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Exilim Hi-Zoom EX-V7

Características
Punt. usuarios: 4,02 puntos (las puntuaciones se han elaborado en base a la media de las votaciones efectuadas por los usuarios/as de QUESABESDE.COM)
Ver opiniones
Sensor: CCD de 7,20 MP
Máx. res.: 3072 x 2304 p.
Objetivo (35 mm): 38,0-266,0mm
Zoom: 7x (óptico) / 4x (digital)
En dos palabras
La atractiva combinación entre zoom de 7x y cuerpo estilizado tiene como contrapartida una merma en la calidad de imagen
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Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Casio Exilim Hi-Zoom EX-V7 con nuestras 38 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.

Análisis
martes, 19 de junio de 2007

Un pretendido híbrido de bolsillo

Presentada hace pocos meses con la vitola de revolucionaria, la Exilim Hi-Zoom EX-V7 nace con la voluntad de encarnar un nuevo salto hacia adelante en el catálogo fotográfico de Casio. Con esta idea de convertirse en un referente de las compactas que combinan ajustes manuales y portabilidad, la V7 luce un cuerpo delgado, una comedida resolución de 7 megapíxeles y una óptica de 7 aumentos adornada con el primer estabilizador mecánico de la marca. Y encima es bonita. Lástima que su rendimiento no esté a la altura de una carta de presentación tan apetecible.

Así como las compactas de tipo réflex juegan a establecer un puente entre ambos mundos, Casio combina en la Exilim Hi-Zoom EX-V7 un tamaño de bolsillo con prestaciones avanzadas a las que la marca no se había acercado desde aquellos felices tiempos en los que la saga Exilim Pro campaba por los escaparates.

Estéticamente agradable -delgada, metálica, con tapa deslizante-, ofrece una serie de prestaciones más que interesantes: 7 megapíxeles, estabilización de imagen, un zoom de 38-266 milímetros, grabación de vídeo de buena calidad.

Así las cosas, la V7 trata de seducir a los que buscan una cámara bonita, sin dejar de lado a los que piden algo más.

Diseño

El cuerpo metálico de la V7 se presenta suave en formas y ergonómicamente acertado. La carcasa aporta una cierta robustez, la que se suma una agradable ausencia de aristas.

El agarre es cómodo y la mayoría de los mandos son fácilmente accesibles, aunque la posición del botón SET y del multiselector no acaba de convencernos. El mando del zoom, por su parte, es algo peculiar -se activa verticalmente y no horizontalmente, como suele ser más habitual-, aunque no por ello es menos efectivo.

La parte frontal recurre al conocido diseño de la tapa deslizante -en sentido horizontal- para ocultar el objetivo y dar algo más de encanto al modelo. La cubierta hace, además, la función de mando de encendido y apagado. Un sistema muy ágil a la hora de manejar la cámara, aunque facilita excesivamente el encendido accidental cuando la guardamos en el bolsillo.

Buena pantalla

La parte trasera distribuye el espacio de forma desigual entre unos pocos botones y una nada desdeñable pantalla de 2,5 pulgadas. El monitor se come, casi literalmente, toda la retaguardia de la V7.

En lo que a calidad respecta, este TFT de 230.000 puntos de resolución puede presumir de un buen refresco -algo que ya no es tan novedoso- y un brillo aceptable. No muestra excesivos problemas al utilizarla con luz brillante -aunque el efecto espejo es indesterrable- y reproduce las tomas con colores reales y degradados suaves.

La reproducción de las imágenes sigue siendo uno de los talones de Aquiles en las pantallas de Casio, y la de la V7 no hace sino reafirmar nuestra teoría. Así, este modelo continúa sufriendo una cierta demora a la hora de ofrecer las imágenes enfocadas en la pantalla, algo que también ocurre en otras cámaras de la marca. Ello se traduce en una primera impresión de falta de nitidez a la que el usuario tendrá que acostumbrarse.

Los menús que posibilitan el manejo de la V7 mantienen una estética particular, un tanto distinta a la de otros modelos de Casio. En ningún caso la cámara hace ascos a los accesos rápidos para facilitar la modificación de los parámetros más importantes.

De esta forma, aparecen superpuestos a la escena encuadrada los datos de la toma y los comandos disponibles para su variación: velocidad, abertura, sensibilidad... El resto de parámetros menos vitales -como la saturación o la nitidez- y los ajustes técnicos de la cámara pasan indefectiblemente por los menús estándares, que para nada resultan complicados de manejar.

El sistema de trabajo de la V7 de Casio no difiere mucho del de otras cámaras compactas digitales, con la salvedad de que, además de los previsibles modos automáticos y escénicos, ofrece también un control totalmente manual o mediante prioridades a la velocidad y el diafragma.

También dispone de un modo denominado "sencillo", pensado para los más reacios a sumergirse en los vericuetos técnicos de la fotografía avanzada. Respecto a las numerosas escenas que, como es habitual, acompañan a las compactas de Casio en torno a la función BestShot, la V7 presume de 33 modos que cubren las más inimaginables situaciones.

Arriba el periscopio

El objetivo es, posiblemente, uno de los atributos más interesantes de este modelo. Y es que mantenerse dentro de las estrechas limitaciones impuestas por el cuerpo de esta cámara -no sale proyectado en ningún momento- y contar con una focal de 38-266 milímetros no es algo habitual.

Lástima que esos 7 aumentos ópticos no se hayan destinado a configurar un angular de -por lo menos- 28 milímetros. Claro que, en ese caso, hubiera sido más complicado mantener a raya el tamaño de las lentes y el precio final de la cámara.

Si a esta generosidad focal le añadimos una abertura de diafragma de f3.4-5.3 (correcta, aunque no tan luminosa como sería deseable), la V7 y sus lentes tienen todas las papeletas para ser las que más miradas atraigan en el baile.

El zoom cuenta con una velocidad de respuesta que no resulta especialmente rápida. El enfoque, por su parte, es preciso y actúa de forma veloz. En el modo de seguimiento, eso sí, su eficacia es cuestionable. La V7 cuenta, además, con una potente y muy práctica luz de apoyo al enfoque, que también puede servir para iluminar una escena al grabar secuencias de vídeo.

En lo tocante a calidad, el sistema óptico puede presumir de un rendimiento medio, con una carga de aberraciones fácilmente visible. Así, los molestos halos de color púrpura en situaciones de contraluz o con diferencias acusadas de contraste son bastante habituales en esta V7.

La distorsión geométrica podría calificarse de contundente, y no habría estado de más una corrección severa en este aspecto. Además, la contaminación de la escena por luz parásita en contraluces tampoco es un fenómeno aislado, y el oscurecimiento de los bordes es perceptible en no pocas situaciones.

Aunque entendemos las dificultades que supone implementar un zoom tan potente es un espacio tan reducido, lo cierto es que tal vez debería haberse cuidado más este apartado, teniendo en cuenta que es uno de los pilares de la V7.

La estabilización mecánica de la que esta Exilim hace gala no es especialmente efectiva, o mejor dicho, no tiene un rendimiento regular. Con dos modos de funcionamiento -uno puramente mecánico y otro que fuerza la sensibilidad par aumentar la obturación-, la utilidad práctica de esta prestación no acaba de satisfacer las expectativas que el primer estabilizador real de Casio había levantado.

Silencio a la fuerza

Como bien sugiere su nombre, el sensor que incorpora la V7 cuenta con 7 millones de píxeles de resolución y es capaz de generar imágenes con un tamaño máximo de 3072 x 2048 puntos.

Respecto a la sensibilidad, el fotógrafo dispone de una escala de 64 a 800 ISO, además de un valor forzado de 1600 ISO, disponible únicamente en un modo especial de trabajo. Su grado de aprovechamiento es casi nulo.

Más preocupante que este dato es la fortísima reducción de ruido que el procesador aplica a las imágenes, prácticamente desde el escalón más bajo. Así, ya a 100 ISO -pero sobre todo a partir de 200 ISO- la pérdida de nitidez y detalle es manifiesta y muy elevada.

La calidad de la imagen tampoco acaba de convencernos. Más allá de la reducción de ruido y la consiguiente merma en el detalle, las imágenes generadas por esta Exilim adolecen de contraste y tienen un aspecto ligeramente velado. Nada que no pueda corregirse a través de los ajustes de la imagen o más tarde en el ordenador, aunque hubiéramos preferido unos resultados directos más aprovechables.

Los balances de blancos, para terminar con el captador y el procesamiento de la imagen, muestran un funcionamiento dispar. Con las luces artificiales -fluorescentes y tungstenos- la V7 se defiende bastante bien, tanto en automático como en el modo prefijado. Sin embargo, con la luz solar el modo automático deja una leve -aunque visible- dominante amarilla.

En lo referente al consumo, Casio asegura que este modelo ofrece cifras cercanas a los 250 disparos con una sola carga. Vistos los resultados y la enorme batería que incorpora -delgada, pero muy larga-, no ponemos en duda esta afirmación.

Efectivamente, tras las pruebas realizadas podemos confirmar que esos 250 disparos por carga son factibles sin ser especialmente tacaños con el uso del zoom, el estabilizador, la pantalla o el flash. Un flash que, dicho sea de paso, no es ninguna maravilla: tiende a quemar la escena en los disparos a corto alcance y se queda corto muy rápidamente cuando nos alejamos de la escena.

Como ocurre con casi todas las Exilim, la carga se realiza necesariamente a través de una base que acompaña a la cámara.

Un as en la manga: el vídeo

Mención aparte merece la función de grabación de vídeo que esgrime la V7. Con una resolución máxima de 848 x 480 puntos, una cadencia de 30 fotogramas por segundo y sin más limite de tiempo que la capacidad de la tarjeta de memoria, la teoría ya es prometedora. Y basta visualizar las secuencias en la pantalla del ordenador para que esa promesa se haga realidad.

Como datos interesantes, cabe remarcar el uso del código de compresión H.264, que permite ampliar -según explica Casio- hasta un 50% la duración del vídeo en relación a la capacidad de la tarjeta de memoria. También es digna de mención la posibilidad de usar el zoom óptico y un modo de estabilización digital durante la grabación de las secuencias.

Pese a las limitaciones en la calidad cuando la luz escasea y pese a las pérdidas de foco al variar el zoom durante la grabación, lo cierto es que el buen resultado del vídeo nos lleva a replantear la V7 no sólo como una compacta de bolsillo, sino como un acercamiento al concepto de dispositivo híbrido entre el mundo de la fotografía y el del vídeo.

Un salto adelante (con titubeos)

Aunque no podemos disimular cierto sentimiento de decepción tras haber probado con detenimiento la Casio Exilim Hi-Zoom EX-V7, es cierto que hay que reconocerle a Casio el mérito de hacer un salto cualitativo de esta envergadura.

Las compactas Exilim en su sentido más estricto son el fuerte de Casio. La V7 se sale del guión habitual y apuesta por prestaciones más elevadas, como el zoom óptico de 7 aumentos o el estabilizador mecánico. El problema es que este valiente salto hacia delante se ha quedado a medio camino, y la compañía nipona no consigue plasmar en la práctica todas las buenas intenciones que ha puesto sobre el papel.

El ruido electrónico -o mejor dicho, el pernicioso sistema de reducción del ruido-, los problemas descritos sobre el objetivo y la mejorable calidad de imagen son cargas explosivas sobre los pilares de esta V7. Aun así, y pese a descartar a los usuarios más exigentes, lo cierto es que la V7 tiene un particular atractivo para aquellos amantes de las compactas que quieran ir un poco más allá, sobre todo en lo que a zoom se refiere.

Si no nos obsesionamos con la calidad de imagen y buscamos una compacta bonita, con autonomía suficiente, con un zoom potente y que haga de la grabación de vídeo uno de sus puntos fuertes, la V7 podría ser una buena elección.

TEXTO: Eduardo Parra
FOTOS: Álvaro Méndez

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