo aspectos tan vitales como el enfoque y la rapidez de reacción.

Lo hemos dicho muchas veces y volvemos a recordarlo: cualquier firma que pretenda romper con la soporífera monotonía de los megapíxeles, las pantallas enormes y la detección de sonrisas merece, de entrada, un voto de confianza. Y si el alarde de rupturismo viene además de una marca considerada menor en las altas esferas fotográficas, la maniobra es doblemente admirable.

Así de optimistas recibimos en su día la Exilim Pro EX-F1 de Casio y su curiosa y espectacular hoja de especificaciones: sensor CMOS de 6 megapíxeles, zoom estabilizado de 12 aumentos, controles manuales, grabación en formato RAW y una velocidad de disparo de nada más y nada menos que 60 fotogramas por segundo.

Desde aquel primer encuentro ha pasado tiempo. Suficiente, al menos, para exprimir las posibilidades de esta cámara, indagar en sus capacidades fotográficas y de vídeo y -cómo no- toparnos con algún que otro defecto. El entusiasmo inicial sigue en pie, pero como siempre, requiere unos cuantos matices.

Réflex en miniatura

Concebida como una pequeña SLR, lo que más sorprende del diseño de la F1 es que llegue firmada por Casio. Y es que, a diferencia de otras marcas que ya habían jugado con este tipo de proyectos, la firma nipona había sido siempre fiel -con ligerísimas variaciones- a las estilizadas compactas de bolsillo.

El manejo es bastante complejo en comparación con el resto de los modelos de la casa, que apenas abandonan los automatismos.

Pese a que los mandos son abundantes (dos diales superiores, una rueda posterior, un mando y un interruptor dedicados a la grabación de vídeo...), se echan mucho de menos algún acceso directo y la clásica rueda en la parte frontal que permite controlar los ajustes manuales sin volvernos locos.

Un detalle que ya nos ofrece una interesante pista de que en la F1 todo queda supeditado al disparo de alta velocidad. Los ajustes manuales y las prestaciones fotográficas más tradicionales son aquí secundarios.

En cambio, el anillo del objetivo es una excelente ayuda. No tanto para controlar el zoom -resulta un poco lento y requiere casi cinco giros completos para recorrer todas las focales- como para ajustar la velocidad de la ráfaga e incluso dirigir el enfoque manual.

Son también una buena idea los tres mandos laterales del objetivo, que de un solo toque permiten -respectivamente- cambiar el modo de enfoque, congelar el enfoque y la medición y -éste sí que podría haber sido dedicado a algo más útil- ajustar el brillo de la pantalla.

Un objetivo a medio gas

El zoom de 12 aumentos es también una primicia para Casio. Con unas focales equivalentes a 36-432 milímetros, si bien el teleobjetivo es más que suficiente, la cobertura angular se queda notoriamente corta.

Las buenas noticias llegan de la mano de la interesante luminosidad (f2.6-4.7) y de un estabilizador mecánico que funciona bastante bien y ofrece una mejora de unos 3 pasos respecto a la velocidad de disparo normal. Lástima que tanto su activación como su control se encuentren demasiado escondidos en el menú principal de la cámara.

La peor parte de la óptica llega al analizar la pérdida de nitidez en los bordes de la imagen y - sobre todo- al repasar el funcionamiento del enfoque automático. Sin duda, este punto es uno de los mayores problemas que presenta esta F1, porque compromete el que es su gran activo: la velocidad de disparo.

¿De qué sirve poder disparar 60 fotografías en un segundo si la cámara necesita unos preciosos instantes antes de cada disparo para enfocar y -peor aún- ofrece falsas confirmaciones de foco?

Metidos ya en el terreno de la velocidad, tampoco el encendido de la F1 ni el simple paso de la visualización a la toma de imágenes son tan rápidos como cabría esperarse de la compacta más veloz del momento.

Detalles tan nimios como tener que pulsar primero el botón de toma de fotografías en lugar de directamente el disparador cuando estamos revisando fotos y vemos de repente una escena interesante para inmortalizar pueden hacernos perder una buena instantánea.

Velocidad a la carta

Evidentemente, la velocidad de disparo es el pilar fundamental de este modelo. Tal como ya comentamos en su momento, más allá de los excesivos 60 fotogramas por segundo, la gestión y el control que se ofrecen a esta velocidad es lo que hacen de la F1 una pieza muy interesante.

Y es que, mejor que poder tomar 60 fotografías en un solo segundo resulta en la mayoría de los casos realizar 20 disparos por segundo durante 3 segundos consecutivos, por ejemplo. Las combinaciones son, por tanto, muy amplias y tienen en el buffer de 60 fotos su único límite.

Una vez concluida la ráfaga, la cámara nos da la opción -si así la hemos configurado- de revisar y elegir las imágenes antes de que se graben en la tarjeta.

Una muy buena idea tanto para agilizar la revisión definitiva -desgraciadamente el software no agrupa las imágenes, por lo que revisar decenas de fotos casi idénticas puede llegar a ser horrible- como para no sobrecargar la tarjeta.

Además de esta velocidad en estado puro, la F1 dispone de algunas opciones que serán muy interesantes para los fotógrafos de naturaleza. Nos ha encantado, por ejemplo, el modo de disparo en el que el obturador activa automáticamente la captura en ráfaga al detectar la entrada o salida de algún sujeto en una zona del cuadro.

Las ventajas de este elenco de modalidades de disparo son evidentes y se podrían resumir de forma muy sencilla: gracias a su velocidad, la F1 permite capturar instantáneas que con cualquier otra compacta -y posiblemente con una SLR- se nos hubieran escapado.

La única objeción que hacerle a tanta velocidad es que los segundos de espera necesarios mientras se graban todas las imágenes del buffer en la tarjeta de memoria pueden hacernos perder, paradójicamente, la siguiente foto.

"Sólo" 6 megapíxeles

Aparte de la velocidad, una de las características que más nos gustó al conocer el desarrollo de esta F1 es su sensor CMOS de 6 megapíxeles. Ante la desbocada carrera de la resolución, teníamos muchas esperanzas puestas en esta apetecible combinación: tecnología CMOS y una cuenta de megapíxeles muy contenida.

Sin embargo, los resultados de la F1 en lo que se refiere al control del ruido vuelven a recordarnos que esta cámara está especializada en la fotografía rápida, no en la nocturna. No es que funcione mal o peor que muchas otras compactas -con suficiente luz no hay problemas hasta los 400 ó 800 ISO-, pero esperábamos más.

Mejores noticias hay al hablar del rango dinámico de la cámara. Además de mostrar un control de las luces altas por encima de lo que suele ser habitual en las cámaras compactas -aquí sí se notan los 6 megapíxeles-, la F1 dispone, al igual que otras Exilim, de un ajuste que permite modificar este parámetro.

Más escondido de lo deseable, si situamos este control en +2 se produce una notoria mejoría en las sombras. Cierto que el nivel de ruido también se ve ligeramente afectado, pero a diferencia de lo que suele ocurrir, observamos cómo también las luces altas salen beneficiadas de este control del rango dinámico.

RAW y JPEG

Tampoco hay que pasar por alto la posibilidad de trabajar en formato RAW. Algo que no todas las compactas avanzadas ofrecen, y que en cualquier caso nunca se había visto en un modelo firmado por Casio.

Convertida, ahora sí, en una compacta al uso, la velocidad de procesamiento y reacción de la cámara no es especialmente satisfactoria.

Las imágenes se graban en el formato DNG de Adobe, y sin aportar grandes mejoras respecto al trabajo en JPEG, sí que es posible estirar un poco el rango dinámico y mejorar la nitidez -algo corta en ocasiones- de la toma y las aberraciones cromáticas que se producen en las fotografías más contrastadas.

Respecto al balance de blancos, esta Exilim sorprende con un rendimiento bastante bueno con el modo automático para luces artificiales, pero muestra unos resultados demasiado fríos si aplicamos este mismo modo a la teóricamente más asequible luz diurna.

El flash, por su parte, se queda muy corto para llegar a las focales más largas y tiende a quemar las imágenes más cercanas.

Atención también a las sombras que produce con el parasol colocado en la óptica -horrible el sistema de anclaje, por cierto-, y no nos olvidemos en ningún caso de ir armados con varios gigabytes de memoria en forma de tarjetas SD Card (o mejor SDHC si pretendemos jugar mucho con las ráfagas de 60 imágenes).

Casi una videocámara

Basta con echar un rápido vistazo sobre las prestaciones de esta cámara compacta para darse cuenta de que el vídeo es una de sus cualidades estelares.

La F1 cuenta entre sus principales atractivos con la posibilidad de grabar secuencias de vídeo a 300, 600 y 1200 fotogramas por segundo, es decir, permite ver un movimiento hasta 48 veces más lento que en la vida real. Como ya pudimos constatar en pruebas anteriores, el resultado de los vídeos es francamente espectacular.

Eso sí, el uso de estas velocidades vertiginosas comporta no pocos inconvenientes. En esta modalidad de grabación, la cámara genera un cuadro con unas proporciones un tanto extrañas.

Así, cuando capturamos a 1200 fotogramas por segundo, por ejemplo, el vídeo resultante tiene un tamaño de 336 x 96 píxeles, y cuando lo hacemos a 600, hablamos de unas dimensiones de 432 x 192 píxeles.

Hay que tener en cuenta, además, que la cámara no realiza ajustes de enfoque y exposición una vez hemos iniciado la grabación, por lo que las posibles variaciones de luz en la escena no reciben ninguna respuesta por parte de la F1.

Y aunque quizás no llame tanto la atención como grabar a cámara lenta, la F1 también es capaz de capturar secuencias de vídeo en alta definición con un tamaño de cuadro de 1920 x 1080 píxeles. Para ello se sirve del códec de compresión AVC/H.264, que genera archivos con extensión MOV que pueden reproducirse con el software de ArcSoft adjunto con la cámara.

La calidad del vídeo en HD es francamente buena, y sorprendente habida cuenta de que la F1 es, en principio, una cámara de fotos. Las capturas gozan de un nivel de detalle y nitidez excelente, y el procesador hace -salvo en contadas ocasiones- un buen trabajo con la compresión.

Incluso cuando la luz escasea y empieza a aparecer el molesto ruido electrónico, la cámara consigue preservar gran parte de la calidad y luminosidad de la toma. Podemos afirmar, sin ninguna duda, que la calidad del vídeo ofrecido por esta Casio es pareja a la que ofrecen muchas videocámaras HD que se encuentran actualmente en los escaparates.

Al contrario de lo que ocurre con el modo de alta velocidad, la F1 permite el uso del zoom grabando en HD y es capaz de realizar ajustes una vez hemos iniciado la captura. Además, esta Exilim incorpora -y esto es muy interesante- una entrada mini-jack para conectar un micrófono externo, algo de lo que carecen desgraciadamente muchas videocámaras.

Reinar en solitario

A diferencia de otras compactas de tipo SLR, la Exilim Pro EX-F1 no pretende sustituir a una réflex digital. Su grado de especialización es tal que no tendría mucho sentido invertir los casi 800 euros que cuesta si lo que se busca es simplemente una cámara con mucho zoom, opciones manuales e incluso formato RAW.

Para eso hay opciones mejores y más asequibles que esta Casio. La F1 está pensada para aplicaciones de alta velocidad, y es aquí donde puede lucir palmito y presumir de ser única en su especie.

Mención especial merece la grabación de vídeo, cuyo rendimiento y calidad más allá del modo de alta velocidad podría poner en aprietos a alguna sencilla videocámara HD.

Aun así, los estrenos siempre son complicados. Y Casio ha pagado la osadía de esta aventura con algunos errores de primerizo, descuidando aspectos tan vitales como el enfoque automático, la puesta en marcha y la construcción, no tan robusta como cabría desear para un modelo de este precio.

Fotográficamente -en el sentido más clásico del término-, la cámara se defiende, pero algunos esperábamos algo más de este CMOS de "sólo" 6 megapíxeles.

Confiemos, eso sí, en que cuando toque revisión, no se empiece la casa por el tejado, y en lugar de limar las asperezas reales, no se ofrezca lo que -precisamente- menos falta hace: más resolución.

De momento, la F1 reinará en solitario, convertida en una opción muy interesante no sólo para aplicaciones científicas -en este caso, una oportunidad terriblemente barata-, sino también como un precioso complemento para los fotógrafos de deportes o naturaleza que estén deseando captar todo aquello que hasta ahora se les escapaba.

TEXTO: Iker Morán y Álvaro Méndez
FOTOS: Álvaro Méndez

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