![]() |
|
||||||||||||||
|
|||||||||||||||
Buscar: |
![]() PowerShot G7Características ![]() Punt. usuarios: Máx. res.: 3648 x 2736 p. Objetivo (35 mm): 35,0-210,0mm Zoom: 6x (óptico) / 4x (digital) En dos palabras Aunque con carencias difíciles de digerir, la G7 ofrece una calidad de imagen notable y un diseño excelente. Precios No hay precios disponibles Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Canon PowerShot G7 con nuestras 50 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
martes, 05 de junio de 2007 Polémica -aunque lógica- evoluciónCuando Canon concibió la PowerShot G1 hace ya unos cuantos años, probablemente tuviera la intención de convertir aquella cámara en la primera de una larga saga. La sexta evolución de esta estirpe toma cuerpo en la PowerShot G7, que aporta novedades interesantes, sacrifica aspectos tan relevantes como el formato RAW y vuelve a tropezar con algunas de las piedras que ya se interpusieron en el camino de los modelos anteriores. Habrá que comprobar si esos 10 megapíxeles, ese 1600 ISO o el zoom estabilizado son los pilares de un nuevo buque insignia o una simple capa de maquillaje. Con el permiso del sistema EOS, la serie PowerShot G siempre ha sido una de las estirpes más apreciadas por la parroquia canonista. Su vocación polivalente la sitúa a tiro tanto de aquellos aficionados que buscan algo más en su compacta -calidad óptica y controles manuales, por ejemplo- como de quienes no quieren cargar con el peso, en todos los sentidos, de un sistema réflex.Entre sus potenciales usuarios también podrían encontrase los profesionales que trabajan con un sistema SLR y buscan una cámara de repuesto para llevarla a todas partes, lista para resolver un disparo improvisado. En cualquier caso, la G7 hace bueno aquello de "cabeza de ratón, cola de león": pretende ser de lo mejor en compactas y no quedar demasiado mal frente a las réflex. Consiguiéndolo o no, lo que está claro es que vuelve a convertirse en el referente de su segmento. Cambio de diseño No son pocas las novedades con las que se presenta esta PowerShot. Sin ir más lejos, la cámara suma 3 millones de píxeles a su sensor, incorpora estabilización óptica en el objetivo y pone sobre la mesa un rango de sensibilidades algo mayor que el de su antecesora, la G6. La distancia focal máxima también aumenta, en este caso hasta los 210 milímetros, y lo mismo sucede con el tamaño y la resolución de la pantalla, que ahora no es rotatoria. En el lado más negativo, no pasan desapercibidas la reducción de la luminosidad del objetivo, la desaparición del formato RAW y la supresión de la pantalla de datos que jalonaba la G6. Centrándonos en el diseño, aunque la G7 bebe de las fuentes primigenias que han inspirado toda esta saga canonista, también hay espacio para la innovación. Novedades que, en algunos casos, son cuestionables. Así, la empuñadura que tanta prominencia tenía en la G6, desaparece de un plumazo en la G7. El agarre, así las cosas, es mucho menos ergonómico y más incómodo, sobre todo en sesiones prolongadas en las que la cámara ha de estar siempre a punto. También se ha volatilizado la pequeña pantalla superior de cristal líquido, donde se organizaban los datos de la toma y que tan práctica resultaba. Ahora, el único dato fácilmente visible es el de la sensibilidad, mientras que para comprobar el resto de parámetros hay que asomarse indefectiblemente a la pantalla trasera. Esencia G El manejo también es diferente al de los modelos precedentes. Aunque la esencia de la G7 es la misma que la de todas las compactas -pantalla con posición dominante y mandos al lado derecho-, el hecho de que el LCD haya crecido limita el número de botones y agudiza el ingenio. En efecto, el dial trasero ha evolucionado hasta convertirse en una rueda de selección -al más puro estilo EOS- que facilita hasta el extremo la navegación y el cambio de ajustes. Es todo un acierto por parte de Canon la aplicación en modelos más sencillos de los avances contrastados en los cuerpos de gama profesional. También merece un aplauso la pequeña rueda superior -de giro algo duro-, dedicada exclusivamente al control de la sensibilidad y que corona el cuerpo de la cámara junto a otra gran rueda de modos. Menos entusiasmo despierta el mando basculante encargado de controlar el objetivo. Ciertamente, una óptica de esta factura merecía una solución más manejable. El visor óptico directo es otra de las herencias de las PowerShot G que ha resistido los envites del salto evolutivo. Tal como ocurría en otros modelos, goza de una cobertura bastante limitada, ofrece una información nula sobre la toma y sigue sufriendo el efecto de barril del objetivo, que se cuela en el encuadre cuando se trabaja con las posiciones más angulares. Pese a las típicas -y previsibles- carencias del visor, se agradece la inclusión de este recurso en vías de extinción, que siempre podrá ser útil cuando la luminosidad ponga en jaque a la pantalla o cuando toque ahorrar batería. Pantalla fija La pantalla es una de las novedades más evidentes en esta G7. Además de sus 2,5 pulgadas de diagonal, llama la atención la ausencia del mecanismo giratorio que había caracterizado a muchos de los modelos anteriores. Si el sacrificio de esta movilidad en aras del tamaño -y de los costes de producción, suponemos- ha merecido la pena, será decisión de cada usuario. Por nuestra parte, no dudaríamos en cambiar media pulgada por un resorte abatible. En lo referente a capacidades técnicas, el monitor presume de 207.000 puntos de resolución. Con colores fidedignos y unos degradados agradables, la calidad de reproducción de la pantalla es buena: ofrece un refresco más que correcto y, en general, obtiene una calificación de notable. Siguiendo la estela de otros modelos de Canon, las opciones fotográficas más relevantes -y más susceptibles, por tanto, de ser modificadas- se presentan en forma de un comedido menú incrustado en la pantalla. Así, pueden cambiarse algunas variables sin necesidad de perder de vista lo que estamos encuadrando. De esta forma, podemos modificar rápidamente valores como el tamaño y la calidad de imagen, el balance de blancos o la medición -y varios más- sin tener que rebuscar entre los menús internos de la cámara. El único matiz que cabría hacer es que algunas de las opciones que sí se encuentran en estos apartados más escondidos, como la estabilización o la sincronización con el flash, por ejemplo, también merecerían un acceso rápido. De todos modos, el botón de función personalizable puede subsanar en parte esta cuestión. Vocación manual El sistema de trabajo es el esperado de una cámara de este nivel, con programas automáticos, manuales y un buen surtido de escenas prefijadas. El trabajo con el modo manual o las prioridades a la velocidad o el diafragma no sólo resulta muy cómodo y práctico, sino que es estéticamente muy atractivo y hace gala de unas claras reminiscencias clásicas. El dial trasero permite modificar los ajustes a golpe de giro, mientras el LCD muestra una elegante barra deslizante con las velocidades y las aperturas. Incluso el enfoque manual -una opción de complicado manejo en muchas compactas- se resuelve en la G7 de forma bastante inteligente, combinando el citado dial y una barra de desplazamiento vertical en la pantalla. Vinculado al enfoque, el usuario puede configurar la cámara de tal modo que, nada más tomar una imagen, se muestre automáticamente un recuadro ampliado con una zona de la fotografía para comprobar el foco. Tal vez por este mimo con el que Canon ha afinado muchas de las funciones de la cámara, la desaparición del formato RAW ha sorprendido a muchos y se ha consolidado como uno de los principales inconvenientes de este modelo. Lógico para algunos, incomprensible para otros, sólo el contexto actual del mercado de cámaras compactas y réflex digitales puede explicar este paso atrás. La decisión de Canon parece clara: el formato RAW queda reservado para los modelos SLR, cada vez más asequibles, mientras que el usuario de una compacta -incluida una de altos vuelos como esta G7- tendrá que conformarse con los archivos JPEG. Comulguemos o no con esta idea -tampoco es que Canon dé opción-, conviene recordar que la G7 se ha lanzado al mercado con un precio bastante más comedido que los más de 700 euros que en su momento se pedían por su predecesora, la G6. Y es que el mercado ha cambiado mucho en dos años. Concretando Disquisiciones filosóficas aparte, la desaparición del formato RAW llega acompañada de un nuevo sensor de 10 millones de píxeles, escudado por un procesador DiGIC III de nueva generación. El rendimiento del captor nos permite hablar de un nivel de detalle bueno, aunque la nitidez final de la imagen no es tan elevada como podríamos esperar de una PowerShot de esta saga. No obstante, basta con un suave retoque en el ordenador -o con elevar el parámetro de nitidez desde la misma cámara- para comprobar que este leve handicap es más achacable al procesamiento que a la excelente óptica que equipa la G7. La exposición y la medición ofrecen unos muy buenos resultados. Sí es cierto que en las tomas con muy poca luz -léase exposiciones nocturnas de varios segundos- la cámara tiende a subexponer más de lo que sería deseable; aproximadamente, 1 punto más, ateniéndonos a nuestro criterio fotográfico. El rango dinámico, por su parte, es quizás algo limitado, aunque se encuentra dentro de lo que puede considerarse previsible para un sensor pequeño de 10 megapíxeles. Por ello, no es extraño encontrarse con imágenes en las que las zonas más luminosas aparecen rápidamente quemadas, con una notable pérdida de información y textura. Respecto al balance de blancos, la cámara muestra un comportamiento irregular que va de los buenos resultados con los automatismos en luz natural, a los regulares con iluminación fluorescente y a los claramente mejorables con incandescente. Como es de esperar, los modos prefijados para cada tipo de luz responden con más precisión que los automatismos. No obstante, también hay que reconocer que, pese a los resultados generales con luces artificiales, la G7 nos ha sorprendido en alguna ocasión, resolviendo con gran acierto complejas mezclas de luces de varias fuentes. Sensibilidad expandida En lo referente a sensibilidades, la G7 cuenta con un abanico de 80 a 1600 ISO, además de un modo especial de resolución reducida a 3200 ISO. Aunque echamos de menos más escalones intermedios entre los distintos pasos, es de agradecer el esfuerzo realizado por la compañía para cuadruplicar aquellos 400 ISO que ofrecía la G6. Un cambio en el que el nuevo procesador, seguramente, tiene mucho que decir. El rendimiento de la cámara a las diferentes sensibilidades podría calificarse de bueno en un sentido general, aunque esta aseveración requiere diversos matices. Para un aficionado medio, el resultado obtenido a 800 ISO posiblemente resultará suficientemente silencioso. Pero tal vez el tipo de fotógrafo que se acerque a esta compacta sea algo más exigente y no se conforme tan fácilmente. Este usuario, el exigente, no durará en tildar de elevado el ruido que genera la cámara más allá de 400 ISO, y del todo insufrible a 1600 ISO, por la evidente pérdida de detalle y nitidez de la imagen. Ni que decir tiene que los 3200 ISO presentados como parte intrínseca de un modo escénico -al menos no se ha colado como sensibilidad real- tampoco son utilizables, pese a que la cámara reduce su resolución a 1600 x 1200 píxeles. Remozado objetivo Junto con el sensor, la óptica es otro de los elementos que ha sufrido una evolución más patente en la G7. Para empezar, y como ya hemos citado, la distancia focal crece respecto a la G6, llegando a cubrir un abanico focal de 35-210 milímetros en paso universal. Se agradece sin duda el crecimiento en telefoto, aunque estamos seguros de que un angular de 28 milímetros no habría sido en absoluto mal recibido. Aunque la luminosidad ha decrecido, pasando de un excelente f2-4.8 en la G6 a un correcto f2.8-4.8 en la G7, la calidad general del objetivo sigue siendo notable, aunque el escaso angular de 35 milímetros muestra una distorsión de barril demasiado pronunciada. No hay que obviar tampoco la potente carga de aberraciones cromáticas que arrastra el objetivo. Unas aberraciones que toman cuerpo en forma de molestos halos púrpuras que se forman en zonas contiguas con fuertes diferencias de contraste, especialmente en contraluces. En este tipo de escenas, tampoco es difícil que -como en muchos otros modelos- la luz parásita "lave" la escena. El enfoque, que no es particularmente rápido, se pierde con demasiada facilidad para lo que sería deseable en una cámara de este calibre, especialmente al utilizar la máxima distancia focal. Por fortuna, en el capítulo de la precisión -dejando al margen la tecnología de enfoque al rostro- la G7 sí puede colgarse alguna medalla, incluso con luz escasa y sin necesidad de la lámpara de apoyo incorporada. El enfoque macro, por su parte, permite tomar fotos nítidas a 1 centímetro. El resultado es excelente y no se le puede poner una sola pega. Y no podíamos olvidarnos del estabilizador IS, implementado por primera vez en la serie PowerShot G y que permite disparar a velocidades increíblemente bajas, del orden de 1/5 de segundo o menos (teóricamente, 3 puntos por debajo de la velocidad recomendada). Es sin duda una buena noticia que Canon haya decidido incorporar esta prestación a la oferta de compactas más ambiciosa de su arsenal. Por lo demás, la G7 se alimenta de una batería de ión de litio algo limitada que da, aproximadamente, para unas 200 tomas. El almacenamiento de las imágenes se realiza en tarjetas SD Card, SDHC o MMC. Sobre la ridícula tarjeta de 32 MB que Canon insiste en incluir con sus compactas, huelga hacer ningún tipo de comentario. En la punta de los dedos El de la Canon PowerShot G7 es uno de los veredictos más complicados que hemos dictado últimamente en QUESABESDE.COM. Con una calidad holgadamente manifiesta, la cuestionable evolución respecto a los modelos anteriores y las pérdidas sufridas en el camino obligan a matizar el aplauso. La G7 cuenta con muchas y muy buenas características, pero inexplicablemente sacrifica otras -como el RAW o la pantalla giratoria- que justificaban y definían a la saga PowerShot G. Tampoco es de recibo que, siendo la séptima generación de la familia, aún haya detalles que sigan pendientes de mejora, como la velocidad de enfoque, que pierde puntos, o el ruido electrónico, que sigue resultando molesto a partir de 400 ISO. Por lo demás, la apuesta por una óptica más potente y estabilizada -lástima del mediocre angular- es una excelente noticia que marca distancias respecto a los modelos antecesores. Calidad, diseño elegante y prestaciones se dan la mano en la G7. Nadie duda de que podría haber sido mejor o más completa, pero seguramente muchos usuarios estén dispuestos a prescindir del RAW o celebrar la inclusión de una pantalla fija más grande sin mayores lamentos. TEXTO: Eduardo Parra |
boletín de foto Recibe cada semana todas nuestras noticias sobre foto digital publicidad
|