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PowerShot A75

Características
Punt. usuarios: 4,08192771084337 puntos (las puntuaciones se han elaborado en base a la media de las votaciones efectuadas por los usuarios/as de QUESABESDE.COM)
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Sensor: CCD de 3,10 MP
Máx. res.: 2048 x 1536 p.
Objetivo (35 mm): 35,0-105,0mm
Zoom: 3x (óptico) / 3,2x (digital)
En dos palabras
Una actualización de la A70, con las mismas virtudes (calidad de imagen, amplios controles) y defectos (enfoque poco efectivo).
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Análisis
lunes, 05 de julio de 2004

La A70 después del lifting

Pocas sorpresas nos depara la PowerShot A75 respecto a su antecesora, la A70. Un botón de más o de menos, nuevas escenas prefijadas y un ligero retoque de maquillaje. Por lo demás, madre e hija ofrecen lo mismo: buena calidad de imagen, funcionalidad, uso intuitivo, un correcto abanico de posibilidades de control y un cuerpo sensualmente curvilíneo, pequeño y ligero. En el lado mediocre hemos encontrado una pantalla insípida (aunque ahora es más grande), mientras que en el tablón de los defectos hay un anuncio que reza: "¡Cuidado: autoenfoque con criterio propio!". A pesar de todo, nos ha parecido una buena cámara que puede gustar a un amplio sector de la clientela aficionada.

¿Qué hay de nuevo, viejo?

La PowerShot A75 -que Canon presentó en febrero de 2004, un año después de la aparición de su predecesora- incorpora unas pocas novedades destacables.

En primer lugar, el botón "Print/Share", que permite imprimir o transferir imágenes de forma rápida y simple. Basta con conectar el cable USB incluido a una impresora compatible con el sistema PictBridge o a un PC con Windows, pulsar el botoncito de marras y las imágenes dejan de ser patrimonio exclusivo de nuestro aparato fotográfico.

La segunda novedad se encuentra en el ligero incremento del tamaño del monitor TFT, que es ahora de 1,8 pulgadas en lugar de la pulgada y media de la A70. Ciertamente, una mejora de prestaciones. Y se agradece, pero para ser sinceros, es pura pirotecnia. Porque el monitor de la A75 no es precisamente para emborracharse de alegría. A pesar del tamaño añadido, sigue sin poder orientarse en ningún sentido, lo que limita el uso de la cámara; en condiciones de iluminación ambiental intensa parece más un espejo que una pantalla, aunque eso tampoco es tan raro. Y puestos a ser quisquillosos, las dos lucecitas que aparentemente retroiluminan la pantalla invaden, aunque poco, la parte inferior de la imagen, en forma de dos pequeños halos blancos. Nada grave, pero un poco molesto.

Copyright © 2006 quesabesde.comCopyright © 2006 quesabesde.com

El pequeño visor óptico sería de ayuda si no recortara tanto la imagen, pero con tanto recorte, más que para encuadrar sirve para apuntar.

La parte de opciones preconfiguradas aporta como novedad una serie de escenas muy particulares (que Canon ha decidido llamar "especiales") a las que se accede mediante la opción SCN, del dial de programas. Allí encontraremos desde algo tan peregrino como la opción para fotografiar follaje (sic) o una fiesta (sic, de nuevo), hasta programas para fuegos artificiales o para fotografía submarina. Pero cuidado, porque la cámara no es sumergible, y precisa de una caja estanca accesoria para ir a fotografiar pececitos, o lo que sea que se pueda encontrar en las húmedas bajuras.

Sin movernos del sector "encuadre y dispare", el resto de escenas son las mismas que en la A70: retratos, paisajes, escenas nocturnas, obturación rápida y obturación lenta. También podemos seleccionar el modo Programa (diafragma y obturación automáticos, con bastantes opciones adicionales manipulables, como la sensibilidad o el balance de blancos) o el modo Automático, con el que podemos ir a tomar un café mientras la cámara hace todo nuestro trabajo.

La cámara permite controlar manualmente la exposición de forma relativamente sencilla mientras se muestra el resultado en pantalla en tiempo real, pero el indicador de exposición podría haber sido más gráfico. Para trabajar más rápido sin perder el control, podemos elegir las opciones de prioridad al diafragma o a la obturación.

Además, contamos con una serie de efectos, accesibles desde el menú Función, que van desde el aumento del contraste de color hasta el virado a sepia, entre otros.

Por último, y sin embargo lo más llamativo a simple vista, los controles situados en el respaldo de la cámara gozan de una nueva distribución, obligada por la inclusión del botón Print/Share y el aumento de tamaño del monitor. Aunque parezca una simple nota de color, logra mejorar algo más la funcionalidad de estos controles, que ya era muy correcta en la A70.

Copyright © 2006 quesabesde.comCopyright © 2006 quesabesde.com

El conmutador de los modos de grabación y reproducción es más pequeño que el de la A70 y deja de invadir el espacio de la pantalla, mientras que los antiguos botones del cursor se integran ahora en un mando oscilante circular, con el botón de confirmación (Set) en el centro. El resto de botones se ha redistribuido con buen criterio, creando grupos lógicos según sus funciones.

El último detalle se refiere al zócalo de conexiones de vídeo, USB y toma de corriente, que en la nueva versión se distribuyen entre el lateral izquierdo, las dos primeras, y el respaldo de la cámara, la última. Lo dicho: menos líos de cables y botones más accesibles.

La vieja conocida

Hasta aquí, una pincelada de las novedades. Ahora, y asumiendo el riesgo de repetir lo dicho en el análisis de la A70, veamos qué nos ofrece esta pequeña japonesa. Vamos por partes.

La A75 incorpora un objetivo Canon retráctil como el de sus varias parientes cercanas, que no es nada de otro mundo, pero tampoco despreciable en absoluto.

Se trata de un sistema óptico de 9 elementos, de focal variable de 3x (35-105 mm, en paso universal). Es relativamente luminoso en gran angular (ƒ2.8) y más bien oscuro en teleobjetivo (ƒ4.8). Lo más reprochable del diafragma es la estrechez del rango, pues lo máximo que se puede cerrar es a ƒ8, algo insuficiente aunque común al resto de cámaras de esta categoría, por lo que no nos va a quitar el sueño. Afortunadamente, el rango de velocidades es adecuado (entre 15 segundos y 1/2000 de segundo, lo que puede compensar en parte las limitaciones del diafragma), pero no dispone de opción B.

Tampoco satisface particularmente el macro, que hipotéticamente permite acercarse hasta 5 centímetros del sujeto. Centímetros que deben de ser muy largos porque, vistas las enormes dificultades que encuentra para enfocar, parecen 15 ó 20, francamente.

Por si a alguien le queda corto, el zoom digital permite un factor de aumento de hasta 3,2x (que, sumado al sistema óptico, da un total de 10x), pero estos aumentos digitales siempre se cobran un alto precio en calidad de imagen.

El enfoque, los mismos problemas

El autoenfoque va por otro camino, que debe ser el de la perdición. Por lo menos, camino de perder el foco, porque suele hacerse un lío en cuanto la escena pierde un poco de contraste o se desilusiona con la superficie, cosa que sucede con frecuencia.

Este problema no lo remedia la luz de asistencia AF y aparece tanto en el enfoque puntual como en el sistema de enfoque multipunto de nueve zonas.

La lucecita de asistencia, testimonial, es como un diminuto semáforo en ámbar que sólo ayuda a enfocar en las distancias de macro, y poco más

El autoenfoque multipunto puede ser sofisticado e inteligente, pero su criterio llega a distar mucho del de quien lo maneja, porque a veces parece enfocar lo que le da la gana. De acuerdo que en la diversidad (de criterios, por ejemplo) está el gozo, pero se supone que no hay cámara sin fotógrafo o fotógrafa y la inteligencia artificial no debería competir con la natural, sobre todo porque es más testaruda la primera que la segunda. Claro que otras veces también acierta el foco, pero ¿por qué será que estas cosas suelen fallar más en las situaciones irrepetibles?

Por otro lado, el enfoque manual no cuenta con ninguna ayuda más que una barra de indicación de distancia que apenas sirve para nada. Mejor olvidarlo.

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Digitalia conocida

Su sensor CCD de 1/2,7 de pulgada ofrece un gran rendimiento a baja sensibilidad y un buen sistema de reducción de ruido para las tomas largas. Proporciona imágenes de un tamaño máximo de 2048 x 1536 píxeles, de una calidad más que razonable (hasta donde la óptica le permite) y sin aberraciones cromáticas apreciables a simple vista.

En el apartado de las sensibilidades, esta cámara sigue ofreciendo un rango entre 50 y 400 ISO, cosa que está muy bien por la parte baja y es de lo más normal en la parte alta. Las imágenes tomadas a 50 ISO tienen una muy buena definición; a 100 ISO, la definición es sencillamente buena; a 200, el ruido hace solemne acto de presencia y, a 400 ISO, se ve, se escucha y casi se palpa, pero no llega al desastre. Está claro que de haberle permitido trabajar a un paso más, el ruido hubiese sido ensordecedor. Mejor no ofrecer nada que ofrecer lo inservible, ya está bien así.

El balance de blancos funciona satisfactoriamente en los modos prefijados (luz de día, sombra, tungsteno y dos clases de fluorescente), mientras que en el modo automático toma decisiones que podrían ser calificadas de raras. El balance manual tampoco resulta muy fino en exteriores con luz natural, pero no da malos resultados en encuadres cortos con luz artificial.

En lo que al fotómetro se refiere, cuenta con los tres usuales modos de medición (matricial, ponderada al centro y puntual) que funcionan correctamente, si bien el matricial tiene una ligera tendencia a la sobreexposición.

El equipo habitual

En cuanto a la navegación, la PowerShot A75 incluye los ya conocidos menús de las compactas de Canon, buenos e intuitivos. En cuestión de minutos, uno ha aprendido a navegar por la cámara. Las opciones (o la mayoría de ellas) se encuentran cuando se buscan, se entienden, y están correctamente agrupadas.

El disparo en ráfaga es más bien discreto, a 2,2 fps, y no pasa de los 12 disparos seguidos, aunque a máxima calidad difícilmente no supera los 8 disparos continuados. En cualquier caso, tampoco hay que pedirle tanto a una compacta de su nivel.

El vídeo tampoco sorprende: puede grabar hasta 30 segundos de vídeo a máxima calidad (640 x 480 píxeles) o 3 minutos en las calidades intermedia y baja (320 x 240 y 160 x 120, respectivamente) a razón de a 15 fps. También incluye, como su compacta madre, la ayuda al ensamblado de varias imágenes para crear panorámicas.

Se alimenta con cuatro pilas alcalinas (incluidas en la caja) o Ni-MH recargables, de tipo AA, que proporcionan suficiente número de fotos antes de tener que cambiarlas, pero la cámara avisa de su próxima extinción con poca antelación.

En definitiva…

La PowerShot A75 es una buena cámara fotográfica, sencilla de usar y con resultados garantizados, de reducido tamaño, muy presentable y coqueta; sin duda, hecha para cumplir con las expectativas y necesidades de un amplio sector del público. Como la A70, claro.

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En realidad, no es más que una de esas actualizaciones que sirven, supuestamente, para que un producto "viejo" (el mercado tecnológico nos está llevando a una irreversible demencia colectiva) siga pareciendo nuevo y moderno. Que lo es, sin duda. Puede que la tecnología avance rápido, pero sabemos que, aunque ahora nos parezca un zapatófono, el móvil que usábamos el pasado año nos daba la misma calidad de sonido que el de este año, ni más ni menos. Que el más moderno incorpore una cámara galáctica de rayos gamma para buscar vida en el espacio exterior o que admita una cafetera acoplable opcional, no está mal, cierto. Pero tampoco consigue que digamos ni escuchemos menos bobadas ni más genialidades que antes. Como el teléfono, la cámara sigue ofreciendo lo de siempre, lo bueno y lo malo, con añadidos que no estorban en absoluto, pero que tampoco alteran lo esencial.

Quien se decida por ella, sin complejos y a disfrutarla.

TEXTO: Alfred Pallàs
FOTOS: Núria Aguadé

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