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![]() PowerShot A400Características ![]() Punt. usuarios: Máx. res.: 2048 x 1536 p. Objetivo (35 mm): 45,0-100,0mm Zoom: 2,2x (óptico) / 3,2x (digital) En dos palabras Un nuevo intento de Canon para seducir al usuario más novato, de precio y uso asequibles pero con unas palpables limitaciones Precios No hay precios disponibles Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Canon PowerShot A400 con nuestras 32 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
lunes, 14 de marzo de 2005 Carne de novatoDe talante llano, la PowerShot A400 es una cámara pensada para los más diletantes en esto de la fotografía. Su ajustado precio y sus limitadas prestaciones dan una idea del carácter humilde de esta compacta de naturaleza plástica, cuyos números se resumen en un sensor de 3 megapíxeles y un zoom de poco más de 2 aumentos ópticos y escasa luminosidad. Alejada en prestaciones del resto de compactas de las sagas PowerShot y Digital IXUS de Canon, la A400 llama a la puerta de los fotógrafos con pocas pretensiones que buscan una cámara para inmortalizar fiestas de cumpleaños. Fácilmente manejable, la PowerShot A400 es una cámara constituida casi al cien por cien de material plástico. Su cuerpo es un poco grande, pero no resulta excesivamente pesada y cabe dentro del bolsillo de una chaqueta. Está disponible, por cierto, en cuatro colores diferentes: amarillo, naranja, azul y plata.En lo referente a su ergonomía y construcción, cabe señalar que todos los botones están al alcance de una sola mano y distribuidos de forma lo suficientemente clara como para entenderse con ellos a la primera. La A400 sigue el patrón de todas las demás compactas de la casa: un dial de cuatro direcciones, los botones de acceso a los menús de pantalla y a las funciones de la cámara, el control del zoom y la palanca de cambio de modos. A nivel de construcción, y dejando de lado su endeble constitución de plástico, sólo pueden achacársele un par de defectos: el compartimiento para la batería y la tarjeta resulta difícil de abrir y da la constante sensación que va a romperse; la pantalla TFT, por otro lado, brinda solamente una escasa diagonal de 1,5 pulgadas (su calidad de imagen, eso sí, va acorde con la resolución, de 115.000 píxeles). Uso asequible De manejo simple, su modo automático y los escénicos disponibles facilitan mucho la tarea de disparar con ella. Tampoco la modalidad llamada manual esconde ningún secreto; claro que "manual", en la A400, debe leerse como "variación de los parámetros más básicos", a saber: el balance de blancos, las sensibilidades ISO, la compensación de la exposición y los efectos de filtros de color. Casi todas las situaciones en las que un usuario medio pueda encontrarse quedan cubiertas por los modos de escenas. Es el caso de la obligada sesión de fotos en plena celebración familiar de cumpleaños, un retrato o una foto nocturna. No aparece en el listado de modos uno de tan clásico como el de paisajes, profusamente usado en las fotos de vacaciones. Canon, no obstante, brinda un acceso directo en la parte trasera de la máquina al modo de enfoque hacia el infinito, especialmente indicado para este tipo de fotografía. También están disponibles otros bastante menos habituales, como los pensados para fotografías de fuegos artificiales o para debajo del agua. Para este último, por cierto, es necesaria una carcasa especial que puede adquirirse por separado. Las imágenes tomadas con esta cámara de 3,2 megapíxeles no destacan precisamente por una calidad espectacular, si bien tampoco puede decirse que resulten decepcionantes. Presumen de una nitidez aceptable, aunque en las áreas más oscuras muestran algunos tonos un tanto empastados, como ligeramente emborronados. En las zonas de más contraste, el halo púrpura se hace notar de forma tenue, sin que su presencia sea un estorbo. Y es que la A400 se limita a cumplir con su función y brindar justo aquello que se espera de ella; ni más ni menos. La resolución máxima de 2048 x 1536 píxeles es suficiente para cubrir los tamaños de ampliación más comunes e incluso realizar copias de hasta 24 x 30 centímetros. En lo tocante a la gestión del color, hay que resaltar la eficacia del sistema de balance de blancos. El automático funciona de forma muy correcta, al igual que las opciones prefijadas para luz fluorescente y de día. En cualquier caso, el que mejor rendimiento brinda y el de más recomendable uso es el manual. El fantasma del ruido electrónico hace acto de presencia con reseñable notoriedad en las imágenes capturadas a partir de 100 ISO, llenándolas de artificios. Y es que la A400 apenas se ve libre de ruido a 50 ISO y a partir de 100 ISO su aparición es evidente (aunque a ojos inexpertos pueda no resultar molesta). A 200 ISO y, sobre todo, a 400 ISO los artificios invaden toda la imagen. La calidad de la modalidad de grabación de vídeo, por otro lado, no es espléndida, pero sí puede tildarse de correcta. Concretamente, pueden registrarse archivos de 640 x 480 píxeles y 10 fotogramas por segundo, pero limitados a un máximo de 30 segundos; también pueden grabarse secuencias de 3 minutos, rebajando la resolución a 160 x 120 puntos. "Adagio" Si uno opta por comprarse esta cámara, va a tener que cargarse de un poco de paciencia. Los tiempos de espera son un poco más largos de lo común: en el encendido, la cámara tarda lo suyo en ponerse en marcha y prepararse para disparar; también el tiempo invertido en almacenar las imágenes es generoso, sobre todo cuando se trata de las resoluciones más altas, y deja la cámara fuera de juego durante unos momentos. Óptica escasa En cuestiones de enfoque, la A400 tampoco es ningún bólido. Dispone de tres modalidades: enfoque automático, hacia el infinito -indicado, por ejemplo, para fotografía de paisajes- y macro, este último con un alcance de 5 centímetros. Pero si bien es lenta, avanza sobre seguro: dispone de 9 puntos para realizar el autofoco en TTL y de un potente haz de luz de ayuda para no fallar en situaciones de poca iluminación. A pesar del sistema TTL y de la luz de apoyo, la distancia focal de la óptica resulta un tanto desalentadora: tan sólo 2,2 aumentos ópticos (y 3,2 digitales), resultantes de una relación de focales de 45-100 mm, en paso universal. Resultan muy llamativos, a simple vista, esos limitadísimos 45 milímetros, que prácticamente privan a la A400 de angular. La luminosidad también es una de las asignaturas pendientes de esta compacta. Dispone de una abertura máxima de sólo f3,8 que, combinada con la velocidad más lenta de la cámara, de 1 segundo, se queda demasiado corta para realizar fotografías con poca luz y sin la ayuda del flash. El recurrente haz de luz Para muchos usuarios con nociones básicas de fotografía, el flash es uno de los elementos más importantes de la cámara, especialmente recurrente para fotografía de interiores y retratos. Por tanto, es importante asegurarse de que responde correctamente. El flash incorporado en la A400 ofrece tres posibilidades de destello: automático, de relleno y con función de mitigación del efecto de ojos rojos. En todas ellas, compensa bien las exposiciones y lo hace de forma bastante suave, sin sobreexponer ni quemar los objetos más próximos. Además, el histograma que aparece en la revisión de imágenes pone de manifiesto que -salvo en contadas ocasiones- los blancos no son nunca absolutos, planos o sin textura. La reducción de los ojos rojos tampoco falla, ni en los retratos cercanos. Reproduce los colores correctamente, de forma muy similar a la luz natural. La memoria gráfica La PowerShot A400 es la típica máquina que copa las primeras preferencias de compra del usuario novato que maneja un presupuesto más bien escaso. Contraindicada para los fotógrafos que tienen ganas de experimentar, las principales bazas con las que se presenta son precisamente su sencillez y sus pocas pretensiones. En definitiva, la A400 es el acercamiento de Canon al usuario más básico. Una máquina que no tiene en la calidad de imagen su mejor argumento y que suma un buen número de carencias, sobre todo relacionadas con las prestaciones ópticas. TEXTO Y FOTOS: Núria Aguadé |
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