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![]() EOS 20DCaracterísticas ![]() Punt. usuarios: Tam. sensor: 22,50 x 15,00mm Máx. res.: 3504 x 2336 p. Factor: 1,60x Pantalla: TFT de 1,80 pulgadas En dos palabras Una completísima cámara réflex para el fotógrafo aficionado o semiprofesional que mejora sustancialmente a la 10D Precios Mejor precio: 731 €Ver precios Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Canon EOS 20D con nuestras 36 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
lunes, 13 de diciembre de 2004 Canon, otra vez en cabezaYa en su momento, la EOS 10D suscitaba una duda similar a la que nos plantea la 20D: ¿Se trata de una cámara para aficionado avanzado o directamente habría que considerarla una profesional de gama baja? Después del lanzamiento de la EOS 300D, que desató la guerra entre los fabricantes por reducir precios, Canon apuesta fuerte con la EOS 20D en el segmento de las SLR semiprofesionales. Un sensor CMOS de 8 millones de píxeles, un procesador DIGIC II que la hace muy veloz (un encendido de 0,2 segundos y ráfagas de 5 fps) y un sistema de autofoco en forma de diamante de 9 puntos la avalan. Una buena fórmula La EOS 20D* se presenta al gran público como una digna sucesora de la 10D. Cuando esta última irrumpió en el mercado a principios de 2003, en seguida se consolidó por ofrecer a partes iguales calidad semiprofesional y un precio mucho más asequible -por aquel entonces- que el de las otras SLR digitales del mercado. Esta fórmula, que triunfó como la Coca-Cola, no contó con competencia directa hasta este último verano, cuando la aparición de la Nikon D70 forzó una revisión a la baja de los precios. La 20D es un gran ejemplo de evolución hacia máquinas SLR digitales cada vez más equipadas y cada vez más económicas. Aunque casi parecen la misma cámara, las diferencias con la EOS 10D saltan a la vista. Hay acabados en ella que la elevan muy por encima de las otras SLR de su categoría, y es que ésta máquina parece estar pensada para un aficionado avanzado, pero diseñada para cubrir las necesidades de un fotoperiodista. Sensor de segunda generación Su principal baza es el sensor CMOS, del mismo tamaño APS que en la 10D (22'5 x 15 mm) y construido específicamente para esta cámara. El sistema de captación llega repleto de novedades; la más significativa son los 8,2 megapíxeles efectivos de resolución -la más alta resolución, hasta el momento, entre las réflex de gama baja-, con la que se pueden crear archivos de hasta 3504 x 2336 píxeles. Canon ha puesto mucho énfasis en la mejora de las prestaciones del sensor, sobre todo en lo referente a la reproducción del color y la eliminación del ruido. El sensor, en este sentido, está constituido por fotodiodos más pequeños que llevan colocada encima una microlente para facilitar la llegada de la luz. Ello, en teoría, favorece un mayor alcance de luz directa, con lo que se logra forzar menos el sensor. A la práctica, esto se traduce en una mejora sustancial de la calidad de imagen en todas las sensibilidades, incluso en tomas a 3200 ISO. También contribuyen a ello el nuevo circuito de eliminación de ruido, un chip que ayuda a atenuar los artificios y un filtro óptico de paso bajo de tres capas que mitiga los colores irreales. Sin ir más lejos, en las pruebas realizadas con exposiciones largas en situaciones de poca luz puede apreciarse una nitidez de imagen excelente. Un cuerpo de bandera En las manos, la EOS 20D transmite una sensación de robustez. Su cuerpo está constituido por una aleación de aluminio y plástico que la hace resistente. Salvando las similitudes con su predecesora, el cuerpo de la 20D es ligeramente más pequeño y ergonómico, unos cambios a pequeña escala que la asemejan más a sus hermanas mayores de gama profesional. Todas las funciones básicas quedan al alcance de la mano. Y es que la comentada reducción de tamaño y peso ha supuesto también una reestructuración de los botones y diales que la hacen más manejable, si cabe, que la 10D. El botón de encendido que activaba la rueda trasera ha desaparecido, y ésta está integrada en el botón de encendido principal. Su anterior ubicación la ocupa ahora un dial de cuatro direcciones que sustituye el también desaparecido botón de navegación de la 10D. Eso sí, al hacerse más pequeña, ciertos complementos de la 10D no pueden reaprovecharse. Es el caso de la empuñadura vertical o del compartimiento de las baterías. Es perfectamente criticable que la que se supone que es la cámara que mejora a la 10D siga careciendo de un seguro que impida abrir el compartimiento de las tarjetas mientras se están transfiriendo las imágenes al ordenador. Al hacerlo, la cámara detecta la abertura y automáticamente se apaga, con lo que las imágenes que aún no se han grabado se pierden. La visión simultánea en el panel LCD y en el visor hace innecesario apartar la vista de este último para manipular la exposición, el punto de autofoco o la compensación de flash, funciones básicas todas ellas para disparar sin perder tiempo. Se echa de menos que alguno de los demás parámetros, como la elección de la calidad de imagen, la sensibilidad ISO, el balance de blancos o el modo de medición, puedan también variarse sin necesidad de apartar el ojo del visor, ya que para ello debe recurrirse al panel LCD. Por otro lado, la pantalla TFT mantiene los mismos tamaño y resolución del monitor de la 10D, con 1'8 pulgadas de diagonal y 118.000 píxeles. Cuenta con cinco niveles de luminosidad ajustables y es aceptablemente nítida, aunque es recomendable visualizar las imágenes con el histograma para no llevarnos luego un desengaño en la pantalla del ordenador. A pesar de no ser un mal monitor, empieza a quedarse corto respecto a las pantallas de 2 pulgadas que desde hace un tiempo se están prodigando con fuerza en el mercado. Velocidades de vértigo Una de las limitaciones de las que se aquejaba la 10D era la relativa lentitud con la que obraba en casi todo. La 20D no sólo soluciona estos problemas, sino que en ocasiones incluso supera las expectativas. El sensor de imagen cuenta con cuatro canales de lectura de datos de alta velocidad para transferir la información a la tarjeta, a la par que el procesador DIGIC II, incorporado en la profesional EOS 1D Mark II, mejora de forma sustancial la rapidez de acción de la cámara. La combinación de ambos permite que la ráfaga se pueda efectuar a 5 fps, disparando un máximo de 6 fotogramas en formato RAW o hasta 23 en JPEG a la mejor compresión. En las calidades de compresión más bajas, se pueden efectuar disparos hasta agotar la tarjeta.En nuestras pruebas, realizadas con una tarjeta Lexar Media de 40x, la EOS 20D tardó unos 15 segundos para registrar 6 disparos consecutivos en formato RAW. El lapso de tiempo dedicado a la captura de 23 JPEG a la máxima calidad fue de unos 42 segundos. Pero estos no son los únicos tiempos de reloj mejorados en la 20D respecto a su predecesora. La espera para el encendido de la cámara ha pasado de 2,5 segundos de espera a tan sólo 0,2 segundos. Canon, asimismo, asegura que el tiempo de retardo del disparo (el denominado "lag") es de sólo 65 milisegundos. El obturador también ha ganado un poco más de rapidez y ahora disfruta de una máxima velocidad de 1/8000 de segundo. La sincronización con el flash, por otro lado, se efectúa a 1/250 de segundo. Si bien se agradece este aumento (en las EOS 300D y 10D, la velocidad es de 1/200 de segundo), tal cifra no es nada del otro mundo si se compara con la que brindan otras cámaras. Es el caso de la siempre omnipresente D70 de Nikon, que permite sincronizar a 1/500 de segundo. Buena comunicación Cuanto más profesional es el cuerpo de una cámara, más completa es la información que puede obtenerse a través del objetivo. La 20D ha mejorado el sistema de enfoque, pasando de 7 a 9 puntos en formato romboidal, al estilo de un diamante. Una distribución basada en las normas básicas de composición, que respeta la colocación de los elementos según la regla de los tercios y que permite seleccionar casi todas las partes de la escena. La elección del punto concreto se efectúa mediante la rueda trasera y, ciertamente, el sistema es más efectivo que el de la 10D. El flash es otro de los beneficiarios de esta mejorada comunicación entre la óptica y el cuerpo de la cámara. Tanto las unidades externas como el flash de tipo pop-up integrado basan su medición en el sistema E-TTL II, que tiene en cuenta la distancia focal del objetivo y la luz ambiente para regular su potencia. Además, el flash integrado es considerablemente más potente y grande que el de la 10D. Cubre sin hacer sombra el campo de visión de un angular hasta los 17 milímetros (en paso universal) y elimina sin problema los molestos ojos rojos. Entre tantos puntos de enfoque y posibilidades de combinación, sorprende que la cámara no disponga de una medición realmente puntual, esto es, con un ángulo de 5 a 15 grados . Eso sí, brinda la posibilidad de efectuar mediciones matriciales (de 35 puntos), parciales y ponderadas al centro, aunque Canon no especifica cuál es la diferencia de cobertura de estas dos últimas. El tiempo dirá si los CCD y CMOS de la mayoría de réflex digitales acaban por alcanzar el tamaño del negativo o si, por el contrario, se mantendrán en el de APS. De momento, esta cámara conserva el factor de conversión de 1,6x y, como novedad, es compatible con los objetivos EF-S de Canon, una ventaja frente a su predecesora, que no estaba preparada para este tipo de lentes más angulares. Así, el tamaño del espejo ha sido reducido en la 20D para evitar que la parte posterior de las ópticas no choque con él. Ajustes de color Adentrándonos en el análisis de la reproducción del color, debe reseñarse como aspecto negativo la poca fiabilidad de los balances automáticos y preseleccionados bajo ciertas condiciones de luz. Un decepcionante contratiempo que puede mitigarse ligeramente con la opción de balance personalizado, que sí funciona correctamente. El balance de blancos automático, así es, cojea un poco. Sometiéndolo a las tres situaciones lumínicas más frecuentes -luz de día, de fluorescente y de tungsteno-, puede apreciarse a ojo desnudo que su nivel de respuesta es notable en el primer caso, aceptable en el segundo y con molestas dominantes rojo-amarillentas en el tercero. Idénticos resultados a los del balance para la luz de tungsteno se obtienen cuando la opción preseleccionada es la de luz incandescente. Pero éste no es el único de los balances prefijados con fallos: también en el balance para escenarios con sombras se aprecia una marcada desviación del color hacia el amarillo. La 20D cuenta con otras opciones para trabajar con el balance de blancos, como la calibración manual mediante grados Kelvin y con un ajuste extremadamente fino. Este último, inexistente en la 10D, consiste en un sistema de coordenadas de dos ejes, azul-amarillo y rojo-verde, por los que puede desplazarse el fotógrafo, ajustando así los pasos de diferencia entre las imágenes. Esta opción permite realizar un bracketing de hasta 9 imágenes. A la hora de la verdad, puede resultar más cómodo y menos embrollado tratar el color de la toma en el proceso de posproducción, en vez de recurrir a una herramienta tan precisa. La 20D permite trabajar con los espacios de color sRGB y Adobe RGB. Asimismo, pueden manipularse los parámetros de contraste, nitidez, saturación y tono de color en ambos espacios, una ventaja frente a la EOS 10D, que sólo permitía hacerlo con el sRGB. Por cierto, todas las tomas muestran a ojo desnudo una ligera falta de saturación, si las comparamos con las que captura la 10D, como si fueran menos nítidas o la reproducción de color fuera más neutra. Si en algo realmente sí se nota una mejora frente al rendimiento de la 10D, es en los resultados obtenidos en las sensibilidades más altas. Como ya saben la mayoría de aficionados, el ruido suele afectar negativamente los colores de las tomas sobresaturando sus tonos, exagerándolos, tiñéndolas de ciertas tonalidades o reflejando interferencias. Ciertamente, las sensibilidades de esta cámara se comportan de forma excepcional. Desde 100 hasta 400 ISO, las imágenes están aparentemente exentas de ruido. A partir de 800 ISO, se empieza a notar ligeramente, y sólo a 1600 y 3200 ISO es apreciable. Lo que parece un tanto más discutible es el uso que se le puede dar al nuevo modo de color monocromo. Se trata de una toma en blanco y negro que viene con diferentes filtros digitales de colores, a imitación de los analógicos amarillo, naranja, verde y rojo. También es posible aplicar un virado a sepia. Transferencia de imágenes El funcionamiento interno de la EOS 20D está lleno de novedades respecto a la 10D. Una de ellas es la posibilidad de que la cámara escriba dos archivos distintos en RAW y JPEG de cualquier tamaño y calidad para una misma toma. La 10D sólo podía proporcionar un archivo JPEG encajado dentro del RAW. En cuanto a la compatibilidad con tarjetas de memoria, la 20D sigue utilizando las CompactFlash de Tipo I y II. En cambio, sí hay sorpresas en lo que concierne a las velocidades de transferencia al ordenador. La interfaz USB 2.0, que sustituye a la USB 1.1 integrada en la EOS 10D, permite transferir las imágenes al ordenador a medida que se van tomando, a una velocidad 40 veces superior de la que lo hiciera su predecesora. Es también muy interesante la compatibilidad de la 20D con el sistema de verificación de datos DVK-E2, una aplicación de Canon que sirve para verificar que las imágenes no han sido manipuladas o tratadas digitalmente. Es ésta una prestación que cada día se hace más imprescindible en las agencias de noticias y otros organismos, como la policía o las aseguradoras, especialmente interesados en autentificar las imágenes usadas como testigos gráficos. El software incluido con la cámara, el Digital Photo Pofessional 1.1, permite que se puedan aplicar de forma inmediata paquetes de ajustes a las imágenes y cambios de parámetros en lotes, en vez de hacerlo de forma secuencial como pasaba con la 10D. El procesado de las imágenes RAW es aproximadamente seis veces más rápido.La cámara incluye también salida de vídeo para visionar imágenes en una televisión y es compatible con la norma PictBridge para facilitar la impresión directa. Reconquistando al público aficionado Como ya hemos comentado, la EOS 20D parece estar a medio camino entre las SRL profesionales y las de aficionado. Sus 8 millones de píxeles, la velocidad con la que obra, su sistema de autofoco de 9 puntos, la reducción de peso y rediseño son algunas prestaciones que pocos y pocas hubiéramos soñado llegar a ver a un precio tan relativamente asequible. La razón de todo ello es la siempre bendita competencia. Cuando Nikon lanzó la D70, el reinado de Canon en el terreno de las SLR digitales para aficionado pareció tambalearse. Ahora, con la 20D, sigue perfectamente anclado. Pero a pesar de las innegables bondades de la EOS 20D, todavía hay bastantes aspectos reprochables en ella y es muy probable que no sean limitaciones de las que Canon desconozca el remedio. Hablamos, por ejemplo, del irregular rendimiento de los balances de blancos automáticos y prefijados, de la velocidad de sincronización del flash, de la carencia de una auténtica medición puntual o de la pantalla TFT, que se empieza a quedar pequeña. Está claro que, para posicionarse, Canon ha puesto en la 20D solamente las prestaciones necesarias para continuar encabezando este segmento de mercado. Y aunque tales prestaciones no son nada despreciables, no hay que perder de vista que a veces parece que debamos deshacernos en elogios cuando en realidad somos, los aficionados, los últimos en beneficiarnos de ellas. * La prueba de la Canon EOS 20D se ha realizado con los objetivos Canon L 17-40 mm f4 USM y Canon L 70-200 mm f2,8 IS USM. TEXTO Y FOTOS: Núria Aguadé |
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