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EOS 30D

Características
Punt. usuarios: 4,63555555555556 puntos (las puntuaciones se han elaborado en base a la media de las votaciones efectuadas por los usuarios/as de QUESABESDE.COM)
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Sensor: CMOS de 8,20 MP
Tam. sensor: 22,50 x 15,00mm
Máx. res.: 3504 x 2336 p.
Factor: 1,60x
Pantalla: TFT de 2,50 pulgadas
En dos palabras
Fiel -quizás demasiado- al legado de la EOS 20D, la nueva réflex semiprofesional de Canon cubre el expediente con buena nota
Precios
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Muestras
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Análisis
lunes, 15 de enero de 2007

Y con Canon la vida puede ser maravillosa

La EOS 30D llegó acompañada de no pocas críticas. Esperando el mercado una réflex revolucionaria, lo cierto es que esta conservadora revisión canonista de la EOS 20D causó una cierta decepción; ni su nueva pantalla de 2,5 pulgadas ni su mejorada ráfaga parecían ser suficientes. La réflex de Canon nacía con el difícil papel de mantener vivo el legado de una alabada EOS 20D sin apenas novedades sustanciales, con un cuerpo prácticamente idéntico, el mismo autofoco de 9 puntos y el consabido sensor CMOS de 8 megapíxeles. Aun así, y más allá de lo que podría pasar por un nuevo lavado de cara, la EOS 30D planta cara a la competencia con firmeza y apenas sin despeinarse.

Reconozcámoslo: el público es soberano, pero también caprichoso, maniático y contradictorio. Mientras hay quienes piden un modelo revolucionario cada tres meses, otros suplican que las cámaras sobrevivan por lo menos un par de años. Luego están los que siempre echan de menos en tal o cual modelo esa prestación que le falta a la cámara para ser perfecta.

Hiciera lo que hiciera, Canon lo tenía -por así decirlo- complicado para acertar con su nueva réflex de gama media. O al menos para contentar a todo el mundo.

Partiendo de los recelos que la EOS 30D desata, lo cierto es que no ofrece en realidad motivos para queja alguna. Si la EOS 20D ya era una buena cámara y la EOS 30D es una versión mejorada… ¿dónde está el problema?

Consideraciones previas

Concebida como cámara de gama semiprofesional -o de gama profesional baja, si se permite la expresión-, el análisis de la EOS 30D se ha realizado utilizando diversos objetivos, entre ellos el 16-35 mm f2.8, el 70-200 mm f2.8, el 17-40 mm f4, el 70-300 mm f4-5.6 o el sencillo 18-55 mm f3.5-5.6.

Lógicamente, lo primero que nos vino a la cabeza al catar la EOS 30D fue preguntarnos qué había de nuevo respecto a la EOS 20D. Indudablemente, la llegada de un nuevo modelo tiene que estar justificada, aunque sea excusándose en la mera estética, y la EOS 30D no podía ser una excepción.

Aunque ya iremos desgranando los nuevos detalles, no se necesitan muchas líneas para concentrar las novedades que encierra el cuerpo de esta SLR.

Cambios con cuentagotas

Una de las novedades más llamativas afecta al monitor. La EOS 30D cuenta con un LCD de 2,5 pulgadas que, además del tamaño, también eleva la resolución hasta casi duplicarla.

Canon también ha dotado a la EOS 30D de una verdadera medición puntual, con una cobertura del 3,5%. (Tanto la EOS 20D como otros modelos de gama más baja carecen de esta prestación.) Por otro lado, aunque se mantiene el rango de sensibilidades, los pasos intermedios de esta escala son más variados que los vistos en la EOS 20D.

La EOS 30D presume asimismo de una mayor cantidad de opciones prefijadas, y los pasos intermedios de los parámetros de imagen -saturación, contraste, nitidez- han sido igualmente ampliados.

En la misma línea, el buffer mejora su rendimiento, Canon ha añadido una función -también presente en la EOS 400D- que indica el tamaño en megabytes de cada imagen.

Por último, pero no menos importante, hay que mencionar un nuevo obturador que ofrece -asegura Canon- 100.000 ciclos de disparo.

Gigantismo, bienvenido sea

La ya citada pantalla aliña sus 2,5 pulgadas (la EOS 20D se conformaba con 1,8 pulgadas) con una resolución de 230.000 puntos. Un monitor que, por tanto, bebe de las fuentes de los modelos de gama profesional más recientes de la marca.

De alta calidad -léase nitidez- y con una potente capacidad de ampliación, este monitor no sólo ofrece colores reales y un gran detalle, sino toda una suerte de datos sobre la toma capturada, incluyendo un histograma RGB o el tamaño en megapíxeles.

Los menús han sufrido en la EOS 30D una ligera reordenación para incluir la casilla "Estilos de imagen", tal y como ha ido ocurriendo en las últimas generaciones réflex de Canon. Entre otras cosas, el fotógrafo tiene acceso a través de este nuevo menú a una mayor cantidad de pasos intermedios para ciertos ajustes. La nitidez, por ejemplo, pasa de 5 a 7 pasos disponibles.

No obstante, los menús siguen pareciéndonos algo incómodos y poco intuitivos. Como siempre, todo es cuestión de práctica.

Imperturbable

La EOS 30D mantiene el sensor CMOS de tipo APS-C (22,5 x 15 milímetros) de la EOS 20D y otros modelos similares. Con un factor de multiplicación de 1,6x, tampoco sufren ningún cambio esos 8,2 megapíxeles que ya lucía la EOS 20D.

Semejante resolución implica la captura de tomas con un tamaño máximo de 3504 x 2336 puntos, que pueden almacenarse en los formatos JPEG o RAW -por separado o de forma simultánea- y en tarjetas CompactFlash de Tipo I o II.

¿Es, entonces, el corazón de la EOS 30D idéntico al de la EOS 20D? No, porque la nueva EOS amplía el buffer de disparo. Alcanza, de este modo, las 30 imágenes en formato JPEG (23 capturaba la EOS 20D) y casi duplica los 6 disparos consecutivos en RAW de su antecesora, con un total de 11.

Por lo demás, técnicamente poco hay que añadir a lo dicho sobre la EOS 20D, más si se tiene en cuenta que emplea el mismo procesador DiGIC II que ya montaba su predecesora.

Los colores son fieles; la nitidez es ciertamente mejorable (mal endémico, tal vez, de los CMOS, aunque este "handicap" se soluciona aumentando el parámetro adecuado); el rango dinámico es interesante, y los niveles de ruido son mínimos.

Es el ruido, precisamente, uno de los capítulos en los que Canon revalida su liderazgo. Dotada de un rango de sensibilidades de 100 a 1600 ISO (además de un valor forzado de 3200 ISO), la EOS 30D ofrece una mínima interferencia electrónica en todos los escalones. Uno puede obtener tomas perfectamente utilizables incluso a 1600 ISO.

En lo que a balance de blancos se refiere, la EOS 30D rinde bastante bien en todas las situaciones lumínicas. Como ocurre casi siempre, la combinación del ajuste automático con la luz de tungsteno representa la pata más débil de esta mesa de color.

No obstante, la implementación de una opción de calibración mediante grados Kelvin (de 2.800 a 10.000 K, con un valor inicial algo justito) y del ajuste fino de los balances prefijados garantizan un buen rendimiento de color en la EOS 30D.

Poder de enfoque

En lo que a enfoque respecta, las ópticas que hemos podido probar mantienen el tipo con la EOS 30D. Sin cambios en el motor de enfoque, la velocidad y precisión de este mecanismo se encuentra dentro de los parámetros habituales en una Canon. Dicho en otras palabras, el sistema de autofoco es notablemente efectivo.

Con 9 puntos de enfoque y un buen rendimiento con luz escasa, el autofoco sigue siendo una de las grandes bazas canonistas a la hora de plantar cara al resto de marcas y modelos que pugnan en este sector, cada vez más competido.

Leves retoques

Volviendo a la parte meramente física, la EOS 30D cuenta con un cuerpo muy parecido al del modelo predecesor. Más allá de la pantalla, las diferencias entre ambas réflex son prácticamente inexistentes. De hecho, la empuñadura vertical de la EOS 20D es válida para esta réflex.

Con respecto a esta última cámara, las líneas en la EOS 30D se han suavizado un poco y los mandos -sobre todo los que están cerca de la pantalla- han cambiado de lugar. En cualquier caso, la esencia de su redistribución obedece a idénticos criterios ergonómicos.

Así las cosas, lo dicho para la EOS 20D bien puede aplicarse aquí. Un encuadre cómodo, un acceso a los mandos sencillo y un uso apto para todos los públicos son -por enésima vez- las señas de identidad de este modelo canonista.

Dotada -como cualquier otra réflex- de modos de exposición manuales, la EOS 30D cuenta también con varios automatismos y algunas escenas prefijadas.

A todas luces

Aunque no hemos tenido ocasión de probar -probar con todas las letras- la EOS 30D con un flash externo, sí hemos catado largo y tendido el flash de tipo pop-up integrado sobre el pentaprisma.

Como casi siempre, este pequeño adminículo no es apto para hacer arte, pero sí resuelve la papeleta en muchas ocasiones; por ejemplo, cuando no tengamos tiempo de colocar el flash externo o cuando queramos iluminar -sin complicarnos la vida- una escena cercana.

En lo que respecta a la autonomía, la EOS 30D pertenece al club de las máquinas insaciables: una sola carga permite realizar cientos y cientos de fotos. (Canon habla de una media de 750 disparos, aunque todo depende de la óptica empleada o del uso que hagamos de la pantalla y el flash, entre otros condicionantes.)

Por desgracia, esta EOS aún no ofrece un medidor de carga porcentual, detalle del que -por cierto- sí pueden presumir las réflex de Nikon.

Plantar cara

Una de las conclusiones quizás más acertadas a la hora de valorar la EOS 30D es considerarla como la respuesta canonista a aquella D200 de Nikon que llegó a gritos y dando portazos. Ahora es el turno de que ambas defiendan su posición frente a la Pentax K10D, que parece dispuesta a hacerse con su propio hueco en este apartado ofreciendo mucho por muy poco.

Comparaciones aparte, la EOS 30D se presenta como una versión tan sutilmente modificada de la EOS 20D que bien podría haberse llamado EOS 20Dn. Pero nació con nombre propio, y sólo por ello adquirió una responsabilidad difícil de asumir.

Pese a que la EOS 30D no justifica en ningún caso la renovación de equipo de los poseedores de una EOS 20D, sí añade nuevos argumentos para seducir a sus potenciales compradores. Motivos que refuerzan el principal de todos ellos: la EOS 30D es una excelente réflex digital.

TEXTO: Eduardo Parra
FOTOS: Álvaro Méndez

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