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EOS 500D

Características
Punt. usuarios: 4,37272727272727 puntos (las puntuaciones se han elaborado en base a la media de las votaciones efectuadas por los usuarios/as de QUESABESDE.COM)
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Sensor: CMOS de 15,10 MP
Tam. sensor: 22,30 x 14,90 mm
Máx. res.: 4752 x 3168 p.
Factor: 1,60x
Pantalla: TFT de 3,00 pulgadas
En dos palabras
Una excelente cámara y una apuesta segura que, no obstante, ya no reina sola en el popular segmento de las SLR de gama baja
Precios
Mejor precio: 600 €Ver precios
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Análisis
martes, 14 de julio de 2009

Un reinado que ya no es absoluto

A estas alturas, pocas dudas cabe tener: si hay una firma que ha conseguido dar con la fórmula del éxito en el mercado de las réflex de precio moderado, ésa es Canon. Tras las EOS 400D y 450D llega el previsible turno de la EOS 500D, que no sólo aumenta la resolución hasta los 15 megapíxeles -la mayor en este segmento-, sino que también se atreve con el vídeo en alta definición. Aunque su construcción y su óptica de serie siguen dejando que desear, la joven EOS ofrece todo lo que el aficionado espera encontrar en una SLR de este tipo, empezando por una calidad de imagen incuestionable. El único problema es que la competencia se ha puesto manos a la obra, y tanto la Nikon D5000 como la Olympus E-620 consiguen desbancar a esta EOS de su trono en unos cuantos apartados.

Tras poco más de un año en el mercado, Canon ha pasado el relevo de la EOS 450D (que aún hoy se sigue vendiendo) a la reciente EOS 500D, denominada Rebel T1i en el mercado americano. No se trata de una renovación repleta de sorpresas, pero la entrada en escena de la cada vez más popular grabación de vídeo da un nuevo impulso a este cambio generacional.

Así, el salto de la EOS 450D a esta 500D es, sin duda, más notable que el experimentado por la generación anterior. O al menos sobre el papel, porque la nueva SLR no sólo puede presumir de ser una de las pocas que por ahora graban vídeo, sino también de ofrecer la mayor resolución (15 megapíxeles) y sensibilidad (12.800 ISO) disponibles en este rango de precios.

Unas cifras contundentes con las que Canon tiene que enfrentarse a una doble tarea: mejorar el excelente rendimiento de la EOS 450D –una auténtica “best seller”- para justificar el relevo, y sobre todo plantar cara a una competencia que, con modelos como la Nikon D5000 y la Olympus E-620, ha demostrado que no se duerme en los laureles.

En la misma línea

Pese a los cambios internos, por fuera esta joven EOS apenas trae consigo novedades respecto a lo visto en la réflex que la precede. El volumen reducido y el peso bastante ligero siguen siendo sus señas de identidad, aunque en ninguno de estos dos apartados la EOS 500D supera en miniaturización a sus competidoras.

Aunque no cabe exigir en este rango de precios grandes alardes de diseño y resistencia, lo cierto es que esta SLR arrastra una de las pegas que siempre achacamos a las EOS más modestas: el exceso de plástico en la construcción del cuerpo queda demasiado aparente nada más coger la cámara entre las manos, confiriendo al conjunto una excesiva sensación de fragilidad.

Nada grave, pero sí un dato a tener en cuenta por aquellos que prefieren las cámaras que transmiten firmeza, y más aún teniendo en cuenta que Canon ya dispone de una SLR más asequible, la EOS 1000D, en la que este tipo de licencias materiales resultan mucho más permisibles.

Si comparamos –por buscar el ejemplo más radical- el cuerpo de la EOS 500D con el de la resistente y sellada Pentax K20D, más veterana y de precio similar ahora mismo, las diferencias son alarmantes. Al menos para los usuarios que valoren este tipo de detalles.

Espectacular pantalla

Uno de esos cambios que pasan desapercibidos a primera vista pero que suponen un avance notable en esta nueva generación afecta a la pantalla. Ni su tamaño (3 pulgadas) ni su falta de movilidad han cambiado, pero la resolución ha aumentado desde los 230.000 puntos del modelo anterior a nada menos que 920.000 píxeles.

Una prestación que, como tantas otras, la EOS 500D ha heredado directamente de su hermana mayor, la EOS 50D y que hace de su monitor el mejor en este rango de precios (siempre que obviemos, claro, las ventajas que supone la movilidad del LCD de la Nikon D5000 y la Olympus E-620).

La estructura de los menús también ha sido sometida a un lavado de cara, con un resultado final realmente muy agradable y adaptable tanto a quienes se acercan por primera vez a una réflex como a los fotógrafos más avanzados.

Los primeros pueden disponer –como en el modelo anterior- de toda la información en la pantalla y acceder rápidamente a cualquier función mediante este menú. Además, tal y como ya ocurría en la EOS 50D, el nuevo modo “Creative Auto” permite, mediante gráficos comprensibles, entender el efecto que los diferentes parámetros de velocidad y diafragma seleccionados tendrán sobre la imagen final.

Los más experimentados agradecerán el botón de acceso directo a la sensibilidad, el que permite previsualizar la profundidad de campo en el lateral de la montura o la posibilidad de concentrar las funciones más interesantes del menú principal en un apartado propio que nos ahorre la tarea de buscar -por ejemplo- el nivel de reducción de ruido entre las decenas de opciones.

Entre las carencias, la más reseñable es sin duda un segundo dial trasero que facilite el trabajo al usar -por ejemplo- el control totalmente manual de la cámara. De todos modos, la posición del frontal –en la zona superior, en vez de bajo el disparador, como suele ser habitual en otros modelos- tampoco acaba de convencernos.

Live View con vídeo

Con la previsualización Live View ya totalmente instalada en las prestaciones de la mayoría de réflex digitales, el siguiente capítulo pasa por mejorar su operatividad y -en todo caso- exprimir todo su potencial.

De entrada, la activación del Live View cuenta ya con un mando propio en la parte trasera de la cámara. Este mismo botón es el encargado de iniciar también la grabación de las secuencias de vídeo, aunque para ello será necesario haber seleccionado antes esta modalidad mediante el dial principal de la cámara.

En este estado de previsualización disponemos de tres modos de autofoco diferentes, seleccionables a través del menú principal de la cámara: por contraste, con función de detección de rostros y el basado en el mecanismo tradicional, con el consabido movimiento de espejo.

Según hemos podido comprobar, el sistema de enfoque por contraste muestra un comportamiento idéntico al visto en modelos anteriores, aún muy lejos –sobre todo en situaciones con luz escasa- de lo que ofrece el enfoque tradicional de 9 puntos de esta cámara.

De hecho, este mecanismo de enfoque y el visor réflex (grande, luminoso y con una cobertura del 95%) siguen siendo dos de los aspectos que, pese a permanecer intactos respecto al modelo anterior, permiten a la EOS 500D plantar cara en este segmento.

Un Full HD que no lo es

Como era de esperar, la EOS 500D se convirtió en la segunda SLR de la marca en adoptar la grabación de vídeo en alta definición. Aunque sobre el papel las cifras esgrimidas recuerdan a lo visto en la EOS 5D Mark II, hay algunos detalles que merece la pena matizar.

Por ejemplo, el llamado modo Full HD no es tal. Y es que la EOS 500D cumple con el tamaño de cuadro exigible para este estándar (1920 x 1080 píxeles), pero no así con los 24 fotogramas por segundo que debería tener (la cadencia en este caso es de 20).

Precisamente por eso, en muchas situaciones, sobre todo en escenas con movimiento que requieran fluidez, lo mejor será conformarse con los vídeos de 1280 x 720 píxeles y –ahora sí- 24 fotogramas por segundo.

Sin posibilidad de controlar manualmente los parámetros de exposición durante la grabación (al menos hasta que algún firmware, oficial o no, lo permita), la EOS 500D dispone de un micrófono monoaural integrado, pero desgraciadamente no cuenta como su hermana mayor con una entrada para micrófonos externos.

Una circunstancia que hace que el uso del enfoque automático durante la grabación de los vídeos sea posible, pero no recomendable si lo que se quiere es evitar que el ruido del mecanismo de enfoque nos arruine la grabación de sonido ambiente.

Aclarados estos puntos, los resultados con poca luz y en lo que respecta a profundidad de campo –al no ser un sensor de formato completo, el efecto es menos pronunciado- son bastante buenos, como en el resto de réflex que también ofrecen grabación de vídeo.

Aun así, y pese a que la EOS 500D sí muestra un mejor comportamiento que las Nikon D90 y D5000 en este terreno (el códec H.264 empleado es de gran ayuda), aún queda camino por recorrer para poder desterrar la videocámara convencional.

Planteado únicamente como un añadido a las prestaciones fotográficas, bienvenido sea el vídeo, pensarán muchos usuarios. Tiempo para usarlo o dejarlo olvidado entre las funciones prescindibles siempre habrá.

15 megapíxeles

Pero no es el vídeo la única novedad que trae consigo este CMOS de tamaño APS-C y 15 megapíxeles, al que acompaña el conocido procesador DiGIC IV. Unas cifras que nos recuerdan a lo visto en la EOS 50D, y que a la luz de los resultados, nos obligan a rescatar muchas de las consideraciones realizadas sobre aquella réflex digital.

Con un rendimiento general excelente tanto si confiamos en los JPEG directos de la cámara o queremos cocinar nosotros mismos los RAW, los resultados con sensibilidades altas son realmente buenos, incluso a 1600 y 3200 ISO.

La cámara dispone, además, de sendos valores forzados a 6400 y 12.800 ISO. Con las limitaciones lógicas de estos parámetros extremos, lo cierto es que pueden salvarnos de un aprieto si tiramos de copias de pequeño tamaño o si trabajamos en blanco y negro.

Pero, más allá del salto dado desde el límite de 1600 ISO de su predecesora, ¿aportan algo estos 15 megapíxeles respecto a la docena de la EOS 450D? Salvo para los usuarios que sean aficionados a imprimir copias de gran formato, la inmensa mayoría apenas notará una gran diferencia en el nivel de resolución o detalle.

Más aún si somos fieles a la óptica de serie (Canon 18-55 mm f3.5-5.6 EF-S IS) que acompaña a esta réflex. Si ya con la EOS 450D echábamos en falta un objetivo capaz de dar algo más de sí, ahora este sencillo zoom queda claramente superado por el potencial del sensor.

Comenzar a ahorrar para hacerse con un objetivo mejor o echar mano del siempre recurrente y asequible Canon 50 mm f1.8 son dos buenas ideas a tener en cuenta nada más sacar la EOS 500D de la caja.

El rango dinámico es otra de las asignaturas en la que las SLR más sencillas de Canon siempre habían batido a sus competidoras.

Al menos hasta ahora, porque el aumento de la resolución parece haber incidido en la pérdida de algunos decimales en la nota final. El resultado son unas luces altas que se “queman” con más facilidad que -por ejemplo- en la Nikon D5000.

Aunque los colores y la saturación que ofrece la cámara en líneas generales admiten también pocas pegas, las luces artificiales siguen figurando entre los puntos mejorables. Sobre todo si nos fijamos en las tomas con luces de tungsteno o iluminaciones combinadas, porque el trabajo del balance de blancos automático es más que aceptable con las fluorescentes.

Herencia asegurada

¿Es la Canon EOS 500D una gran cámara? Sin duda. De hecho, acerca a un segmento mucho más popular buena parte de las prestaciones de su hermana mayor, la EOS 50D.

Gracias a esta herencia, la joven réflex canonista puede presumir de ser la cámara de este rango de precios con mayor resolución (15 megapíxeles) y sensibilidad (12.800 ISO) del momento. Dos récords que seguramente en los escaparates pueden ser un excelente anzuelo para compradores indecisos.

Además de estas novedades, la grabación de vídeo en alta definición es -sin duda- otro de los puntos fuertes de esta cámara. Los resultados no son ninguna maravilla, y de hecho, el autodenominado modo Full HD ni lo es ni ofrece una fluidez suficiente como para contentar a los usuarios mínimamente exigentes.

Aun así, qué duda cabe que no serán pocos quienes consideren este añadido un buen regalo al comprobar que el precio de la cámara no se ha elevado respecto al que su predecesora lucía durante sus primeros meses de vida.

Tras la lista de evidentes y merecidos halagos, lo cierto es que los problemas de esta EOS 500D son también una mezcla de herencias. Por un lado, la construcción sigue sin ser ninguna maravilla, tal y como ya ocurría en la EOS 450D y en los modelos predecesores; por otro, el nuevo CMOS deja más en evidencia que nunca a ese sencillo objetivo 18-55 mm f3.5-5.6 IS que hace un flaco favor al conjunto.

Pero, sin duda, el principal problema de la EOS 500D es el buen trabajo realizado por la competencia. Y es que, tal y como ya comprobamos en su momento, los resultados que ofrece la Nikon D5000 superan a esta EOS en unos cuantos apartados –ruido y rango dinámico incluidos- y la Olympus E-620 también le da un repaso en algunas asignaturas.

Claro que, si lo que buscamos es una cámara excelente y el hecho que sea -o deje de ser- la mejor de su categoría es un detalle menor, la EOS 500D será sin duda una buena elección.

TEXTO: Iker Morán
FOTOS: Álvaro Méndez

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