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Exilim Card EX-S770

Características
Punt. usuarios: 3,83333333333333 puntos (las puntuaciones se han elaborado en base a la media de las votaciones efectuadas por los usuarios/as de QUESABESDE.COM)
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Sensor: CCD de 7,20 MP
Máx. res.: 3072 x 2304 p.
Objetivo (35 mm): 38,0-114,0mm
Zoom: 3x (óptico) / 4x (digital)
En dos palabras
Con unas prestaciones más bien discretas y una calidad de imagen mejorable, la S770 tiene en el diseño su mejor argumento
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Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Casio Exilim Card EX-S770 con nuestras 38 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.

Análisis
martes, 08 de mayo de 2007

Obsesión por el diseño

Dentro de la extensa familia de compactas de Casio, la Exilim Card EX-S770 se ha consolidado durante los últimos meses como una de las más populares. Diseño atractivo y portabilidad se dan la mano en una cámara ultracompacta -y de vibrante color rojo, en el caso de la unidad probada en QUESABESDE.COM-, con unas líneas que la acercan a la categoría de complemento de moda. Equipada con un sensor de 7 megapíxeles, no presume de controles manuales ni de una hoja técnica espectacular. Ni falta que le hace. Lástima que, a la vista de los resultados, los flechazos a primera vista no siempre resultan tan hermosos como cabría desear.

De las muchas estrategias que una cámara puede adoptar para hacerse un hueco en el escaparate, una de las más recurrentes y que ha demostrado tener mayor éxito es la del diseño. Y es que, cuando se apuesta por unas prestaciones técnicas que no sobresalen de la media, el maquillaje a nivel de superficie es el mejor camino para escapar del tan manido cliché de otra-compacta-para-aficionados.

La Casio Exilim EX-S770 es un ejemplo paradigmático de esta tendencia de poner el acento en el aspecto y relegar los detalles puramente fotográficos a un segundo frente. Y es que, tal y como ocurre con muchas otras compañeras de marca, es ésta una cámara pensada para dejarse ver.

Esta Exilim, de hecho, cumple a rajatabla las cuatro premisas de la cámara idónea para el fotógrafo ocasional: muchos megapíxeles, una gran pantalla, un uso extremadamente sencillo y diseño, mucho diseño. El mismo menú de siempre, pero en un recipiente más delgado y bonito.

Disponible en rojo, azul grafito y plata, la elegante S770 luce un estilizado cuerpo de 17 milímetros de grosor. Sus reducidas dimensiones, compatibles con cualquier bolsillo, no están reñidas con una buena ergonomía.

Así, el agarre es bastante cómodo. En el escaso espacio disponible para los dedos -la pantalla se adueña del 80% de la parte trasera-, hay hueco para colocar y mover el pulgar. Este dedo es el más indicado para gestionar los pocos mandos ubicados en la zona trasera, centrados sobre todo en la navegación por los menús de la pantalla y el manejo del zoom.

Es reseñable la inclusión de un botón de acceso directo al modo de grabación de vídeo, de forma que no es necesario navegar por ningún menú ni mover ninguna rueda para su activación.

El botón de obturación, por su parte, reposa en la parte superior y resulta fácilmente accesible parar el dedo índice. La parte frontal se mantiene fiel a las atractivas formas de la cámara, y más allá de su impecable aspecto, tan sólo alberga el objetivo retráctil y el flash.

Pantalla mejorable

Con un monitor de 230.000 puntos y unas dimensiones nada desdeñables de 2,8 pulgadas de diagonal, la pantalla es otra de las protagonistas de esta S770.

Aunque su velocidad de refresco es excelente incluso con poca luz, la verdad es que no puede presumir de una calidad excepcional. Los colores reproducidos no se acaban de ajustar a la realidad, y tampoco puede hablarse de una nitidez especialmente acertada.

Además, la S770 sufre del mismo defecto que ya detectamos en la Exilim EX-Z1000: a la hora de visualizar las imágenes almacenadas, hace falta un par de segundos para que la fotografía aparezca perfectamente nítida. Un proceso que, si bien era habitual y perdonable hace unos años, a estas alturas ya debería estar superado.

Característica preceptiva en la saga Exilim, la S770 también cuenta con el apoyo del sistema Best Shot. Así pues, ofrece no sólo múltiples modos de disparo personalizables, sino también todo un abanico de escenas prefijadas pensadas para los más novatos.

Especialmente curioso resulta el modo escénico bautizado como eBay, que prepara la imagen para su uso en la conocida página web de subastas, activando el enfoque macro y reduciendo automáticamente el tamaño de la imagen.

Los menús de la pantalla se basan en una sucesión de pestañas dispuestas a un lado -aunque puede modificarse su ubicación- y sobreimpresas a la imagen. En la mayoría de los casos, por tanto, no es necesario dejar de encuadrar mientras se modifican los valores de la toma.

Demasiado ruido

Dotada de un CCD de 7 millones de píxeles, la S770 se sitúa en un punto intermedio entre las que apuestan con más descaro por resoluciones muy altas y las que no quieren renunciar al gancho comercial de los megapíxeles.

Su captor es capaz de generar imágenes en formato JPEG con un tamaño máximo de 3072 x 2304 puntos que se almacenan en tarjetas SD Card, MMC y SDHC, y en una memoria interna meramente testimonial -y absolutamente ridícula- de 6 MB.

Aunque la S770 no apura al máximo la capacidad de un sensor de pequeñas proporciones como el suyo, de 1/2,5 pulgadas, habría que ver si este reparto más holgado de los fotodiodos se traduce en un rendimiento satisfactorio en lo que a ruido electrónico se refiere.

Y la verdad es que la S770 no resuelve este apartado tan bien como debería (aunque en una cámara compacta de este segmento encontrar imágenes repletas de ruido no es ninguna novedad). Claro que, como casi siempre, es muy probable que el usuario al que va dirigida esta compacta no le inquiete especialmente este detalle.

El caso es que, pese al limitado rango de sensibilidades (de 100 a 400 ISO, con un valor forzado a 800 ISO disponible sólo en el modo de estabilización), la S770 no convence cuando falta la luz. Y es que el ruido ya se deja ver a 200 ISO, por mucho que el sistema de reducción intente paliarlo y se lleve por delante parte de la nitidez de la imagen.

Además, parece que el sistema de mitigación del ruido electrónico entra en acción desde los niveles más bajos, incluso a 100 ISO. Su agresividad es tal que, si en los rangos bajos ya deja su huella, a 400 ISO la imagen puede llegar a ser inutilizable.

Dejando atrás las sensibilidades, lo cierto es que la S770 tampoco puede presumir de una nitidez precisamente plausible. Tampoco el rendimiento cromático merece muchas alabanzas, aunque es posible -y de hecho recomendable- modificar la saturación y el contraste. Aun así, los colores son en general apagados y poco saturados, cualidades encontradas con las aspiraciones básicas de cualquier aficionado.

En lo que respecta a los balances de blancos, la S770 rinde bien con luz natural, pero presenta una respuesta desigual al pasar a luces artificiales. Así, el modo automático para luz de tungsteno consigue resolver la fotografía con bastante soltura, mientras que el ajuste automático con iluminación fluorescente se encuentra con más problemas.

Estabilización "made in" Casio

El objetivo integrado en esta cámara es un zoom retráctil con unas focales de 38-114 milímetros en paso universal. Aunque la luminosidad máxima de f2.7 en la posición angular no está nada mal, la S770 no puede presumir de una gama focal amplia ni de un teleobjetivo luminoso (f5.2).

Rápido y bastante preciso a la hora del enfocar, el zoom se desplaza con un zumbido mecánico que no sólo resulta molesto, sino que es inconciliable con la ya comentada elegancia del cuerpo. La carga de aberraciones geométricas, por su parte, es visible, aunque las distorsiones cromáticas resultan bastante controladas.

Como no podría ser de otro modo, la cámara cuenta con el mismo sistema de estabilización DSP que incorporan buena parte de las Exilim. Aunque no se trata de un sistema mecánico como el que utiliza la Exilim Hi-Zoom EX-V7, hay que reconocer que la estabilización digital de este sistema ofrece unos resultados más que aceptables.

Además de la función DSP, la S770 también cuenta con un modo de trabajo denominado "imagen estabilizada" en el que se juega principalmente con la sensibilidad. En este caso, el ajuste puede elevarse hasta 800 ISO para forzar una velocidad de obturación más rápida y reducir así la probabilidad de obtener una imagen trepidada.

También para el vídeo

Además de la estabilización fotográfica, este sistema digital también extiende su influencia a la modalidad de grabación de vídeo. No hay que olvidar que, tal y como ocurre en otras compactas de la marca, la S770 pretende ser una especie de híbrido entre los universos de la fotografía y el vídeo.

Por eso, además de incorporar el ya citado botón propio para el registro de vídeos, la S770 añade a la estabilización electrónica la posibilidad de capturar fotografías sin detener la grabación de una secuencia.

Capaz de trabajar con el código MPEG-4 y de grabar vídeos de 640 x 480 píxeles (e incluso panorámicos de 704 x 384) a 30 fotogramas por segundo, resulta difícil de entender que la S770 limite el tiempo de las secuencias a 10 minutos, y no a la capacidad de la tarjeta.

Por lo demás, la batería luce una estupenda autonomía de hasta 200 disparos, según las especificaciones oficiales, mientras que el flash se queda algo corto en aquellas situaciones en que la luz es pobre y el sujeto está algo alejado.

Aunque no sea exclusivo de esta cámara, insistimos en nuestro alegato contra las bases de conexión como la de la S770, que resultan imprescindibles para cargar la cámara, conectarla a una pantalla externa o transferir las imágenes. ¿De qué sirve un cuerpo tan pequeño y compacto si luego requiere de una base de conexión tan grande como la propia cámara?

De cara a la galería

La Casio Exilim Card EX-S770 está destinada al fotógrafo aficionado que busca, ante todo, un dispositivo atractivo. Sencilla a la hora de utilizar y especialmente encantadora a la hora de contemplar sus curvas: he aquí la ecuación maestra de esta Exilim.

Aunque sus prestaciones fotográficas son modestas por definición -su potencial comprador no necesita controles manuales ni una larga lista de prestaciones-, la S770 debería cuidar con más esmero ciertos detalles. Y es que esos 7 megapíxeles deberían dar algo más de sí, tanto en lo tocante a nitidez como a rendimiento cromático -por no hablar del molesto ruido electrónico.

Así las cosas, será el usuario quien tenga que poner a ambos lados de la balanza el rendimiento técnico y la belleza exterior, y decidir si le convence la clara vocación estética de esta S770.

TEXTO: Eduardo Parra
FOTOS: Álvaro Méndez

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