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![]() PowerShot G11Características ![]() Punt. usuarios: Máx. res.: 3648 x 2736 p. Objetivo (35 mm): 28,0-140,0mm Zoom: 5x (óptico) En dos palabras Precio y tamaño a un lado, el zoom de 28-140 mm y el nuevo sensor hacen de la G11 una de las mejores compactas del momento Precios No hay precios disponibles Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Canon PowerShot G11 con nuestras 31 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
miércoles, 25 de noviembre de 2009 Regreso al pasadoNo hay nada como pegar un buen frenazo en el alocado mercado fotográfico para llamar la atención. Si la PowerShot G10 y su formato RAW ya supusieron una especie de rectificación de Canon respecto a su saga de compactas más elitista, la PowerShot G11 es una vuelta de tuerca más en este proceso. No hay muchas novedades respecto a lo visto en su predecesora, pero la reaparición de una pantalla abatible y -sobre todo- la apuesta por un CCD de 1/1,7 de pulgada y sólo 10 megapíxeles llevan a pensar en un salto hacia atrás en el tiempo. Curiosamente, sólo así la firma ha conseguido rematar una de sus mejores compactas, y seguramente sólo los amantes de las tomas con poca luz sabrán apreciar la singular evolución que representa esta G11. Si la saga de las PowerShot G de Canon siempre ha movido muchas pasiones, este efecto se multiplica en el caso de la G11. Situada en lo más alto del catálogo compacto de la firma, la curiosa evolución que protagoniza respecto a la G10 –basada ni más ni menos que en reducir la resolución- puede horrorizar a unos pocos, pero seguramente supondrá una buena noticia para la mayoría.La relativamente temprana renovación (la G10 se presentó hace apenas un año) llega acompañada de sutiles novedades que, a priori, pueden parecer escasas: un nuevo sensor CCD de 1,7 pulgadas y 10 megapíxeles, una pantalla móvil de 2,7 pulgadas, conexión HDMI y velocidad de sincronización con el flash de hasta 1/2000 de segundo. ¿Suficientes para dejar a un lado la G10 y volver a pasar por caja? Formas rotundas Pocas variaciones se aprecian en este nuevo modelo respecto a su antecesor. Aunque a primera vista ha engordado ligeramente –un par de milímetros de largo y otros tantos de ancho-, el resto permanece prácticamente intacto. El botón principal de encendido es ahora redondeado, y entre los aspectos más criticables del rediseño destaca el dial trasero. Comparado con el de la G10, resulta demasiado fácil activarlo por error y alterar algunas funciones. Pequeños detalles al margen, la G11 es una compacta voluminosa y más cercana por tamaño y peso a las llamadas cámaras puente o de tipo SLR que a un pequeño modelo de bolsillo. En cualquier caso, más que un problema estas formas se han convertido ya en un sello de identidad, y es precisamente esto lo que esperan encontrar quienes se acercan a esta saga. Además, con la llegada de la PowerShot S90 –de la que también hablaremos más tarde- está claro que ya hay opciones para todos los gustos sin tener que salirse del catálogo de Canon. Su peso ha menguado ligeramente con esta nueva revisión, plantándose en los 370 gramos, y la sensación en la mano sigue siendo sobresaliente. Incluye un dial directo para la sensibilidad (de 80 a 3200 ISO), otro más pequeño al alcance de nuestra izquierda para compensar la exposición (+/- 2 EV, en incrementos de 1/3 de paso EV), un botón de bloqueo de la medición, la clásica rueda de modos... Todo se encuentra en su sitio, y cambiar los parámetros se hace de manera rápida y sin necesidad de bucear en complejos menús. Eso sí. Tras probar la también nueva PowerShot S90, hemos echado mucho de menos en esta G11 una rueda frontal de control en el barril de la óptica similar a la disponible en esa pequeña compacta. Rasgos familiares Lo primero que salta a la vista al tener en las manos esta nueva PowerShot es su pantalla. Ni su tamaño (2,7 pulgadas) ni tampoco su resolución (461.000 píxeles) son destacables a estas alturas, pero sí su movilidad. Más aún cuando se trata de un rasgo que Canon ha rescatado de los antiguos modelos de la saga G. Concretamente, la PowerShot G6 fue la última en montar este tipo de monitores a principios de 2006. El resultado es una pantalla que podemos abrir hasta 170 grados y rotar hasta 270 grados, con lo que las tomas elevadas o bajas serán ahora más sencillas que nunca (una ventaja que agradeceremos también en aquellas situaciones en las que queramos pasar desapercibidos). El pequeño visor directo incorporado en la G11 bebe directamente del ADN de esta saga. Se trata de una de las señas de identidad de la cámara, y aunque su utilidad real sea bastante cuestionable –la cobertura es de sólo el 77% y el efecto túnel es evidente-, cuesta imaginar una de estas PowerShot G sin el visor. De hecho, tanto el visor óptico como la zapata para flashes externos son algunos de los primeros argumentos que Canon pone sobre la mesa cuando surge la pregunta de por qué alguien iba a apostar por la G11 ahora que la S90 ofrece buena parte de sus prestaciones –incluido el mismo CCD- por menos dinero y en un tamaño mucho más comedido. Óptica conservadora Tampoco hay cambios en lo que a la óptica se refiere. Así, la G11 vuelve a apostar por el mismo zoom de 28-140 milímetros y f2.8-4.5 que ya lucía su predecesora. Lejos de sorprender por alcance o luminosidad, Canon sabe que, igual que en las dos generaciones anteriores, la polivalencia de este objetivo es una de las piezas claves del modelo. Atrás queda ese f2-2.5 que lucía la primogénita PowerShot G1 y que ahora nos encantaría volver a ver, aunque también es cierto que la cobertura de aquella compacta (34-103 milímetros) no gozaría ahora mismo de mucha popularidad. La nitidez se mantiene constante en todo el rango focal, con una ligera distorsión geométrica en forma de barril al utilizar el angular de 28 milímetros. No es muy acusada, pero convendrá corregirla a posteriori, sobre todo si se trata de una foto de interiores. La máxima distancia focal también muestra pequeños problemas con las aberraciones cromáticas laterales en situaciones de grandes contrastes. Para los amantes de la fotografía de paisaje, la cámara incorpora un filtro interno de densidad neutra (ND8) que es posible activar y desactivar a nuestro antojo. Esta reducción de la luminosidad de hasta 3 pasos podrá sernos de gran ayuda si, por ejemplo, deseamos realizar tomas con exposiciones prolongadas en escenas con mucha luz. Enfoque ligeramente indeciso También heredado de modelos anteriores, la G11 incluye un estabilizador óptico de imagen que ofrece una mejora aproximada de 2 a 3 pasos respecto a la velocidad de disparo normal. Más eficaz en las focales largas que en las cortas, lo cierto es que en ninguna de las pruebas realizadas el rendimiento se ha acercado a los teóricos 4 pasos que promete Canon. El enfoque se muestra ligeramente indeciso en situaciones con una iluminación pobre, por lo que se hace necesario recurrir a la luz de ayuda para conseguir dar con un punto de foco. Afortunadamente, las opciones de configuración del sistema de enfoque automático son múltiples y suficientemente completas para aquellos usuarios que quieran indagar un poco más. Entre ellas, nos encontramos con el inevitable modo de detección de rostros, el enfoque de seguimiento, el manual y los llamados “flexizone” y “AF Servo”. El modo de enfoque macro permanece también invariable respecto a lo visto en modelos anteriores, con una distancia mínima de enfoque de 1 centímetro en su máximo angular y de 50 en la posición más extendida. 10 megapíxeles bien aprovechados Aunque no hay ninguna confirmación oficial al respecto, esta G11 parece utilizar un nuevo sensor CCD de 10 megapíxeles manufacturado por Sony y bautizado como ICX685CQZ. Se trata, en teoría, del mismo captor que vimos en la PowerShot S90 y también supuestamente del usado en la estupenda Ricoh GR Digital III. Suposiciones al margen, lo que es seguro es que esta nueva PowerShot G da un giro radical y apuesta ahora por un captor algo mayor (1/1,7 de pulgada) y con “sólo” una decena de megapíxeles. Como era de esperar, gracias a esta disminución de la resolución se ha conseguido un mejor resultado en la relación señal-ruido. Si con la G10 era recomendable -siendo optimistas- no ir más allá de 400 ISO, ahora podemos estirar esta cifra para llegar a 800 ISO con unos resultados bastante dignos. Comparándola con su predecesora, las imágenes capturadas por la G10 entre 80 y 200 ISO conservan un mayor detalle y unos niveles de ruido similares. En cambio, a 400 y 800 ISO las ventajas del nuevo captor son evidentes. Los resultados quedan aún lejos de aquellos dos pasos de mejora en la sensibilidad que prometía Canon al presentar la G11, pero se trata sin duda de un avance interesante. Por otro lado, merece la pena destacar el buen tratamiento que reciben las tomas en formato JPEG gracias al trabajo del nuevo procesador DiGIC IV. Incluso con un buen programa de reducción de ruido resulta complicado igualar sus resultados. El rango dinámico también se ha beneficiado de la llegada de este nuevo CCD y ofrece ahora una ligera mejora respecto a lo visto en modelos anteriores. Para estirar un poco más estos resultados, Canon ha vuelto a echar mano del sistema i-Contrast. A pesar de estar basado únicamente en un simple ajuste de curvas, puede ser de ayuda para los usuarios que trabajen en JPEG y quieran recuperar algo de detalle de las sombras. Vídeo y ráfaga, asignaturas pendientes En el dial superior de la cámara encontramos también algunas novedades, como el modo “Low Light”, especialmente diseñado para disparar en situaciones de luz muy escasa. A cambio de reducir la resolución a 2,5 megapíxeles, la cámara fuerza su sensibilidad hasta 12.800 ISO. Ni que decir tiene que esta herramienta queda reservada para fines artísticos o situaciones realmente excepcionales. También en el mismo dial aparece el práctico botón “Quick Shot”. Este mando muestra en pantalla todos los ajustes seleccionados para poder así modificarlos rápidamente con el dial trasero mientras se mantiene el enfoque bloqueado y sin que sea necesario pulsar el disparador. La velocidad de sincronización del flash también ha mejorado en esta G11. Si la G10 se quedaba en 1/500 de segundo, el nuevo modelo eleva esta cifra hasta 1/2000 de segundo. Peores noticias hay al repasar las especificaciones respecto a la grabación de vídeo y el disparo en ráfaga. Debido a las limitaciones impuestas por el propio sensor, apuntan desde Canon, la G11 nace incapaz de grabar vídeo en alta definición. Así, se conforma con los mismos datos que lucía su predecesora: secuencias de 640 x 480 y 320 x 240 puntos a 30 fotogramas por segundo y en archivos con extensión MOV. Sin duda, unos datos obsoletos para una cámara de su categoría y precio. Algo parecido ocurre con la velocidad de la ráfaga, a nuestro parecer realmente insuficiente. Si bien con el modo “Low Light” es posible alcanzar las 2,4 fotos por segundo, con el resto su rendimiento baja a la mediocre cifra de 1,1 o incluso 0,7 disparos por segundo. Tampoco hay cambios en la batería. Canon ha optado por seguir utilizando la NB-7L de la G10, que ofrece una autonomía de unos 400 disparos. No está mal, aunque siempre cabe la posibilidad de economizar energía desconectando el monitor y recurriendo al visor óptico. Competencia feroz Tras pasar unas semanas con la Canon PowerShot G11, no nos queda ninguna duda de que ésta es una de las compactas más completas que la firma japonesa ha puesto sobre la mesa en los últimos años. La decisión de echar el freno a la carrera de los megapíxeles y escuchar a los usuarios –menos resolución, pero mejor rendimiento con sensibilidades elevadas- es todo un acierto. Tal vez entre los menos entusiasmados por su llegada estarán quienes se compraron una G10 hace apenas un año y comprueben ahora que el CCD de casi 15 megapíxeles de su cámara ha sido superado en muchos aspectos por el de esta G11. Pero para ellos también tenemos buenas noticias. Basta con que repasen su colección de fotos de los últimos meses para saber si necesitan dar el salto a la G11 o su cámara sigue siendo perfectamente válida. Si las fotos obtenidas con una sensibilidad de 400 ISO (o más) son minoría, no hace falta que se den golpes contra la pared ni que piensen en deshacerse de su G10 para financiar la actualización. Y es que este último punto y la pantalla móvil son, a fin de cuentas, las únicas mejoras aportadas por esta G11. Muchos fotógrafos seguro que podrán sobrevivir un tiempo más sin ellas. Hay que tener en cuenta, además, que el precio no va a jugar a favor de la G11. Si hace unos años esta saga reinaba casi en soledad, ahora mismo los competidores le surgen por todas partes. Incluso en el seno de su familia, porque es indiscutible que la PowerShot S90, una especie de versión de bolsillo de la G11, resultará muy tentadora para quienes puedan estar interesados en esta cámara. Si el visor, la zapata para el flash y sobre todo los 140 milímetros no nos resultan indispensables, es difícil recomendar esta G11 en lugar de la citada S90. Y es que los casi 500 euros que Canon pide por la primera están peligrosamente cerca del precio de algunas de las SLR más sencillas, y sobre todo, de las nuevas Micro Cuatro Tercios, cuyas estética y filosofía concuerdan bastante con las de esta cámara. Merecidos aplausos y comparaciones al margen, no podemos dejar de preguntarnos si esta G11 no es exactamente la PowerShot que Canon debería haber presentado hace un año en lugar de aquella G10. TEXTO: Sergi Monsegur FOTOS: Álvaro Méndez |
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