Sensor: CMOS de 8,00 MP Tam. sensor: 22,20 x 14,80mm Máx. res.: 3456 x 2304 p. Factor: 1,60x Pantalla: TFT de 1,80 pulgadas
En dos palabras
Otra triunfadora propuesta de Canon para el segmento SLR de aficionados, con una excelente relación calidad-precio
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Veredicto
A favor
Relación calidad-precio inmejorable.
Agilidad en la puesta en marcha y en el funcionamiento general.
Ráfagas excelentes y casi ilimitadas, si no se trabaja con la máxima resolución.
Cuerpo negro, de más seria apariencia que el de la EOS 300D.
Ruido electrónico muy escaso, incluso a 800 y 1600 ISO.
Incluye funciones avanzadas que en la EOS 300D no se encontraban, como la compensación del flash y la selección del espacio de color o del tipo de enfoque automático.
Manejabilidad correcta pese a las reducidas dimensiones.
Grabación simultánea en RAW y JPEG.
En contra
La óptica incluida en el kit es muy básica, aunque poco más puede pedirse por ese precio.
Al abrirse el compartimento de la tarjeta CompactFlash se desconecta la cámara, lo que puede provocar la pérdida de algunas fotografías que no se hayan acabado de grabar.
No hay pasos intermedios en los valores de sensibilidad.
La activación del flash continúa siendo demasiado brusca.
La suciedad en el sensor es todavía un tema pendiente.
El rendimiento del balance de blancos automático sigue sin convencer, por lo menos con luces fluorescentes.
Pantalla pequeña en comparación con lo que ofrecen algunas compactas y otras réflex.
Se agradecería más información (sensibilidad, balance de blancos…) en el visor réflex.
Puede que algunos usuarios la encuentren demasiado pequeña y ligera.
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