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![]() EOS 400DCaracterísticas ![]() Punt. usuarios: Tam. sensor: 22,20 x 14,80mm Máx. res.: 3888 x 2592 p. Factor: 1,60x Pantalla: TFT de 2,50 pulgadas En dos palabras Con una calidad de imagen sobresaliente y el primer sistema de limpieza de Canon, la EOS 400D se perfila como una superventas Precios Mejor precio: 393 €Ver precios Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Canon EOS 400D con nuestras 41 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
jueves, 14 de diciembre de 2006 Pulcro continuismoNo es la primera vez que ocurre: la más modesta de una gama asume la responsabilidad de inaugurar una nueva tecnología que, probablemente, futuros modelos de altos vuelos no tardarán en adoptar. Éste es el papel de conejillo de Indias que le ha tocado a la EOS 400D, la primera SLR de Canon con sistema de limpieza de sensor integrado. Con esta prestación como piedra angular de su puesta en escena, la EOS 400D reformula la oferta réflex de gama baja de Canon. Ligeras modificaciones y 2 megapíxeles más de resolución ayudan a distinguirla de la EOS 350D, de la que hereda su buena calidad, su buen precio… y algunos aspectos pendientes de mejora. Era inevitable y necesario. Nos referimos a la inclusión del sistema de limpieza del sensor que Canon ha desarrollado y que, por primera vez, ha instalado en una de sus réflex. Dejando al margen los 10 megapíxeles o el precio -cercano a los 600 euros-, no hay duda de que la EOS 400D es la respuesta de la compañía a una demanda que el público llevaba meses -¿años?- haciendo: la oportunidad de librarse del polvo para centrarse exclusivamente en hacer fotos.Puede que los usuarios noveles que se acerquen por primera vez al mundo de las ópticas intercambiables no concedan mayor importancia a este detalle y prefieran centrarse en la relación calidad-precio que ofrecen las cámaras. Sin embargo, con la inclusión de este sistema de limpieza, Canon ha conseguido matar dos pájaros -o motas de polvo- de un tiro: sumarse a la tendencia mayoritaria de las marcas presentes en el escaparate réflex e insinuar futuras novedades a sus usuarios más veteranos. Es por ese motivo, y dadas las notables similitudes de la EOS 400D con su predecesora, que poner el acento en el mecanismo de limpieza puede ser una de las formas más útiles de acercarse a un modelo que, por otro lado, no aporta demasiadas sorpresas al actual panorama réflex. Si yo tuviera una escoba El mencionado sistema de limpieza se basa en dos acciones independientes en busca de un mismo fin. Por un lado, el sensor -o mejor dicho, el filtro Low Pass- cuenta con un recubrimiento especial que pretende evitar que las partículas de polvo queden pegadas en él. Por otro lado -y aquí está la miga-, es el propio filtro Low Pass, situado inmediatamente antes del sensor, el que vibra obedeciendo las órdenes del denominado "Self clean sensor unit". Un procedimiento que recuerda poderosamente al filtro SSWF que Olympus utiliza en todas sus réflex digitales. Por si esto no fuera suficiente, la EOS 400D incluye la opción de tomar una foto de referencia para, vía software en el ordenador, eliminar las manchas de las fotografías tomadas. Este proceso de limpieza tiene lugar siempre que se enciende la cámara -dura menos de un segundo-, pero una simple presión en el disparador lo detiene para que podamos capturar, sin demora alguna, la instantánea de nuestra vida. Por supuesto, el sistema de limpieza puede activarse a voluntad y en cualquier momento. Además, siempre podemos levantar el espejo para llevar a cabo un proceso de limpieza manual, a la antigua usanza. Respecto a la eficacia de la nueva tecnología, durante los días que la EOS 400D ha pasado con nosotros hemos de reconocer que no hemos encontrado ninguna imagen con las molestas manchas ocasionadas por el polvo en el sensor. Cierto es que, al realizar las pruebas casi exclusivamente con el objetivo que acompaña a la EOS 400D en su kit más básico, el Canon EF-S 18-55 mm f3.5-5.6, el CMOS no ha permanecido demasiado tiempo expuesto a la intemperie. No obstante, hay que recalcar que similares circunstancias se han producido con modelos sin sistema de limpieza, y en esos casos la suciedad sí ha hecho acto de presencia. Animados por estas optimistas sensaciones, decidimos poner a prueba el recién estrenado sistema de limpieza con algún reto algo más peliagudo que la suciedad ocasional. Colocando deliberadamente partículas de polvo en la superficie del sensor -tal y como ya se hiciera con algún modelo de otras marcas-, el sistema de vibraciones no pudo eliminarlas completamente, y hubo que recurrir a la limpieza manual. Pequeña, cómo no Aunque la aparición de modelos SLR cada vez más diminutos obliga a poner entre comillas el calificativo de pequeña al hablar de la EOS 400D, la verdad es que su tamaño y peso se mantienen en unas cifras realmente bajas. Un dato que, unido a sus prestaciones y precio, permite enfocar esta réflex de gama baja al fotógrafo aficionado que da el salto digital o bien que evoluciona desde la galaxia de las compactas. Como ya ocurre con otros modelos, su pequeño tamaño impide un agarre cómodo, incluso con manos pequeñas, con el dedo meñique suplicando una empuñadura -sólo para mejorar el agarre- que nunca llega. Tampoco es ninguna sorpresa la construcción del cuerpo en plástico -en fin, es una cámara para aficionados-, ni su diseño, sin particularidades destacables en lo que a estética se refiere. En cualquier caso, empuñar la EOS 400D, aparte de ese detalle del meñique, no es difícil. Los mandos están bien colocados y su acceso es sencillo y cómodo en todos los casos, sin que sea necesario separar el ojo del visor en casi ninguna ocasión. Nos hemos quedado con las ganas de catar este modelo con un objetivo más pesado que un 70-200 mm f2.8 para comprobar el reparto de masas. En cualquier caso, su sujeción cuando se emplean objetivos ligeros de gama media es excelente. Los mandos y botones se cuentan en número elevado, pero todos están justificados. Así, mientras que por un lado encontramos una serie de accesos a menús, revisión de fotos por el otro tenemos los ajustes del autofoco, la medición o el punto de enfoque. Y es precisamente en el selector de enfoque donde hacemos una primera marca en rojo. Además de echar de menos esa segunda rueda de selección que sí tienen los modelos de gama superior, la elección de los puntos de enfoque es una tarea tediosa, lenta y en ocasiones frustrante. Visor limitado Antes de pasar a comentar las características técnicas de la pantalla, no podemos dejar de fijarnos en el visor réflex de la EOS 400D. De adecuada luminosidad, este visor es bastante pequeño -no entramos a valorar si podía haberse hecho o no más grande- y ofrece muy poca información de la escena, limitándose a la obturación, el diafragma, la exposición, la confirmación de enfoque y poco más. Faltan -de nuevo, y la EOS 400D no es ni mucho menos la única- datos sobre la sensibilidad o el balance de blancos. Al no contar con una segunda pantalla tal y como ocurría con la EOS 350D, la nueva réflex recurre al LCD trasero para ajustar los datos de la toma. Esta nueva configuración llega acompañada, afortunadamente, de un sensor colocado justo debajo del visor que se encarga de desconectar el monitor trasero al encarar la cámara. Sí, exactamente igual que con las difuntas réflex de Konica Minolta o la Sony Alpha A100. A partir de ahí, lo de casi siempre: 2,5 pulgadas, 230.000 puntos de resolución, posibilidad de revisar en ella las tomas grabadas, con una calidad y nivel de ampliación excelentes. Además, como en todas las réflex canonistas, se prescinde de la tapa de plástico a modo de protección, que aparentemente no hace falta: tras unos cuantos días con la cámara a cuestas, a la conclusión de estas líneas no presenta ni un leve arañazo. Menús sólo para convencidos Otra delicada característica canonista de la que la EOS 400D no se libra estriba en los menús de la pantalla. Como siempre, el uso prolongado de un determinado equipo hará las cosas más fáciles, pero los usuarios noveles que adquieran esta Canon como primera réflex van a necesitar un tiempo para hacerse con ella. La tónica de manejo de los menús en este modelo se fundamenta en el uso de incómodas combinaciones de botones -otras marcas han resuelto la papeleta con mayor ingenio- para modificar algunas opciones. En lo que a funcionamiento se refiere, la EOS 400D cuenta con algunas carencias que la distinguen de otros modelos de la misma marca, pero de gama superior. La ya citada ausencia de una segunda rueda de control es uno de ellos, como también lo es la inexistencia de medición puntual. La EOS 400D, por cierto, cuenta con tres tipos de mediciones: una matricial, y otras dos centrales con distinto porcentaje de ponderancia al centro. Las pruebas demuestran, en cualquier caso, una subexposicion generalizada, bastante significativa al utilizar la medición matricial. Con 9 puntos de enfoque, la EOS 400D no puede presumir de un sistema de autofoco especialmente rápido, aunque sin duda es lo suficientemente veloz como para que sus potenciales usuarios no tengan problemas a la hora de trabajar. El modo de captura en ráfaga, por otro lado, permite disparar hasta 27 imágenes en JPEG o 10 en formato RAW, en ambos casos a una cadencia de 3 tomas por segundo. Aunque tales cifras están a la altura de lo que se ofrece en este segmento de gama baja, resulta algo molesto que, una vez ocupado el buffer, la cadencia de disparo se vuelva totalmente irregular. Automatismos y manualidades La EOS 400D incorpora todos los modos manuales y todas las prioridades posibles, pero como también es un modelo de iniciación, no renuncia a varios modos de escena prefijados. Tampoco hay que olvidarse del útil -y nunca bien aprovechado- modo de trabajo A-Dep, o lo que es lo mismo: la prioridad a la profundidad de campo. Una opción tremendamente interesante para retratos o bodegones, por ejemplo. Dentro de los modos no automáticos, la EOS 400D dispone de diversos ajustes personalizables. Al margen de balances o espacios de color -más tarde entraremos a analizarlos-, esta cámara permite realizar ajustes de variables tales como la nitidez, el contraste, la saturación o el tono. Ajustes especialmente útiles para los fotógrafos que gustan de personalizar al máximo sus imágenes digitales. Todos ellos se organizan en torno al menú "Estilos de imagen", que la EOS 400D ha heredado directamente de sus hermanas mayores -no de la EOS 350D- y que mejoran notablemente el manejo de este tipo de ajustes respecto a las configuraciones anteriores. Curiosamente, todas las variables menos una parten del valor 0, siendo posible realizar ajustes positivos y negativos. La excepción viene de la mano de la nitidez, escalada de 0 a 7 y con un punto de partida de 4. Nuestra recomendación es subir ese valor a 6 cuando tengamos previsto realizar un mínimo posprocesamiento de la imagen. Sin novedad en el frente (de imagen) La EOS 400D almacena en tarjetas CompactFlash fotografías en los formatos JPEG o RAW -incluso simultáneamente y en la máxima calidad. Para ello, tiene como corazón un CMOS de poco más de 10 millones de píxeles, mediante el cual nuestras fotografías pueden alcanzar la resolución -ya poco novedosa- de 3888 x 2592 puntos. Con un factor de multiplicación de 1,6x, esta cámara es compatible con los objetivos de montura Canon EF y EF-S. La montura, por suerte, se libra del plástico y mantiene su esencia metálica. Las imágenes generadas por este sensor en conjunción con el procesador DiGIC II -sorprende un poco que al paso que va Canon con sus novedades no exista ya un DiGIC III montado en la EOS 400D y sí en algunas compactas- son de incuestionable calidad. Solventados ciertos problemillas inherentes a la naturaleza del CMOS -como la nitidez de las tomas, algo suave en opinión de algunos-, lo cierto es que la salida final de la imagen en la EOS 400D es de nota, tanto en detalle como en rango dinámico. Precisamente para quienes deseen exprimir al máximo este potencial, sería recomendable optar por un objetivo algo más exigente que el EF-S 18-55 mm que compone el kit de la cámara. Sin menospreciar -ni mucho menos- la relación calidad-precio de esta asequible óptica, apostar por un objetivo de mejor calidad -tampoco hace falta irse a la serie L- podría ser una buena inversión. La EOS 400D dispone de dos espacios de trabajo que el fotógrafo puede seleccionar: AdobeRGB y sRGB. En cualquier caso, los resultados obtenidos permiten hablar de unos tonos perfectos, con un degradado de color sobresaliente. En lo referente a ruido electrónico, la EOS 400D presume de unos niveles bastante bajos, como suele suceder en las réflex de Canon. Así, pueden obtenerse tomas virtualmente perfectas hasta 800 ISO, dentro del arco de 100 a 1600 ISO que ofrece este modelo. A 1600 ISO, eso sí, la interferencia del ruido es más que notable. De todas formas, pensamos que las imágenes tomadas son utilizables, incluso cuando requieren de una exposición prolongada o contienen zonas más oscuras. El sistema de reducción de ruido es bastante efectivo, y el nivel de detalle -por fortuna- se ve poco afectado al activarlo. Indigesto automatismo Afinando colores y hablando de balances de blancos, la EOS 400D cuenta con seis balances prefijados, más uno automático y otro manual. Como primer dato llamativo, cabe señalar la ausencia de un selector de grados Kelvin -muy útil, aunque tal vez poco relevante para una cámara como ésta-, y como segundo, el mal funcionamiento de la EOS 400D con el balance automático general, especialmente en escenas en las que predomina la luz de tungsteno. Vistas las muestras, el resultado en estos casos es bastante pobre. Respecto al flash integrado, es de agradecer esa posición tan elevada que -en gran medida- reduce o quita molestas sombras. De levantamiento manual o automático, ejerce además de incómoda luz de apoyo al autofoco. La batería, por su parte, muestra un excelente comportamiento, con más de 500 disparos a partir de una sola carga. Seguimos creyendo, eso sí, que Canon debería tomar nota de la indicación de carga restante en cifras porcentuales que incorporan -por ejemplo- algunos modelos de Nikon. Un conejillo de Indias La EOS 400D no es, ni mucho menos, un modelo revolucionario. Canon ha querido combinar en dosis muy bien medidas la innovación que representa ese nuevo sistema de limpieza con el continuismo respecto a la EOS 350D. Este último punto es el que obliga a hablar de cambios mínimos respecto a su predecesora. Más allá de los 10 megapíxeles -que parecen resistir bien el envite de las altas sensibilidades-, los ligeros cambios en el diseño o el nuevo autofoco de 9 puntos, la EOS 400D repite la exitosa formula que ha permitido a la compañía inventar y asentarse en el segmento réflex de gama baja. Un escaparate en el que los competidores han crecido y se han multiplicado. De hecho, al poco de salir al mercado, muchos vieron en la Nikon D80 la competidora de esta EOS 400D. Sin embargo, después de haber pasado unos días con esta cámara e incluso haberlos compartido con la citada SLR de Nikon, podemos aseverar que la D80 está un peldaño -o dos- por arriba. Aunque la EOS 400D parte con alguna batalla ganada -el ruido con sensibilidades altas o la excelente calidad de imagen, por ejemplo-, serán la Nikon D40, la Olympus E-400 o la Pentax K100D las que tengan que plantarle cara. Lo que no se le puede negar a esta joven EOS es el mérito de ser la primera de la familia en apostar por la limpieza de sensor. No hay que ser muy despierto para vaticinar, para dentro de unos meses, la llegada de una réflex de gama profesional de Canon -de fotograma completo o no- con esta tecnología. Tampoco hay que ser muy ágil para ver que Canon no puede poner en juego una cámara profesional con un sistema innovador -para la marca- sin haberlo pasado antes por el rodillo del público. Con la EOS 350D como precedente, la EOS 400D no pasará a la historia más que por ser la primera réflex de Canon con sistema de limpieza. Lo que está claro es que se venderá como rosquillas y será todo un éxito. Otro punto para Canon, y casi sin despeinarse. TEXTO: Eduardo Parra |
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