Fotografía digital   |   Audio portátil   |   PDA   |   Vídeo digital   |   Cine en casa 
entrar/registrarse
Buscar:

PowerShot G9

Características
Punt. usuarios: 4,43404255319149 puntos (las puntuaciones se han elaborado en base a la media de las votaciones efectuadas por los usuarios/as de QUESABESDE.COM)
Ver opiniones
Sensor: CCD de 12,10 MP
Máx. res.: 4000 x 3000 p.
Objetivo (35 mm): 35,0-210,0mm
Zoom: 6x (óptico) / 4x (digital)
En dos palabras
Una de las compactas más completas del momento, la G9 sigue adoleciendo de un angular limitado y de ruido a 800 ISO
Precios
Mejor precio: 399 €Ver precios
Ver ofertas en


Muestras
Pulsa en la imagen para verla a su resolución originalPulsa en la imagen para verla a su resolución originalPulsa en la imagen para verla a su resolución originalPulsa en la imagen para verla a su resolución original
Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Canon PowerShot G9 con nuestras 41 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.

Análisis
martes, 26 de febrero de 2008

Poco más que una PowerShot G7 y medio

A rey muerto, rey puesto. El mercado criticó la Canon PowerShot G7 por carecer de captura en formato RAW, y esto forzó un relevo que Canon se ha apresurado en ofrecer. Pocas y limitadas novedades -el citado formato, 12 megapíxeles de resolución y 3 pulgadas de pantalla- apenas justifican esta temprana revisión del modelo compacto más avanzado de la firma. Aun con los refuerzos, la que pugna por ser la compacta de reserva de los profesionales sigue tropezando igualmente con el ruido y la ausencia de una óptica angular.

Si la Canon PowerShot G7 fue un modelo que necesitó dos años de -suponemos- estudio y análisis para tomar el relevo de la veterana Canon PowerShot G6, el nacimiento de la nueva Canon PowerShot G9 apenas un año después se nos antoja precoz.

De no ser un modelo prematuro, no queda sino asumir que se trata de una rectificación en toda regla del anterior, porque si la gran crítica a la G7 fue la ausencia de la posibilidad de realizar las capturas en formato RAW, el principal aliciente de la nueva G9 es -precisamente- disponer de este formato en bruto entre sus propiedades.

Añadida a este hecho la corta lista de novedades que incorpora el remozado modelo, hemos de suponer que Canon tomó buena nota de las críticas que recibió la G7 y decidió apresurarse a actualizarla. Y es que pese a ser una gran compacta, había nacido coja.

Una lista escueta

Siendo como es la serie G la joya de la corona en lo que a compactas canonistas se refiere, merece esta G9 un examen verdaderamente estricto. A éste nos atenemos para avanzar ya que el calificativo otorgado por muchos fotógrafos profesionales de "cámara de reserva cuando no llevo la réflex" resulta en principio excesivo.

Lo cierto es que la G9 sigue siendo una compacta polivalente, preparada para rendir tanto en manos expertas como aficionadas. Dotada de todos los modos manuales posibles, de una zapata para flash externo e incluso de una rosca para acoplar lentes de conversión -aunque no especialmente útiles-, la G9 no renuncia a un modo totalmente automático de exposición.

Un buen anzuelo para aquellos que empiezan desde cero pero aspiran a llegar muy alto con su cámara (aunque su precio es, sin duda, un listón insalvable para buena parte del público aficionado).

Como avanzábamos, los cambios con respecto al modelo antecesor son mínimos. La carcasa mantiene el tipo y apenas son perceptibles las mejoras en la pantalla, que crece en tamaño hasta las 3 pulgadas y amplía su resolución. Este cambio produce a su vez alteraciones en algunos botones, que ven reducida su superficie.

El sensor, por su parte, crece desde los 10 hasta los 12 megapíxeles de resolución, y se añade el ya citado formato RAW junto a la captura en JPEG. El resto de características son aparentemente idénticas a las de la G7, incluido el peso de 320 gramos.

Externamente, poco hay que añadir sobre la G9 a lo ya referido cuando analizamos su predecesora. El visor directo se mantiene, y el agarre sigue sin resultar especialmente cómodo: una cámara con forma de pastilla de jabón y una empuñadura mínima no puede presumir de una sujeción fácil ni práctica.

Tal incomodidad la palian por fortuna en el uso prolongado de la cámara los perfiles y las aristas, más suavizados si cabe que en la G7.

Más pantalla

Desprovista de una segunda pantalla LCD de información -que tampoco tenía la G7, pero sí la G6-, el protagonismo recae totalmente en la pantalla trasera.

Con 3 pulgadas de diagonal y 230.000 puntos de resolución, el LCD crece respecto al del modelo anterior, aunque mantiene su posición fija, una decepción para los que esperábamos pantalla móvil.

Respecto a la calidad, ninguna novedad: colores fieles, buena degradación tonal y un refresco excelente (siempre que haya buena luz, claro).

Los menús tampoco se apartan de lo visto últimamente. Una suerte de ítems desplegables concentran las opciones más relevantes y permiten modificar los parámetros sin perder de vista la escena. El resto de ajustes, más técnicos, quedan relegados al menú principal.

Aunque intuitivos y fáciles de manejar, volvemos a pedir a Canon que extraiga de estos menús generales la opción de estabilización, que permanece realmente un tanto escondida para la relevancia que tiene.

Mención especial merece el dial de sensibilidades que, situado en el extremo superior izquierdo, permite modificar directamente este valor con un sencillo giro. Una genial idea con reminiscencias clásicas que se mantiene afortunadamente en esta remodelada G9.

Ocurre prácticamente lo mismo con los modos manuales y de prioridad a la velocidad de obturación y abertura del diafragma. El dial trasero asume buena parte de las tareas para ajustar estos valores, mientras que el LCD muestra una elegante barra deslizante -igual que en la G7- con sus parámetros respectivos.

El enfoque manual se resuelve en la G9 del mismo modo que en la G7, combinando el dial trasero y una barra de desplazamiento vertical en la pantalla para afinar al máximo su precisión. Sin embargo, no se consigue la misma exactitud de ajuste que con un anillo.

El enfoque por detección facial también ha sido refinado para hacerlo más efectivo. Pese a que no hemos podido comparar simultáneamente la G9 con la G7, sí hemos comprobado que los errores de este mecanismo son mínimos, incluso con sujetos en continuo movimiento.

Clones ópticos

Aunque el sistema de enfoque automático nos ha dejado un buen sabor de boca por su precisión y la efectividad de su luz de apoyo -de color verde-, menos entusiasmo sentimos respecto a su velocidad, que no destaca especialmente.

Aparte del enfoque, abordar el objetivo es toparse con una de las carencias más evidentes de la G7 que Canon ha renunciado a suplir en la G9. Con unas focales idénticas a las de su predecesora (35-210 milímetros), la G9 se queda muy corta en lo que a cobertura angular se refiere.

Un problema que podría ser ignorado en muchos otros modelos, pero que no se puede soslayar en una compacta con tantas pretensiones como ésta. ¿Para cuándo un objetivo de 28-200 milímetros en esta saga? A Canon le convendría despabilarse, pues casi todas las marcas de la competencia ya se le han adelantado en este terreno.

La distorsión de barril sigue siendo pronunciada -especialmente en el caso de una cámara de gama alta-, y es notoria la presencia de aberraciones cromáticas en situaciones de fuerte contraste de luz.

Una primera impresión nos sugiere que la carga de esta distorsión es menor que en la G7 (aunque el grupo óptico es el mismo, no lo es el CCD). Sin embargo, a falta de una confrontación directa entre ambos modelos, conviene mantener la prudencia antes de pronunciarse con rotundidad al respecto.

Una nueva mención especial merece -sigue mereciendo- el maravilloso modo de enfoque macro a tan sólo 1 centímetro de distancia. Las fotografías de muestra adjuntas dan fe de ello.

El estabilizador sigue cumpliendo su función con efectividad, y es posible obtener tomas nítidas disparando a velocidades casi tres veces más lentas de lo recomendado. Desafortunada es, sin embargo, la luminosidad de este teleobjetivo de 210 milímetros, cuyo diafragma de f4.8 no se corresponde con el precio que hay que pagar por esta cámara.

Explotando el DiGIC III

El sensor es posiblemente el cambio cualitativo más importante de esta renovada compacta. Si bien integra el mismo procesador de imagen -el llamado DiGIC III- que el incorporado tanto en la gama SLR como en el anterior modelo de la serie PowerShot G, el CCD de la G9 amplía su resolución de 10 a 12 megapíxeles y apuesta por un tamaño ligeramente más grande con respecto al de la G7 (1/1,7 pulgadas frente a 1/1,8).

Esa docena de megapíxeles queda traducida en archivos de imagen con un tamaño máximo de 4000 x 3000 puntos que, ahora sí, pueden almacenarse tanto en formato JPEG como en RAW.

Los colores, tonos y degradados siguen la pauta de la serie PowerShot G y no defraudan, ofreciendo viveza y fidelidad en cada pincelada digital. El nivel de detalle es notable y la sensación general que suscita la imagen es notablemente buena cuando trabajamos con una luz adecuada.

El rango de sensibilidades sigue siendo el mismo que en la G7, con valores de 80 a 1600 ISO y un ajuste expandido hasta los 3200 ISO. El ruido, eso sí, se reafirma como una de las batallas pendientes de esta compacta.

Aunque está a priori destinada tanto a fotógrafos aficionados como profesionales, estamos convencidos de que los más exigentes verán con insatisfacción cómo el ruido electrónico aparece con intensidad en las tomas realizadas a 800 ISO.

A partir de este punto, la gestión de la imagen recae bajo la destreza del usuario. Teniendo en cuenta el precio y el probable destinatario efectivo de la cámara, 800 ISO nos parece el límite real de esta G9.

Balance a medias

En el capítulo del balance de blancos, el sobresaliente de los modos prefijados contrasta con el modesto aprobado del automático, sobre todo a la hora de afrontar luces artificiales o combinaciones de varias fuentes.

La modalidad de vídeo no ofrece, por su parte, grandes novedades respecto al modelo anterior. Con tres tamaños de archivo (hasta 1024 x 768 en la calidad más baja) y cadencias de 15 y 30 fotogramas por segundo, los resultados son satisfactorios, con secuencias fluidas y sin saltos.

Lástima que el zoom óptico no sea operativo durante el uso de esta modalidad y haya que recurrir al digital.

Por último, hay que destacar la siempre interesante presencia de una zapata para flashes externos. La unidad integrada, por su parte, muestra un rendimiento bastante bueno, sin planos "quemados" a corta distancia ni subexposiciones a distancia media.

La autonomía de la G9 alcanza los 225 disparos, aproximadamente, una cantidad similar a la conseguida por la G7.

Limitaciones resueltas, deberes pendientes

¿Solventa la nueva Canon PowerShot G9 una de las limitaciones más graves de la G7? En efecto, con la incorporación del formato RAW a la hoja de especificaciones las ventajas para los usuarios más experimentados dispuestos a trabajar en profundidad la posproducción de la toma son evidentes.

Canon merece a este respecto un aplauso, no sólo por la mera incorporación, sino también por demostrar que escucha las quejas de sus usuarios.

Sin embargo, la G9 sigue dejando a medio hacer algunas de las tareas que su predecesora no se atrevió a acometer. Teniendo en cuenta que se trata de un modelo no precisamente económico y con claras pretensiones de conquistar al fotógrafo más exigente, las carencias de la óptica son inadmisibles.

¿Acaso no habría sido mucho mejor guardarse esos 12 megapíxeles de resolución para otra ocasión y presentarse en el escaparate con un angular de 28 milímetros? Por supuesto, pero también habría resultado más caro.

A fin de cuentas, una actualización incompleta no es óbice para reconocer en esta G9 una de las compactas más completas del momento. Excelente en construcción, diseño, prestaciones y calidad de imagen con bajas sensibilidades, ve en cambio con impotencia cómo el ruido y el objetivo no la dejan llegar a lo más alto.

TEXTO: Eduardo Parra
FOTOS: Álvaro Méndez

Comenta este análisis en el foro

publicidad