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![]() PowerShot G6Características ![]() Punt. usuarios: Máx. res.: 3072 x 2304 p. Objetivo (35 mm): 35,0-140,0mm Zoom: 4x (óptico) / 4,1x (digital) En dos palabras El feo -aunque robusto- caparazón de la G6 encierra multitud de virtudes, de entre las que sobresale una excelente calidad de imagen Precios No hay precios disponibles Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Canon PowerShot G6 con nuestras 29 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
lunes, 06 de diciembre de 2004 Seducción funcional, desazón visualEl nuevo aspecto -estéticamente cuestionable- de la Canon PowerShot G6 esconde una espléndida renovación de su diseño funcional, convirtiéndola en una de las compactas más manejables y ergonómicas del mercado. Comparándola con la precedente G5, le ha crecido la resolución del sensor (7,1 megapíxeles efectivos), le ha crecido el monitor rotatorio (2 pulgadas), el visor óptico ya no tiene problemas de visión y la batería dura más. Por otro lado, el zoom es poca cosa por los tiempos que corren y el autofoco está en la típica línea de Canon: bien, pero ni tan rápido ni tan preciso como les gusta publicitar. Además, es poco agraciada. ¡Lo difícil que es hacer una cámara perfecta! Siguiendo su anualidad ritual, Canon presentó la nueva PowerShot G6 el pasado mes de agosto. Una aparición que muestra notables esfuerzos por mejorar los puntos débiles de su predecesora, la G5, y que se reflejan en una cámara indudablemente mejor que las anteriores.Afortunadamente se han resuelto problemas endémicos de la familia G, como el del barril del objetivo, que ha dejado de verse en la focal corta del visor óptico y tampoco proyecta más su sombra en las fotos hechas con el flash incorporado. La G6 cuenta con algún que otro diez en su libreta de evaluación, pero sigue teniendo sus sombras, en ciertos casos sorprendentes. Ergonómica, manejable y fuerte Esta cámara goza de una excelente salud epidérmica, lo que se manifiesta en una robusta carcasa que combina metal y plástico, este último en mayor proporción y de gran calidad. Incluso la tapa del compartimento de la batería es razonablemente sólida. Pero esta fortaleza física tiene dos o tres talones de Aquiles, según se mire. Por un lado, las tapas de los compartimentos de la tarjeta de memoria y de las conexiones son más bien enclenques, especialmente la última, y hay que tratarlas con cuidado. Por otro, los cilindros telescópicos del objetivo retráctil, con sus lentes y todo, tienen una cierta holgura. Por ejemplo, al limpiar la lente esto se traduce en un movimiento lateral del objetivo, acompañado de un sospechoso "clic-clic", tanto si está extendido como retraído. Sin dar a estos detalles más importancia de la que tienen, es de justicia remarcar que detrás de la G6 hay un impecable trabajo de diseño industrial que ha logrado colocar cada elemento, cada mando y cada dispositivo en el lugar exacto y en la posición precisa. La máquina es fácilmente manejable a ciegas y con una sola mano, si fuera necesario. Su peso y tamaño (es algo más ligera y compacta que la G5) proporcionan una idónea sensación de estabilidad, muy reforzada por la gran empuñadura que preside el lado derecho. Esta empuñadura es del grosor adecuado para que cualquier mano pueda agarrarla con toda firmeza e incluye el control del zoom y el botón del obturador en una posición ligeramente oblicua que ofrece una cómoda manipulación con el dedo índice. Detrás del botón del obturador encontramos una ruedecilla, también insertada oblicuamente, que soluciona con ingenio el control manual de exposición. Con un simple clic sobre dicha rueda (como si se tratara de la ruedecilla de un ratón de ordenador), seleccionamos alternativamente el diafragma y la velocidad, que podemos ajustar sencillamente moviendo la rueda a izquierda o derecha. Una buena idea para operar sin tener que mirar otra cosa que el encuadre. La parte superior de la G6 incluye, además de algunos botones, una zapata gracias a la cual podemos ampliar las ya generosas posibilidades de esta cámara, acoplando un flash compatible de mayor alcance que el incorporado. Este último tiene un alcance máximo de 5 metros en gran angular y de 4 en teleobjetivo, suficiente para la mayoría de usos. A la derecha de la zapata, hay una generosa pantalla de cristal líquido (no confundir con el monitor de encuadre y revisión) que muestra toda la información técnica, muy útil para los que gustamos de una imagen limpia de información en el monitor. Un botoncito a su derecha activa la retroiluminación de la pantalla durante unos segundos. También está bien resuelta la palanca de selección de los modos de grabación y reproducción, que hace las veces de botón de encendido, lo que nos permite poner en marcha la cámara directamente en el modo deseado. En el centro de esta palanca se encuentra, discretito, el botón de apagado. Una de las buenas noticias es el mayor tamaño del monitor LCD de TFT, que era de 1,8 pulgadas en la G5 y ahora ha crecido hasta las 2 pulgadas. La otra buena noticia es que sigue siendo orientable en casi cualquier dirección, gracias a lo cual podemos encuadrar en las situaciones más complicadas. La movilidad y el tamaño de esta pantalla son sus mejores bazas, pero es una pantalla más bien oscura y ante las situaciones de poca luz se vuelve incapaz de mostrar la imagen. Además, es de las que hay que observar desde la exacta perpendicular para apreciar correctamente la imagen, cosa que tampoco es precisamente una virtud. Encima del monitor se encuentran el visor óptico y un excelente dial de modos de exposición colocado verticalmente, muy fácil de manipular con el pulgar gracias a la textura de micropirámides, al grosor de la rueda y a su tacto seco y preciso que diferencia claramente cada una de las posiciones. El visor redimido Canon ha solucionado el grave problema que sufrían los visores de las anteriores cámaras de la familia G y ahora, al mirar por el visor óptico, ya no se ve el barril del objetivo en ningún punto del recorrido por las distancias focales del visor. El error de paralaje es del todo aceptable y únicamente se hace notable a menos de 1 metro de distancia; sin embargo, sólo cubre un 80% del área de la imagen. Posiblemente, muchas y muchos usuarios encuentren en esta limitación de la cobertura un importante defecto. Como desagravio diremos que con un monitor que se desvanece en escenas de baja iluminación es una suerte disponer de un visor óptico; ver la escena con una precisión limitada siempre será mejor que no ver absolutamente nada. Como no hay nada perfecto, existe otro pequeño punto crítico, aunque de poca importancia. Este visor cuenta, como casi todos, con un compensador de dioptrías que se encuentra justo debajo del ocular, una ubicación que resulta perfecta para meterse el dedo en el ojo. ¿No podría haberse colocado encima del visor? Un objetivo correcto La PowerShot G6 está equipada con un objetivo retráctil de focal variable (35-140 mm, equivalentes en paso universal) y muy luminoso, con una abertura máxima de f2. Abertura que, por desgracia, también es variable y queda en f3 en la focal más larga. El mismo sistema óptico que en la G5. La óptica no viñetea ni se aprecian aberraciones cromáticas (a lo sumo un ligero halo púrpura en los altos contrastes, típicos de algunas tomas nocturnas a baja sensibilidad), pero la focal más corta provoca una distorsión de barrilete menos discreta de la cuenta en un angular tan limitado como un 35 milímetros; de todos modos, entra en los límites de lo razonable. Como en la G5, el macro puede enfocar a 5 centímetros de la escena cuando usamos el angular. Pero a diferencia de su antecesor, el teleobjetivo ha ganado mucha capacidad de acercamiento: si el modelo anterior no permitía acercarse a menos de 50 centímetros, ahora esta distancia se recorta hasta los 20. No es un macro del otro mundo, pero es suficiente si se piensa en la alta definición del sensor, que permitiría recortar posteriormente las imágenes sin pérdida de calidad. A estas alturas se encuentran en el mercado sistemas ópticos más potentes y mejor resueltos en cámaras de precio similar. Hay ópticas que limitan las posibilidades del sensor y sensores que limitan las posibilidades de la óptica. La G6 pertenece al primer grupo, sin que esto signifique que el objetivo sea malo. Es, simplemente, correcto. Electrónica eficiente A Canon siempre se le dio mejor el circuito impreso y la virguería tecnológica que los cristales. La especialidad de este fabricante ha sido, desde hace años, la de avanzarse en cubrir las demandas del mercado con tecnología punta o, para ser más precisos, a generar nueva demanda mediante la introducción de tecnología punta. Hay que recordar, por ejemplo, que fueron los primeros en incorporar un estabilizador a sus ópticas de gran alcance. Elemento que, por cierto, la G6 no necesita debido a la discreción de su teleobjetivo. Siguiendo su electrónico buen hacer, el CCD de 7,1 millones de píxeles ofrece imágenes excelentes a cualquier sensibilidad, con un nivel de ruido loable por su discreción, incluso a 400 ISO. Con iluminación tenue, las zonas oscuras tienden a evidenciar un poco más el ruido, siempre dentro de lo muy razonable. Claro está que una exposición de 15 segundos (la máxima posible) a 400 ISO no la aguanta casi ninguna compacta digital, y la G6 no es la excepción. Las fotos pueden almacenarse en bruto (RAW) a máxima resolución, o bien comprimirlas en JPEG, siendo el tamaño máximo de las imágenes de 3072 x 2304 píxeles. Todo la información se guarda en tarjetas CompactFlash de Tipo I y II. Canon también puede presumir de una excelente gestión del color. La PowerShot G6 dispone de seis modos preconfigurados de balance de blancos, uno automático y dos memorias de balance manual. Las opciones prefijadas son muy satisfactorias, pero aún lo es más el control manual de la temperatura del color. Lo menos bueno, pero de ningún modo malo, es el automático, que tiene cierta tendencia a enfriar la imagen, derivando hacia el azul cuando la luz ambiente es cálida. Un detalle banal que no impide obtener colores en general naturales y fieles a la escena; al contrario, ésta es una de las cualidades destacables de esta Canon. La G6 cuenta con un autofoco de 9 puntos, más rápido que el de la G5 pero sin ser ninguna maravilla en velocidad ni precisión; ni muy bueno ni muy malo, sino del montón. Eso sí, permite seleccionar manualmente cualquiera de los 9 puntos para descentrar el enfoque, cosa que está muy bien. Además, la lámpara auxiliar se entiende perfectamente con el sistema. A veces parece incluso que esta cámara enfoque mejor a oscuras que con luz. Los menús de pantalla son efectivos y de navegación sencilla, en la línea habitual de Canon pero con un ligero maquillaje nuevo. El botón "Menú" permite acceder a las opciones de configuración de la cámara y parte de las opciones de grabación. Las opciones más usadas se activan mediante el botón "Función", como la sensibilidad, los efectos de color, el bracketing, la potencia del flash, la compresión y el tamaño de la imagen. La compensación de exposición y el modo de balance de blancos se encuentran en sendas posiciones verticales del disco basculante de control, en el respaldo de la cámara. La G6 incluye una batería de ión de litio de mayor capacidad y, por lo tanto, de mayor duración que la G5; una excelente noticia, se mire por donde se mire. Además, la recarga es bastante rápida. En definitiva Por mucho menos dinero y ocupando la mitad de espacio, obtenemos un aparato capaz de competir con las réflex de gama baja en cuanto a calidad de imagen. Claro que, en la práctica, nada iguala una réflex porque siempre hay una cuestión "de piel" que influye casi tanto como los resultados que ofrece. De todos modos, la PowerShot G6 de Canon tiene una operatividad general con un acusado sentido pragmático sobre las necesidades de quienes nos plantamos día tras día con una cámara entre ceja y ceja, cosa que puede satisfacer a los "reflexómanos" y "reflexómanas" que la prueben. No cualquier compacta merece esta apreciación. ¿Lo peor de esta cámara? Sin pretender entrar en una discusión de gustos (ya se sabe ¡colores!), nos permitimos una apreciación muy subjetiva: no solo es fea, sino que carece de cualquier atisbo de atractivo físico. En el primer contacto visual puede incluso llegar a surgir la pregunta: ¿Es una caja de zapatos? ¿Es un pedrusco en bruto? ¿Es un alienígena jorobado? ¡No, es una cámara! Y como cámara, debemos decirlo, es el verdadero antídoto de la lujuria. Pero sin duda tiene, recurriendo al tópico, belleza interior. No hay fogonazo amoroso; nada en su aspecto externo desata la urgencia de un romance pasional; el idilio con la G6 será totalmente intelectual, o no será. TEXTO: Alfred Pallàs FOTOS: Núria Aguadé |
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