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![]() PowerShot Pro1Características ![]() Punt. usuarios: Máx. res.: 3264 x 2448 p. Objetivo (35 mm): 28,0-200,0mm Zoom: 7x (óptico) / 3,2x (digital) En dos palabras Una excelente calidad de imagen que se ve enturbiada por un objetivo Canon L que no está a la altura Precios No hay precios disponibles Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Canon PowerShot Pro1 con nuestras 22 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
martes, 13 de abril de 2004 La primera compacta con óptica -teóricamente- profesionalHace aproximadamente tres meses Canon generaba expectación entre el público semiprofesional con la presentación de su primer equipo compacto de 8 megapíxeles dotado de la conocida óptica de la serie L, reservada hasta entonces a las cámaras réflex. Llegaba la PowerShot Pro1, que a la atractiva combinación de resolución y óptica añade el ya habitual procesador DiGIC y el sensor CCD de 2/3 de pulgada que tan buenos resultados le han dado a la firma nipona. Sometida a nuestro examen, la Pro1 se revela una cámara llamada a ser un punto de referencia para el resto de competidores, muy a pesar del defecto de "viñeteo" del que cojea su flamante objetivo. PowerShot Pro1: ¿la máquina?La guerra de los 8 megapíxeles arrancó el año pasado con la presentación de la Cyber-shot DSC-F828 de Sony. El sensor SuperHad de cuatro colores y su óptica Carl Zeiss T* la convertían en el rival a batir. Las dificultades presentadas por este modelo, fruto de las urgencias por liderar el mercado, daban un margen a los demás competidores para preparar su ofensiva comercial. Canon se adelantó, y el pasado mes de febrero descubría su primera representante de 8 megapíxeles, la PowerShot Pro 1. Además de su conocido CCD de 2/3 de pulgada y del magnífico procesador DiGIC, Canon sumó a la oferta una óptica USM de la serie L, de reconocida fama entre los profesionales de la fotografía. Entre los 14 elementos que forman el objetivo de la Pro1, un 28-200 mm con una relación de máximas aberturas de f 2.4-3.5, se encuentran un cristal UD de ultra-baja dispersión, dos asféricos y uno de fluorita, sin duda la novedad más destacada. Un conjunto diseñado por los ingenieros de Canon para reducir al máximo las aberraciones cromáticas, muy visibles en algunos modelos de la competencia -como la F828-, y para llamar la atención de aquellos que buscan un motivo sólido para pasarse al mundo digital. Sólida, ligera y personalizable El tamaño, los materiales con los que está construida y la disposición de sus controles demuestran la intención del fabricante de conferir a la Pro1 un cierto aire profesional. El diseño de la cámara permite una fácil sujeción de la misma, facilitando las tomas a velocidades de obturación bajas. Su peso, que no sobrepasa los 640 gramos sin la batería, es el adecuado, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de una máquina compacta. Un primer vistazo a la Pro1 es suficiente para descubrir los 9 programas de fotografía que ofrece, así como uno para la grabación de vídeo y dos más personalizables, denominados C1 y C2. Estas dos últimas posiciones del dial de la Pro1 permiten memorizar en la máquina los parámetros más utilizados por el fotógrafo, como las compensaciones de exposición, el tipo de flash, el balance de blancos, la sensibilidad del sensor y los efectos especiales, entre otros. Una vez puesta en marcha, puede decirse que el comportamiento de la Pro1 en todas las situaciones es bueno, aunque hay que dedicar una especial atención al enfoque -con el que hay que practicar para conseguir buenas fotos- y a las sensibilidades -con un exceso de ruido a partir de 200 ISO, un aspecto a mejorar por Canon. Estas carencias, de hecho, son comunes al resto de cámaras compactas. En este sentido, ya nos hemos acostumbrado a que las numeraciones ISO de los modelos digitales nada tienen que ver con las utilizadas hasta ahora en las cámaras de 35 mm; asimismo, tampoco parecen ser iguales entre las digitales: mientras que en una cámara empiezan los rangos a 50 ISO, en otra se parte de 200 ISO con idénticos resultados. Una cámara que interpreta tus decisiones Como decíamos antes, la posibilidad de utilizar programas automáticos y de personalizar -al mismo tiempo- los parámetros de disparo ofrece una gran variedad de opciones a la hora de tomar una foto, pudiendo jugar con la velocidad y la abertura. En cuanto a la profundidad de campo, no obstante, debería mejorarse el máximo valor f disponible para poder conseguir mejores resultados. Un f22 no estaría nada mal para la consecución de tomas de gran profundidad. El autoenfoque, que tantos males de cabeza suele causar a los fotógrafos, está bien resuelto en la Pro1. Así, es posible mover el cuadro de enfoque por la pantalla para seleccionar el punto exacto de foco. Si no es posible conseguir el enfoque elegido, bien sea por exceso o falta de contrastes, el sistema cuenta con la asistencia de un punto de enfoque que amplía 10 veces la imagen encuadrada en la pantalla -el conocido "efecto lupa"-, permitiendo ajustar manualmente su nitidez. En lo referente a la medición de la luz, la Pro1 dispone de las tres opciones convencionales, que son más que suficientes, respaldadas con una compensación de +/- 2 EV, además de la alternativa del bloqueo de la exposición. La pantalla, de 1,8 pulgadas y 235.000 píxeles, disfruta de un sistema de rotación de 270 grados, toda una invitación a la práctica del autorretrato. (Un uso que se hace todavía más evidente con el mando de control remoto sin cables que Canon suministra con la cámara.) En cualquier caso, es ciertamente difícil visualizar sin problemas la pantalla TFT en condiciones de luz intensa. Por cierto, entre las habituales funciones canonistas, encontramos en la Pro1 el denominado asistente de disparo Stitch, que superpone una serie de fotogramas para la composición de fotos panorámicas. Un software especial, que Canon suministra con la cámara, las une de forma automática. También hay que destacar como elemento de ayuda en situaciones de disparo conflictivas la inclusión del braketing de exposición y foco. Colores y luces en su punto La Pro 1 cuenta con dos balances manuales de blancos con los que es posible obtener colores reales en situaciones difíciles. La primera sorpresa con el ajuste manual de la Pro 1, de hecho, es que es capaz de convertir la luz anaranjada de una farola, de noche, en luz casi blanca y respetar asimismo los colores de los coches, los semáforos y del resto del mobiliario urbano con un 85% de exactitud. Y todo ello analizando la luz total, sin tener que recurrir a una carta gris o a un fondo blanco. La exposición máxima de 15 segundos es más que suficiente para realizar buenas tomas. Sin duda, obtendremos buenos resultados en todas las situaciones con la ayuda -por supuesto- de los ajustes manuales de la máquina. En situaciones en las que se requiere una velocidad de obturación muy baja para conseguir ciertos efectos, surge el problema de no poder cerrar el diafragma electrónico de la Pro1 más allá de f 8. Canon ha resuelto este problema con el denominado filtro ND, una opción incluida en el menú de la cámara que permite realizar disparos a velocidades bajas en condiciones de mucha luz. Cabe destacar también la eficacia del flash incorporado y la versatilidad que ofrece la zapata para acoplar una unidad externa. El flash puede controlarse desde el menú de la cámara, brindando varias opciones de gran ayuda para el fotógrafo poco experimentado, que suele sufrir en silencio los fogonazos del flash y las fotos subexpuestas. En este sentido, el ajuste de intensidad y el bloqueo de la exposición del flash sorprenden gratamente. Con esta asistencia pueden conseguirse, desde el menú de la máquina y tras varias pruebas, fotos definidas y bien expuestas. Dime de qué presumes y De todos es sabido que en el universo fotográfico digital los nuevos modelos aparecen como setas, asegurando siempre superar a sus competidores. Desafortunadamente, parece que los fabricantes han olvidado que lo más importante es la calidad y no la cantidad. Canon, que presentaba la Pro1 con el cartel de insuperable, se ha quedado con un cartel y un interrogante. La óptica de esta cámara, que en un principio debía erigirse como su principal punto fuerte, se ha convertido en un tendón de Aquiles crónico y con el quirófano asegurado. En primer lugar, para Canon hay un espacio de enfoque que no existe: con la Pro1 resulta imposible enfocar con atino entre los 30 y los 50 cm. El paciente, además, presenta zonas oscuras -léase, "viñeteo"- en los ángulos de las imágenes capturadas entre los 50 y los 200 mm de focal. En el apartado del gran angular, por último, cabe reseñar una tendencia muy notable a la deformación. Si no fuera que la torre de Pisa está inclinada, personalmente diría que la foto se tomó con esta óptica. Ironías aparte, no es demasiado alentador ver que la parte más importante en una cámara se halla tan descuidada. Es una pena que un producto con tan buena presentación y tanto bombo y platillo se quede a la altura de un experimento. Por cierto: la Pro1 aprueba en el capítulo de la aberración cromática, a pesar de que -desafortunadamente- resulta bastante fácil comprobar la presencia de halo violeta en algunos contraluces. En general, y a pesar de los fallos detectados en la óptica, la calidad de imagen que brinda la Pro1 es, sin lugar a dudas, excelente. No nos hemos podido abstener de realizar copias impresas de 30 x 40 centímetros, logrando un resultado holgadamente satisfactorio. Nos gustaría poder leer en las notas de prensa realidades que no se desvanecen a la hora de probar un producto de 1200 euros. A lo mejor nos beneficiamos todos con la presentación de una nueva Canon, llamémosla PowerShot Pro1 B, de precio más asequible y sin estos fallos tan evidentes. O al menos eso esperamos. TEXTO Y FOTOS: Albert Navarro |
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